Mostrando entradas con la etiqueta Películas Clásicas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Películas Clásicas. Mostrar todas las entradas

10/11/13

El Libro de la Selva



Los hippies de la jungla
El libro de la selva es el primer largometraje de la casa Disney estrenado tras el fallecimiento del tío Walt. Se trata, claro está, de una película famosísima e imperecedera. Inspirada vagamente en la novela de Ruyard Kipling, la cinta es un musical disparatado por la que no pasan los años. En la selva de Mowgli y Baloo todos están un poco locos, pero es que además están invadidos por un espíritu hippy y por un buen rollo que en estos tiempos de tecnología supina y crisis interminable estamos perdiendo. Es más, es imposible concebir una película así hoy en día, protagonizada por un crío semidesnudo que se pasea por la selva acompañado de adultos propensos a la fiesta y al roce. Ya no son tiempos tan inocentes, pero en un mundo perfecto poblado de buenas personas no habría problemas para disfrutar de esta obra maestra, de su maravillosas canciones, su animación genial y sus divertidos personajes. Recomendada para todo el mundo, sin excepción.
Lo mejor: la música, y Baloo
Lo peor: que Disney haya dejado de producir animación en 2D



Y he aquí un video de muy buen rollo oiga...



12/10/13

Paris, Texas



Wenders y Tú
Paris, Texas es un título extraño, que suena más bien a una de esas películas bobaliconas de la casa Disney, del tipo “Tú a Boston y yo a California”. Nada que ver, afortunadamente, con esas cintas infantiles. Paris, Texas es, para no prolongar el suspense, una obra maestra, una pieza clave en el cine moderno, redonda pese a un comienzo y a un final de lo más abierto.
Win Wenders nos conduce con sabiduría por el sur de los Estados Unidos de los años ochenta, construyendo un universo casi mágico en el que los espacios abiertos y desérticos son mayoritarios. Heredero de los encuadres clásicos, a menudo algún pequeño detalle (un simple semáforo tal vez) se cuela en esos espacios infinitos. El uso de la fotografía es encomiable, casi futurista, en particular en las escenas nocturnas. Es, sin embargo, el uso del color lo más trabajado y seguramente destacable de la cinta: en la escena final predominan los verdes de la esperanza; en la persecución del coche rojo, los protagonistas llevan sendas camisas rojas, transmitiendo tensión. Son colores fuertes, nada fortuitos: el rosa de Nastassja Kinski en su primera escena, el riguroso negro de la escena de su confesión. Ese transmitir con la imagen (no con el movimiento, sino con la composición, la luz, los colores) es puro cine clásico, y en ese sentido la película de Wenders es imperdible.

París, Texas es pura sabiduría narrativa. El suspense inicial atrapa al espectador, y la identificación con el personaje nos conduce hacia unas escenas finales larguísimas, en las que el tiempo ya no importa porque ya por entonces la película nos ha succionado, como sólo una obra maestra puede hacer. Y, como buena obra maestra, el final es abierto, y los cabos sueltos, que son muchos, pueden dar lugar a todo tipo de especulaciones. La cámara de Wenders es concisa y exacta: planos sueltos que cuentan la historia a su debido tiempo y de la boca de los personajes. Como debe ser. Una película conmovedora, encantadora e imprescindible.
Lo mejor: la dirección, soberbia.
Lo peor: que la impaciencia y el envenenamiento por culpa del ruidoso cine actual puede provocar que muchos no sepan disfrutarla.



Ah, y no hemos mencionado el uso tan acertado de una música muy conocida...

3/6/13

Casablanca



Estoy preparando unos ciclos de cine en la oficina, a ver si cultivo -con ninguna esperanza claro está- a mis británicos compañeros. Hace poco hemos repasado Casablanca, clásico entre los clásicos. Pensaba yo que todo el mundo habría visto ya la película varias veces, pero resulta que no, que es al contrario, que casi todos han visto alguna escena o recuerdan a Bogart y su gabardina, pero pocos han visto la película entera. Me resulta chocante cómo muchos "cinéfilos" desdeñan por completo el cine clásico. No se pierden ni una de las entregas de patrañas tipo Scary Movie o The Fast and the Furious, pero no se molestan en dedicarle un rato a cintas tan disfrutables como esta Casablanca, El Tercer Hombre, La Dama de Shanghai o Con Faldas y a lo Loco, por citar unos pocos peliculones que me vienen a la memoria en un segundo. No sé. También puede ser que yo sea un antiguo; mejor no preguntar.
Para la ocasión he comprado el Blu-Ray 70 Aniversario: recomendadísimo, en edición de lujo, con imagen remasterizada (el film ha recibido un lifting increíble, ha quedado fenomenal) y sobre todo documentales que no hay que perderse, acerca de la película y también de Humphrey Bogart, presentado por la que fuera su pareja inseparable dentro y fuera de la pantalla Lauren Bacal. Ya no quedan parejas como esas de antes. En fin. Para rematar los extras de este Blu Ray, el corto de animación Carrotblanca de la Warner, con Bugs Bunny y toda la pandilla repasando la película en apenas ocho minutos. Imprescindible.


