Se cumple el 50 aniversario del estreno de la película de John Sturges, uno de los westerns más famosos de la historia (y ya es mérito, en un género que cuenta con cientos y cientos de películas y con un buen montón de obras maestras). A la cabeza del reparto tenemos al actor calvo más ilustre que se recuerda, Mr. Yul Brynner, seguido por, nada menos, Steve McQueen, James Coburn, Charles Bronson, Robert Vaughn y dos más, el Chico y el cobarde, cuyos nombres consulto en la Wikipedia, pero no me dicen nada. La historia por todos es sabida: Eli Wallach es un malo muy malo, de camisa de seda y diente de oro, mejicano para más señas, que les hace la vida imposible a unos pobres granjeros. Como en Los Siete Samurais de Kurosawa (una película de 200 minutos bien aprovechados) los héroes deciden pelear por orgullo y por justicia (por eso son héroes, claro). Un empacho de testosterona, posturas del tipo John Wayne y tiros, muchos tiros, sobre todo al final. Qué pocos actores (o ninguno) en la actualidad se mueven como ese puñado de vaqueros. Por cierto que Brynner y McQueen no se podían ni ver, y todos pensaban que su papel era demasiado pequeño y tendían a sobreactuar (así que lidiar con ese puñado de machos no debió ser nada fácil para John Sturges, que, después del rodaje, decidió dedicarse a la pastelería. Creo)
Me gusta esta película porque es ingenua y blandita, al contrario que el puñado de tipos duros que la protagonizan. Fue un exitazo (y qué decir de la música de Berstein, apoteósica) y dio lugar a tres o cuatro secuelas con el mismo argumento (siete es un número mágico, ya lo decían los filósofos griegos) e incluso a una serie de televisión (con el bueno de Ron Perlman) en la que Robert Vaughn repetía el papel que ya hiciera en El Equipo A, reuniendo a unos mercenarios que deshacen entuertos como Quijotes del Oeste. Todas ellas infumables, claro. La otra secuela, o más bien vuelta de tuerca, que sí merece realmente la pena, es el Grupo Salvaje de Peckinpah. Gran película, también de los sesenta, que demuestra que el cine no entiende de épocas, sino de buenos o malos directores. La visión desesperanzada del Oeste del cine de Sam Peckinpah, y su violencia y su lenguaje, es tan moderna (o más) como la de Tarantino y otros directores de segunda aupados a lugares que no les corresponden. Bueno, que me despisto. Los Siete Magníficos cumple años. Pues enhorabuena.
Me gusta esta película porque es ingenua y blandita, al contrario que el puñado de tipos duros que la protagonizan. Fue un exitazo (y qué decir de la música de Berstein, apoteósica) y dio lugar a tres o cuatro secuelas con el mismo argumento (siete es un número mágico, ya lo decían los filósofos griegos) e incluso a una serie de televisión (con el bueno de Ron Perlman) en la que Robert Vaughn repetía el papel que ya hiciera en El Equipo A, reuniendo a unos mercenarios que deshacen entuertos como Quijotes del Oeste. Todas ellas infumables, claro. La otra secuela, o más bien vuelta de tuerca, que sí merece realmente la pena, es el Grupo Salvaje de Peckinpah. Gran película, también de los sesenta, que demuestra que el cine no entiende de épocas, sino de buenos o malos directores. La visión desesperanzada del Oeste del cine de Sam Peckinpah, y su violencia y su lenguaje, es tan moderna (o más) como la de Tarantino y otros directores de segunda aupados a lugares que no les corresponden. Bueno, que me despisto. Los Siete Magníficos cumple años. Pues enhorabuena.
Chulería nos sobra, pero luego nos dejamos matar de la manera más tonta...