Pocas películas sobreviven a su leyenda, como a mí me gusta decir. No sobrevivió, por ejemplo, Star Wars, masacrada a base de anuncios de Vodafone protagonizados por Yoda, precuelas infames o series de televisión barata. También Warner lo intentó en su día con Casablanca (con varias series de televisión, por ejemplo) pero, afortunadamente, el tiempo ha hecho justicia, respetando al original y olvidando esos intentos de resurrección cutre. 
Dicen en esas listas famosas que la mejor película de la historia del cine es Vértigo, por encima de Ciudadano Kane, o El Padrino. Todas ellas grandes películas sin duda, pero, en mi humilde opinión, Casablanca las supera en su sencillez, con sus personajes mucho más humanos y creíbles, y por su construcción precisa, con tomas y escenas en las que nada sobra y nada falta. Cierto que es casi casi una película de serie B, con decorados de cartón y guión improvisado. Sin embargo, consigue aquello que les es negado a todas estas películas infográficas de ahora, detallistas, de ambientación complejísima, que se quedan por desgracia en un cascarón de ruido y luces. Casablanca tiene alma y está tan viva o más como el primer día. Y éso se dice pronto.
Lo mejor: carismática como pocas, convertida afortunadamente en mitología de nuestro tiempo.
Lo peor: que las nuevas generaciones no se molesten en dar una oportunidad a clásicos tan impresionantes como éste.



6/3/13

Parque Jurásico

 
 
El Tiranosaurio cumple años
Se cumplen los veinte años de este clásico moderno, la que fuera durante un tiempo película más taquillera de la historia (desbancando a otra gran película de Spielberg, E.T.). Parece ser que se planea un re-estreno en 3-D, lo cual se antoja bastante gratuito teniendo en cuenta que la película no se pensó para ese formato. Aunque ya veremos. Por cierto que la que es de momento la única incursión de Spielberg en las tres dimensiones, Tintín, es seguramente la película que hasta la fecha mejor ha hecho uso de esa tecnología (ni Hugo, ni Avatar… pero es solamente mi opinión claro).
 
Rodeado de un merchandising tremebundo y una inagotable promoción, Parque Jurásico recaudó el dinero suficiente para que Spielberg rodara su obra más personal (y la que es una de sus obras maestras), La Lista de Schindler, que se presentó ese mismo año. La capacidad para rodar dos películas tan distintas y con esa maestría es sencillamente apabullante; ningún otro director puede acercarse a dos géneros radicalmente opuestos de manera tan exitosa.
 
 
Gran parte del éxito de Parque Jurásico se debe a sus efectos digitales, pioneros para la época, y a una sabia dosificación de los mismos; porque en las dos horas de metraje los dinosaurios solamente aparecen unos seis minutos en total. Su realismo consigue que, vista hoy, después de todo el chaparrón de efectos especiales que nos ha caído, la película no haya envejecido en absoluto, y que sus efectos aun funcionen a la perfección.
 
Otra gran baza es la novela de Michael Crichton en la que se inspira. La novela es incluso mejor que la película, y, si os gustan ese tipo de best-sellers, es un imprescindible. Es curioso también como anticipaba el dilema ético de la investigación genética, un aspecto que también aparece en el film como telón de fondo.
 
Conviene acercarse a Parque Jurásico, como siempre, en versión original. El doblaje de la película en España coincidió con una huelga de dobladores y le hace un flaco favor a las voces originales, pero sobre todo a los efectos de sonido. También es interesante aproximarse fuera de ese estigma de blockbuster, que lo es, pero Parque Jurásico es algo más. Sin ir más lejos, Joe Johnston realizó una patética tercera parte, con mejores medios, pero sin habilidad ninguna, demostrando lo difícil que es esto del cine y la diferencia entre un buen director y uno del montón.
 
 
Alejados de esos prejuicios, el tiempo, y las películas del género que han llegado después, han colocado a esta cinta en el lugar que le corresponde. Parque Jurásico no es, ni por asomo, tan buena como Tiburón, ni pretende serlo, pero sí debería considerarse a la altura por lo menos del Aliens de James Cameron, por ejemplo, un film bastante apreciado por la crítica. Tampoco es una película fácil de rodar en absoluto, como en general el buen cine de aventuras o de ciencia ficción, generalmente minusvalorado.
 
Pero lo mejor de Parque Jurásico es su impresionante precisión. Su montaje milimétrico, sus planos diseñados con corte de cirujano. Escenas como la vibración del vaso de agua con la aparición del tiranosaurio, o la persecución de los velocirraptores en la cocina, entran por derecho propio en la historia del cine. Una película vibrante y consistente, excepcional.
 
Lo mejor: su aparente sencillez, que esconde una planificación milimétrica
Lo peor: Laura Dern, no es su estilo.
 
 
 
Y Spielberg que cada vez se parece más a mi amigo Francisco...
 

10/11/12

El Piano



Cine primario
El Piano sigue siendo una película magnífica. Es cierto que la historia de fondo no es nueva (recuerda, por ejemplo, a otra película soberbia, Memorias de África), pero se reviste de una sensibilidad superlativa y de pequeños detalles que tienen que ver con el mundo de los sentimientos, el amor y el sexo y, sobre todo, con nuestros orígenes, el hombre primitivo y su contacto con un entorno salvaje, y los primeros descubrimientos  (atisbos de un paraíso nunca imaginado). El viaje de Ada y su hija es una ruta iniciática a través de los sentimientos más primarios, de la mano de una melodía inolvidable.


De hecho, es imposible concebir la película sin la partitura que compuso Michael Nyman. El tema principal ha sido repetido y machacado hasta la extenuación, y su fama es justamente merecida. El resto no le desmerecen. Era tarea muy complicada expresar los sentimientos de una mujer a través de la música, pero Nyman lo consigue de manera brillante, en la que es sin duda su obra cumbre, muy lejos del resto de su producción. Pese a la categoría de la música, sería injusto detenerse ahí, sin acercarse a los matices y detalles del resto de la cinta.



Nada es casual aunque lo parezca en la pieza maestra de Jane Campion: el bosque abigarrado de Nueva Zelanda, las piernas hundiéndose en el barro, o el mar violento y encrespado que presagia lo peor durante el desembarco que abre la cinta. También los aborígenes tienen que ver con ese choque de culturas, demostrando cómo la civilización ahoga las pasiones y nos transforma en seres más complicados, más infelices. La fotografía nos ofrece escenas maravillosas, como ese piano en caja de madera abandonado en una playa inmensa y solitaria, o, en una de las escenas del final, esa inquietante imagen de Ada dentro del agua, atada al piano, en lo que es una liberación y una pérdida al mismo tiempo (de reminiscencias psicológicas tal vez: el superyó controlando al ego. O, ¿qué es si no la civilización, sino el superyó que controla los instintos?)


Es esa relación entre el piano y Ada mágica y enfermiza al mismo tiempo. Es maravillosa su manera de expresarse con la música, pero, a su vez, esa relación la aparta del habla y de comunicarse (la música es, otra vez, algo primario, y el lenguaje, lo evolucionado, lo establecido). La dualidad está presente en todos los aspectos de la cinta. El personaje de Harvey Keitel es canalla y egoísta pero a la vez sabe ser generoso y sincero. La oscarizada Anna Paquin no solamente se mueve entre el amor-odio a su madre, sino que además se reviste de matices sencillos, expresándose con el movimiento tanto como con sus palabras.

El Piano cuenta con una dirección de primera línea, que solamente pierde el pulso ligeramente en las escenas finales, y que deja a los actores libertad absoluta para construír un caleidoscopio de las emociones humanas con cuatro pilares: Holly Hunter, Harvey Keitel, Sam Neil y Anna Paquin. Envidia y celos, miedo, deseo, ira, amor al fin, todos pasean por los personajes con credibilidad absoluta. Por supuesto que el trabajo de Holly Hunter es increíble, en particular en esas escenas de sexo socavado, en esas caricias que ya ninguna persona de nuestros días puede dar: las de un adolescente temeroso que siente por primera vez otra piel junto a la suya, las manos, las muñecas, un centímetro apenas de muslo que se deja entrever en el roto de una media. Si bien es cierto que las mujeres parecen dominar la función, es el trabajo de Harvey Keitel, mucho más anónimo, el que merece ser revisado, al mostrar sus sentimientos de forma mucho más sosegada pero expresiva. Sus frases, breves y contundentes, y su entonación, son todo un manual de actores(por supuesto la versión original es imprescindible). Sam Neil, dentro de sus limitaciones, está sobresaliente como el pomposo y asustado terrateniente que compra a su mujer en Escocia (ningún lugar más lejos, seguramente)


El Piano se encontró con la obra maestra de Spielberg, la Lista de Schindler, en los premios óscar de ese año, pero seguro que hubiera cosechado un mayor número de galardones de no ser así. De hecho ganó en el Festival de Cannes. La película es, en sí misma, una dualidad: una cinta sencilla, con historia simple, con pocos personajes, pero que por dentro es inmensa. Viene creciendo con el tiempo: esperemos que con tanto superhéroe en 3D no caiga en el olvido. Desde Tururú por supuesto recomendamos revisarla.

Lo mejor: (casi) todo
Lo peor: nada realmente importante




Y además es visualmente apabullante. Y sin efectos especiales por ordenador. ¿Se puede pedir algo más? 


14/9/12

Tiburón




La revista Empire, toda una institución, le dedica un imperdible apartado online al lanzamiento en Blu-ray de la enésima versión coleccionista del clásico de Steven Spielberg Tiburón. Raro es que todavía no hubiera pasado por Tururú una de mis películas favoritas, así que, aprovechando que voy a pasar unos días en la playa, ilustremos el fondo negro de este blog con una ración de dientes afilados y caras de pasmo.

El especial online no tiene desperdicio, como tampoco lo tiene la cinta: dos horas de cine de aventuras mayúsculo, una de las cimas de la carrera de Spielberg y del cine moderno, aunando éxito de taquilla y calidad. El dominio del ritmo y de la narrativa es apabullante, como lo son la música de Williams o el tour de force del trío de actores protagonista. Las comparaciones (evidentes pero odiosas) con una pelicula muy similar como el Moby Dick de John Houston dejan claro el salto morrocotudo que supuso para el cine películas como este Tiburón, Star Wars, El Padrino y otras cintas de los setenta destinadas a cambiar para siempre la experiencia cinematográfica.

Si no la habéis visto ya, que lo dudo, ya estáis tardando. Nada sobra y nada falta en una pelicula casi perfecta, que cuenta en su realismo y aparente sencillez con su mejor baza. Vamos a necesitar un barco más grande, dice Brody, o, en este caso, de una pantalla más grande, capaz de contener la calidad desbordante de una obra maestra. ¿Se nota que me gusta?

Lo mejor: todo
Lo peor: el susto submarino que se lleva Hooper. Infalible pero barato.





Mi escena favorita: el monólogo de Quint. Aunque ésta de la foto también es inolvidable.

18/5/12

Moulin Rouge


Mucho ruido
Efectista y pasada de vueltas, la más celebrada película de Baz Luhrman no está resistiendo el paso del tiempo como debiera. El refrito de estilos, épocas y canciones, junto con el montaje alocado o la fotografía colorista y chillona, ha resultado ser un hijo de este siglo tan raro que vivimos, una sorpresa más bien efímera.

Puede que a los jóvenes bohemios y románticos su estridencia no les chirríe demasiado. Los demás, tal vez disfruten con una colección de temazos clásicos de los ochenta, o tal vez se rasguen las vestiduras echando de menos las versiones originales de Queen y compañía. Abstenerse amantes del cine ortodoxo y los sensibles a la vergüenza ajena.

Lo mejor: el tango de Roxanne y Jim Broadbent
Lo peor: Nicole Kidman haciendo el mono. En fin, se lo perdonaremos.




Un auténtico disparate visual, por si no os había quedado claro.

28/2/12

De mudanza


Esta Casa es una Ruina
Me mudo a un piso que tiene más años que el almirante Nelson. Esto de las mudanzas da muchísimo trabajo; esperemos que todo vaya un poquito mejor que en el clásico de los ochenta de Tom Hanks.




1/10/11

Lupin III: El Castillo de Cagliostro



En plena forma
Muchos años antes de ganar el óscar con El Viaje de Chihiro, Hayao Miyazaki ya hacía grandes películas -y series de televisión-. La serie de Lupin no tuvo gran repercusión en España, aunque sí lo hizo otra serie que llevaba su sello y que me trae muy buenos recuerdos, de un estilo bastante parecido: Sherlock Holmes (por no hablar de Heidi o Marco –que eran también buenas series con Miyazaki detrás, pero no de aventuras-). Después de Porco Rosso, Miyazaki se pierde en mundos aún más mágicos y el mensaje ecologista comienza a tomar peso, con películas de contenido bienintencionado en las que la infancia es protagonista. Pero, antes de todo eso (que, todo sea dicho, a mí me parece excelente) Miyazaki había entregado esta cinta, con un estilo fresco, muy divertida, y eso que fue realizada en el 79.

Dice el rumor que, según Spielberg, la persecución en coche, montaña abajo, es la  mejor de la historia (falsa modestia, porque sin duda la mejor es la persecución del camión de “En Busca del Arca Perdida”). El Castillo de Cagliostro es poco más que un capítulo estirado de la serie de televisión original, con pocas pretensiones, y sin efectismos ni un presupuesto disparatado. Y eso es precisamente lo que la hace grande y muy entretenida. Los diálogos son muy rígidos pero correctos, casi de cine clásico, y la animación alterna con estilo el típico plano fijo (con ese personaje que sólo mueve los labios) con otras escenas de mucho movimiento, en las que las líneas se vuelven sinuosas, casi surrealistas, y las reglas espaciales no existen. Así las cosas, resulta casi imposible sustraerse su encanto. No es una obra maestra, pero tampoco lo es Porco Rosso y, a cambio, ésta de Lupin resulta más entretenida. Miyazaki forever.

Lo mejor: La mencionada persecución en coche, y el irresistible carisma de la tripleta de ladrones.
Lo peor: que las nuevas generaciones, acostumbradas a los planos abarrotados de detalles, la encontrarán simplona.



Hay un par de homenajes al cine clásico que a mí personalmente me han encantado...

29/6/11

Taxi Driver

Mi problema con Scorsese
Nadie discute que Scorsese es uno de los directores americanos, ya clásicos todos ellos, que renovaron el cine allá por los años setenta (recordemos el famoso cuarteto completado con Spielberg, Coppola y Lucas, aunque un servidor excluiría a este último, añadiendo a Brian de Palma). Estos cuatro directores se aproximan a la violencia en el estilo de Sam Peckinpah, aunque lógicamente de maneras distintas: Coppola y Scorsese de forma más ambigua, De Palma y Spielberg de forma más heroica (o menos ambiciosa en general, con excepciones), pero todos ellos se sitúan a medio camino entre la glorificación y la crítica, entre el heroísmo y el terror puro. Tema interesantísimo, afirmo, para desarrollar en mi tesis (quizá algún día, cuando me decida a estudiar cine, hacerme vegetariano y vivir en Australia).

Taxi driver se edita ahora en Blu Ray en versión restaurada y limpita, pero sin añadidos ni montajes del director ni demás gaitas. Considerada una obra maestra, la película retrata el Nueva York de los setenta y en particular la noche y sus fantasmas. Manhattan hoy en día es otra cosa, pero por entonces, esa ciudad llena de basura –como dice el personaje de De Niro- tenía tanta fuerza que se convierte en un personaje más. Por la película circulan también Cybill Sheperd y una inolvidable Jodie Foster, aparte de un pequeño papel para el siempre reconocible Harvey Keitel. Buenos mimbres.

Pero, aún así, no me gusta Taxi Driver. No le negaré que sea una película formalmente correcta, pero el guión de Schrader me parece muy sobrevalorado. No comprendo a este Taxi Driver, no entiendo su giro hacia el suicidio: me parece precipitado y un tanto absurdo. No es verdad que la película no se posicione respecto a la violencia y a los hechos: se demuestra una simpatía constante por De Niro -sobre todo al final, por si no quedaba claro-, se glorifican las paredes cubiertas de sangre. No es verdad que Taxi Driver sea una película sobre el terror y la locura de su personaje psicótico: es una película sobre un héroe en un mundo de locos.

Es ese bamboleo entre el horror y el heroísmo el que, en mi opinión, Scorsese no controla (o no controla a mi gusto, será mejor decir). No me gustan Infiltrados, Uno de los Nuestros, Casino. Solamente en Gangs of New York, entendida como momento histórico, las batallas sangrientas y su glorificación tienen algo de sentido. Es el acercamiento de Coppola en El Padrino el que, a todas luces, resulta vencedor, y me quedo con ganas de comentar los Cohen y su Fargo o Muerte entre las Flores, o la postura tan exitosa de Eastwood en Sin Perdón y su personaje 50% corazón, 50% asesino, con su final brillante -con muchas similitudes con Taxi Driver, por cierto-. Scorsese no se ha acercado nunca a las cotas de todos ellos, o de Apocalypse Now o Salvar al Soldado Ryan, por citar algunos ejemplos más. Y la lista seguiría. Por eso siempre se quedará, en mi opinión, a las puertas del grupo de los más grandes.

Remato diciendo que la ambigüedad es imposible en la mirada del artista, por eso tal vez, el gusto por la tortura y el disparo a bocajarro de Mr. Scorsese nos revelaría a un artesano de la dirección traumatizado por un hecho violento, pero cuyas paranoias mentales resultan ser mucho menos estimulantes que las de, por ejemplo, David Lynch o, en otro orden de cosas, los cuadros de Francis Bacon o Salvador Dalí. No recomiendo a nadie que pierda el tiempo viendo Taxi Driver, aunque suene a blasfemia, aunque sea una película famosísima.

Lo mejor: esa primera cita que comienza y termina en un cine X. A eso le llamo yo ir al grano. En todo caso, gran escena.
Lo peor: el salto, para mí no bien expresado, de reprimido-mojigato a asesino-héroe, que parte la película en dos mitades bien distintas. Y la violencia del final, claro.



Anda que...

4/5/11

Semana de Ben-Hur (y V)

La película
Judá Ben-Hur es un príncipe judío caído en desgracia en tiempos de la ocupación romana, por culpa de la mala fortuna en forma de teja juguetona y un algo más que amigo rencoroso. Condenado a morir en galeras, por el camino de su venganza y en la búsqueda de su madre y hermana, Ben-Hur conocerá a Jesucristo, a un cónsul romano y a un jeque árabe, para finalmente vencer a su enemigo en una carrera de cuadrigas y asistir a la crucifixión del Mesias y el posterior milagro.


Así de simple es la historia por todos conocida, pero hay mucho más. Está la maestría de William Wyler, una auténtica lección de cine con mayúsculas. Algunas escenas parecen estampas extraídas de los cuadros del Renacimiento (no es casual que el The End se sobreimpresione sobre una imagen de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel), y casi todas tienen una composición y una profundidad fantásticas, como pocas películas pueden presumir de tener. Wyler arranca de Charlton Heston, un actor de presencia, muy limitado, la mejor interpretación de su carrera, y deja campar a sus anchas a un Stephen Boyd magnífico, en un personaje cruel y al mismo tiempo ambiguo.


La carrera de cuadrigas es un punto y aparte en la historia del cine, un prodigio de montaje, ritmo y certeza narrativa. Ha sido imitada mil veces con coches o incluso vainas espaciales, pero por supuesto nunca igualada. El que piense que la escena más importante de la película se dejó en manos de la segunda unidad, por supuesto no habla en serio, o toma a uno de los mejores directores de la historia por un idiota: una cosa es que algunas tomas de las cuadrigas cabalgando, que seguramente fueron cientos por la dificultad que entrañan, se rodaran sin que Wyler estuviera delante, y otra que la planificación previa y posterior, como es obvio, no correspondan a este inmenso genio. Qué lástima que las superproducciones ya no estén de moda, y que sea más rentable hacer películas en 3D en algún lugar perdido de Asia en turnos de 16 horas al día.


Podríamos seguir hablando bondades durante horas. No existe la película perfecta, ni siquiera lo es Ben-Hur, con sus once óscars (que fueron record hasta que la estúpida película del Titanic los igualó con la ridiculez por bandera), pero se queda cerca. Es fácil dejarse arrastrar por la odisea del protagonista, objeto de injusticia desde el principio, y quedar embargado por la emoción que transmiten la música y sus personajes. A pesar de ser larguísima, es tremendamente entretenida, como lo es Lo que el Viento se Llevó y otras grandes. Es obligatorio ver la versión original, porque desgraciadamente el doblaje en castellano es bastante mediocre, y, si bien en los personajes principales es digno, en los secundarios no está a la altura.


Hay muchas escenas que me gustan de Ben-Hur: la ya mencionada muerte de Mesala o cuando Judá intenta dar de beber a Jesús o el crescendo de los remeros, pero también la horizontalidad de la cueva de los leprosos, la moneda que deshecha el viejo ciego, las lanzas en la puerta, la lluvia sobre el Cristo crucificado siempre de espaldas. Me gusta que es una película religiosa en la que no todo es religión, en la que los judíos y los árabes son amigos, en la que hasta los decorados de cartón piedra desprenden encanto, en la que la sangre y las lágrimas se muestran sólo cuando se tienen que mostrar. No darle a Ben-Hur otra oportunidad sería un grave error: es una película infinita, y además, del cine bueno no puede uno cansarse. Así que, dicho ésto, y después de esta "Semana de Ben-Hur", ¿se nota ya que me gusta mucho?

Lo mejor: que existan películas como Ben-Hur.
Lo peor: no tener salud para disfrutarlas.



Qué bárbaro.

2/5/11

Semana de Ben-Hur (IV)

La parodia: La Vida de Brian
No es por casualidad que la mejor película de los Monty Python (y una de las mejores comedias de la historia del cine) arranca, como en Ben-Hur, con la visita de los Magos al portal de Belén, pasea por el sermón de las bienaventuranzas y termina con una crucifixión (aunque en un tono bastante más festivo, con la inolvidable cancioncilla del "always look on the bright side of life"). Incluso el cartel es una imitación del clásico. Al igual que en Ben-Hur, y más allá, Brian vive una vida paralela a la de Jesucristo, hasta convertirse en un mesías involuntario y descacharrante. La parodia al cine histórico-religioso, y, de paso, al peplum (incluído el graciosísimo "momento Espartaco"), está servida.
.
No soy un enamorado del humor de trazo grueso de los Monty Python. El Sentido de la Vida es inolvidable por grotesca y de mal gusto, y su visión del Rey Arturo, es, además, bastante cutre. Pero hay que reconocer que La Vida de Brian es divertidísima. Milagrosamente, el doblaje al castellano funciona bastante bien, y el grupo inglés cae bastante simpático. Una película irrepetible e imprescindible si es que no la habéis visto ya.
.
Lo mejor: la persecución del pobre Brian, calabaza o zapatilla en ristre.
Lo peor: que no soportes a los Monty Python.
.

Karaoke on the cross...

29/11/10

Tú Freud, yo Jane

Marnie, la ladrona
Vamos a descansar un poco de Disney y Menken revisitando una de mis películas favoritas del orondo maestro británico. Si alguien tenía duda sobre la importancia del psicoanálisis en el cine de Hitchcock, con esta cinta quedarán resueltas: traumas, obsesiones, trastornos de conducta inexplicables y, sobre todo, la figura de los progenitores y de la madre especialmente. En realidad, Marnie no es otra cosa que una vuelta de tuerca de Psicosis, una especie de remake en una clave -sólo aparentemente- más sencilla. Norman Bates es perturbador y enfermizo, pero Tippi Hedren le va a la zaga tan sólo unos pasitos. El título en español no deja duda de la "profesión" de la susodicha (se ve que el original, Marnie, a secas, queda un poco soso), aunque, como ella misma dice en su discurso final, es ladrona y mentirosa, pero al menos es decente.
.
Tal vez el personaje de Sean Connery se quede a medias (porque no termina de definirse en la película para que nos centremos en Marnie). Tal vez Tippi Hedren no sea la actriz más expresiva de entre las rubias que trabajaron con Hitchcock (aunque sí fue, seguramente, la que más sufrió -recordemos Los Pájaros-). Es verdad que la película es a veces demasiado obvia y otras veces el tempo se estira demasiado para el espectador moderno, como sucede en Vértigo, o en la etapa inglesa  de Hitchcock en general. Lo cierto es que, con la paciencia necesaria, el film entrega buenas interpretaciones, una historia y una dirección de óscar, un final de intensidad apoteósica y, por si fuera poco, un viaje al subconsciente serio y apasionante.  Qué más se puede pedir.

Lo mejor: la última media hora y el montaje alrededor del flash-back. Soberbio.
Lo peor: decorados de cartón piedra en exteriores y algunas escenas tirando a cursis, que vistos hoy en día quedan algo ridículos.


Es que en Baltimore, cuando llueve, llueve. Lo digo por la camisa, claro.

10/10/10

Semana de John Wayne (I)

Río Bravo
Howard Hawks fue seguramente el director con el que John Wayne colaboró más repetidamente, exceptuando como no a John Ford. Hawks repetiría la misma historia en El Dorado (auténtico remake) y Río Lobo (ya no tan parecida): Wayne es el héroe de presencia intachable, el que fue siempre salvo en contadas ocasiones (aún en Centauros del Desierto, su personaje sigue siendo heróico, más próximo a los héroes griegos, vengativos y canallas, que al mítico vaquero de La Diligencia). Dean Martin es un borracho redimido y Walter Brennan el vejete simpático. Wayne, sheriff íntegro, valiente y encantador, cumplirá con su deber pese a quien pese. A diferencia de Gary Cooper en Sólo Ante el Peligro, todo el pueblo le ofrece ayuda. Pero claro, él no la necesita.
.
Echo de menos en Río Bravo a Robert Mitchum y James Caan, quienes en El Dorado otorgan otra dimensión a los personajes (Dean Martin se me queda corto para hacer westerns, pero es una opinión seguramente muy personal). Por lo demás, la cinta, representante del cine de aventuras de la época, respira el aroma inconfundible del cine clásico e inmortal. Actores de carisma y escenas trazadas al milímetro, como quien no quiere la cosa, con la sencillez que sólo los grandes maestros son capaces de imprimir en sus obras. John Wayne llena la pantalla en cada escena (tal vez incluso el Cinemascope se le queda pequeño), y su personaje, lejos del otro vaquero por antonomasia (Eastwood, claro), aporta la postura chulesca y la sonrisa burlona y llena de carisma que le convierten en uno de los actores imprescindibles de la historia del cine. Hay quien piensa que John Wayne no era un buen actor. Por favor, si transmitía más con una mirada que Mel Gibson y Russel Crowe juntos...
.




Por cierto, esta primera escena de Rio Bravo es absolutamente antológica...

30/9/10

Yo soy Espartaco

Homenaje a Tony Curtis
Para mí Tony Curtis siempre será Antonino en esta escena memorable, única, de una de las grandes películas de la historia del cine. D.E.P.

28/9/10

El Cine

Con la Muerte en los Talones en The Scoop
El Ayuntamiento de Londres (mi amada y odiada ciudad de acogida) programa un ciclo de películas al aire libre, en el auditorio situado junto a su edificio principal, en el South Bank. North by Northwest, la archiconocida película de Hitchcock, es un disparate auténtico, un desparrame de buenos momentos, de escenas memorables, de personajes cautivadores, de buen hacer. La música de Herrmann acompañando esas líneas de los títulos iniciales, que funden en el muro cortina de un edificio (sublime), la persecución de la avioneta o el final en el monte Roosevelt no necesitan presentación ni comentario. Quizá la segunda parte se hace un poco larga, en la medida en que Cary Grant se transforma en el agente secreto que nunca sospechó ser, o Eve Marie Saint (rubia, cómo no, y espléndida) abandona su rol de Mata-Hari tremebunda y abraza el estereotipo de mujer enamorada con traje de chaqueta. Quizá sea por eso, o tal vez sea por los asientos de piedra y la lluvia.


Quizá sea por eso. El lugar. Las películas son tan sólo plástico, capturas de un objetivo que nos son devueltas, proyectadas muy deprisa, gracias a un cañón de luz y una pantalla blanca. O gracias a la combinación de unos y ceros inscrita en un DVD. Las películas son sólo éso, pero el cine tal vez sea otra cosa; sea tal vez, además, o principalmente, la sensación que un visionado nos produce. El momento, el lugar. El cine nos permite grabar a fuego en la memoria esos momentos, esas salas. Una película que vimos en la adolescencia con los amigos.  El cine de la playa con las sillas plegables de madera lacada, tan viejas. La primera vez que fuimos al cine con esa novia con la que nos casamos, o que nos perdimos media película porque nuestra atención estaba en otra parte, más sinuosa, más cálida, y la música y los diálogos eran sólo telón de fondo de los besos. Tal vez es una sala vacía y enorme sólo para nosotros, o una visita al cine con la familia, o ese primer mazazo del cine de verdad, cuando tiene uno la impresión de haber visto una película redonda y las luces se encienden dejándote lleno de imágenes, de sueños.

Hace unos días he visto Con la Muerte en los Talones en The Scoop. Sobre el Tower Bridge, al fondo, la luna llena se escapa de las nubes. Con la primera brisa tan fría se calan los sombreros y las parejas se aprietan; sólo después de mucha lluvia los paraguas se abren ante la cinta imperturbable. Se queda en la memoria una buena película, una noche cualquiera, en una compañía inmejorable. Hitchcock, un paraguas. Quién fue el idiota que dijo que la vida es aburrida.

1/9/10

Terminators intravenosos

El Chip Prodigioso
Joe Dante estrena The Hole, que se va a traducir en España, si no me equivoco, como Miedos 3D. Bravo por el artista al que se le ocurrió el título, qué fiera, qué monstruo. Leía yo una entrevista en El País con este director de los ochenta, que, seguramente por hacer películas de violencia limitada, originales y entretenidas, se ha visto relegado a filmar para la tv (o tal vez se peleó con Spielberg, su padrino y productor. Quién sabe). Tiene mucha razón Dante cuando dice que a los grandes estudios les resulta más fácil hacer una secuela que buscar un buen guión, nuevo y, a ser posible, original. Tal vez es esta actitud clarividente la causante de su ausencia en las salas durante tanto tiempo. Solamente por Gremlins ya debe ser considerado director de culto; hace poco hacíamos un repaso a los ochenta en Tururú (que me ha dejado muy buen sabor de boca, la verdad…) y el bueno de Gizmo y compañía ocupaban como no un lugar de honor. En este repaso ya hablábamos de ese estilo de hacer cine ochentero, hoy un tanto olvidado pese a tanto remake. En fin, que podéis leer la entrevista aquí:

http://www.elpais.com/articulo/cultura/cine/remakes/secuelas/pura/holgazaneria/elpten/20100829elpepucul_1/Tes


Por estas casualidades de la vida, enciendo la tele y dan El Chip Prodigioso. Está directamente inspirada en la imprescindible Viaje Alucinante, una película de los sesenta que vi de niño y que recuerdo vivamente. Sin embargo no podría decirse que es un remake, sino más bien una reinterpretación de la idea original (bonito discurso Joe, pero te hemos pillado). La película consiguió el oscar a los mejores efectos especiales, y curiosamente ésa es la parte que peor ha envejecido. El laboratorio construído alrededor del chip es de juguete, y las naves, en especial la del malo, son tan cutres que no pueden ser sino a propósito, buscando un aire de serie B cincuentona. El resto es una cinta ingenua, que se ve con facilidad, que entretiene, en la que la tripleta de actores despliega encanto enfrentados a malosos de pacotilla. Menos mal que siempre nos quedará este cine. Ahora van a re-estrenar Regreso al Futuro. Pues a mí me parece una buena idea oiga.


Se me ha colado el impresionante cartelón de Back to the Future… ¿a quién se le ocurriría lo de la estela de fuego que dejan los neumáticos? Buenísimo!

27/8/10

El universo del genio

Fellini: El Circo de las Ilusiones
Este verano he tenido la oportunidad de visitar la exposición sobre Federico Fellini que ofrece el Caixa Forum de Madrid. Un edificio muy interesante, por cierto: a mí me gusta en especial la escalera interior (no la de acceso, demasiado incómoda y resbaladiza) que juega a forzar la perspectiva, los ascensores de madera y por supuesto la fachada en voladizo (mejor por la noche) y el muro verde en la medianera (que por cierto estaba un pelín seco). Caixa Forum es una pequeña joyita en el panorama del aburrimiento arquitectónico madrileño, con sus VPOs de colores chillones (de modernismo mal entendido, policarbonatos en la fachada, triplex imposibles y huecos absurdos aterrazados) y su Madrid-Río nunca finalizado.


Volviendo a Fellini, la exposición es de visita obligada no sólo para cinéfilos, sino para cualquier mente con un poquito de curiosidad. Aunque para mi gusto se centra demasiado en La Dolce Vita y no explora a fondo otras de sus películas, lo cierto es que este repaso fotográfico, acompañado de dibujos del director, prensa de la época y extractos de sus filmes, me ha parecido muy inspirador y muy entretenido. Que me ha gustado mucho vaya. Para rematar, se ofrecen extractos de El Libro de los Sueños, su maratoniana colección de dibujos y descripciones de lo que soñaba cada noche. Si alguien quiere saber lo que hierve en la mente de un genio, aquí tiene una muestra maravillosa y exhaustiva. No os lo perdáis.



Por cierto que se cumplen cincuenta años del estreno de La Dolce Vita, una película que ya comentábamos (como siempre a la ligera) hace unos meses aquí
Es curioso de que manera las aventuras de Marcello a través de la decadente alta sociedad romana son, tal vez, más actuales ahora que en su estreno, y cómo todo ese escándalo y la provocación que supusieron en su día están ya ampliamente superados por la realidad de los Berlusconi y de las mamachicho. Es una cinta extraña, poblada de imágenes que pasan desapercibidas pero llenas de simbolismo. Me pregunto qué pasaría si esa gente que, escandalizada por el estreno en Milán de la película, atacaba indignada al director, se asomara a esta década llena de prensa rosa, gore y pornografía de todos los estilos. Nadie habla de decadencia en esta sociedad en la que todo vale. Aquí entraríamos ya en la distinción entre libertad y libertinaje, discusión que tiene mucho de felliniana y a la que yo aporto modestamente que, sea lo que sea, hágase con buen gusto; porque si hay algo que estamos perdiendo a paso de gigante es la elegancia que películas como La Dolce Vita supuran casi sin quererlo, como si la elegancia fuera tan sencilla como el respirar.
 
En concreto, la escena de apertura con el helicóptero y la estatua de Cristo me parece magnífica…
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...