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5/6/12

Semana de Alien (IV)





Alien Resurrection
Alien Resurrection es una película que nunca debió existir. Alien 3 había cerrado la franquicia, con más pena que gloria, pero cerrada y bien cerrada. Y Ripley estaba bien muerta, o eso creíamos. Pero las malvadas corporaciones, como es una constante en la saga, quieren un ejemplar del monstruo como sea, incluso clonando a la Teniente, quien, en el colmo del despropósito, tendrá un alienígena humanoide (por tendrá queremos decir parir), además de súper-poderes. Mal le estaban yendo las cosas a la Weaver para embarcarse (y producir) semejante cosa. Por cierto que Total Film también reivindicaba hace meses esta película y, en concreto, la escena en la que Ripley destruye a sus clones. Pero en Tururú tampoco estamos de acuerdo con ellos esta vez.

Esta cuarta entrega es muy mala, pero es que, además, se entrega al gore de manera descarada, con escenas bastante asquerosillas. Si tan mala es la película que la carrera de Jean-Pierre Jeunet , con filmes tan celebrados como Delicatessen o La Ciudad de los Niños Perdidos, se estrelló sin remedio. Tal vez lo único salvable sea el tándem de sus actores habituales, Ron Perlman y Dominique Pinon. Por lo demás, Winona Ryder aparece por allí (para terminar de hundir su currículum) y todos juntos se abandonan al ruido y, sobre todo, a un feísmo atroz. Sólo para incondicionales del género, que no de la saga y menos aún del personaje de Ripley, traicionado para exprimir la taquilla. Bastante lamentable.

Lo mejor: la escena de la persecución en las escaleras.
Lo peor: todo lo demás.





Anda que no me ha costado encontrar una foto de la peli que no sea demasiado asquerosilla...

3/6/12

Semana de Alien (III)




Alien 3
La tercera entrega de la saga viene de la mano de David Fincher, un -por entonces- director primerizo que ha demostrado buen hacer en los años posteriores. Para muchos, entre los que me cuento, la película no está a la altura de sus predecesoras. Otros, sin embargo, la reivindican como una obra maestra que no fue apreciada en su día. Sin ir más lejos, la Total Film de este mes (una revista que, aquí en Londres, ha sustituido a mi bien amado Fotogramas, y de la que ya hablaremos algún día). Entre sus supuestas virtudes estarían el ambiente opresivo y sus múltiples lecturas religioso-metafísicas. O algo así. Yo no estoy de acuerdo.

Alien 3 es sobre el papel una buena idea. El argumento, aunque algo estirado, aún puede funcionar, incluída la sorpresa de la muerte de Ripley, con una Sigourney Weaver de pelo rapado pero de pelo en pecho. La prisión y sus psicóticos habitantes es el complemento perfecto, con sus pasillos abandonados, para que el monstruito de sangre ácida y cabeza de melón se mueva a sus anchas y nos provoque un par de sustos. Sin embargo, Fincher se rodea de un estilo feísta, que, si bien no es nuevo en la saga, sí supone un viraje hacia el gore que culminará en la repulsiva cuarta parte. La historia se estira inexplicablemente, con una sensación de deja-vu. Los reclusos, en un principio veinticinco, parecen multiplicarse para que el festín del bicho sea aún más copioso, y las sucesivas cacerías del Alien no mantienen el interés. El tufillo sectario no termina de tener la suficiente fuerza, y las conexiones con la película anterior, aunque bienvenidas, lastran el conjunto.  Es cierto que hay algunas sorpresas y algunos buenos momentos, pero, en general, la cinta no están bien engranada.

Lo mejor: el –cada vez más andrógino- personaje de Ripley.
Lo peor: falta chispa.






Buena escena, pero tal vez los alrededores podrían mejorarse...

31/5/12

Semana de Alien (II)



Aliens
El enfoque del megalómano James Cameron es completamente distinto del de Ridley Scott. Aliens (en España venía con la coletilla de “el Regreso”) es una película de aventuras con monstruos, y, aunque los momentos de tensión son numerosos, el suspense queda a un lado para ofrecer a una Ripley más peleona que nunca. Los marines, a cual más chuleta, están en la línea de los llamados “héroes de acción” de los ochenta, esos que Stallone ha reunido, como si de un asilo de la tercera edad atiborrado de esteoides se tratara, en la infumable Expendables y su secuela, que, aunque está por ver, nos tememos bastante morrocotuda. Bien que disfrutamos los de mi generación con esas ensaladas de tiros hiperfascistas. Cierto es que conservan su encanto, pero el trasfondo, si uno lo piensa, no puede ser más reprochable.
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Es curioso como Cameron ha copiado buena parte de su Aliens en Avatar, en particular en esa pelea (de roles invertidos) entre máquina y animal que conforma el clímax final de ambas películas. Tal vez la aparición de Sigourney Weaver en Avatar sea, entonces, más que un homenaje. En todo caso, el pulso del director estaba más fino hace veinticinco años: la película es trepidante, cine de acción en estado puro. Casi, casi tan buena como el original.

Lo mejor: Lance Henriksen en su papel de simbionte hecho pedazos

Lo peor: el tufillo macarra que destila

 

No es Fama, es Ripley & The Marines, el grupo de moda. No puede ser más ochentera la foto...



29/5/12

Semana de Alien (I)




Ya casi está aquí Prometeo. Muy esperado este regreso de Ridley Scott a la ciencia ficción y al universo Alien. Tan esperado es, que sin duda decepcionará a casi todos, y más aún cuando la promoción de la película lleva ya un mes de bombardeo intenso y muchos más meses calentando motores. En Tururú hemos decidido hacerle un hueco al entrañable monstruo galáctico de saliva ponzoñosa y aviesas intenciones, haciendo un repaso a sus terroríficas aventuras y desventuras, siempre de la mano de la simpar morenaza de rizos ariscos Teniente Ripley.

Como lo primero es lo primero, comenzamos con la primera parte de la saga, que ya comentamos en este blog en su día. Aquí la transcribo, demostrando que cualquier tiempo pasado fue mejor, incluidas las habilidades de quien esto firma. También le he pedido al Maestro Tururú una ayudita con las calificaciones. Veremos qué opina.

Alien, el Octavo Pasajero

Mala baba espacial
Hace poco revisaba el montaje del director de este auténtico clásico de Don Ridley, aunque no he notado grandes diferencias con el original. Si acaso, que la caja del DVD era más bonita, mínima metáfora de estos tiempos que corren, con fachadas cada vez más lujosas y menos contenido.

El octavo pasajero de la Nostromo es un tipo de lo más peculiar. Nace de un huevo gigante maloliente con la forma de un cangrejo blancucho, y, después de anidar en la cara del pobre John Hurt (que ha de ser siempre recordado por esa película después de haber rodado otras 60), se muda al esternón y, en el tiempo récord de dos días, se tranforma en un bichejo de aspecto metálico y dientes de sierra (buenísima la parodia en La Loca Historia de las Galaxias de Mel Brooks). No contento con eso, el pequeño esperpento, una especie de David el gnomo cabreado y espídico, se oculta entre los recovecos del transporte estelar, y en un rato se convierte en un monstruo baboso de tres metros, lengua asesina, cola punzante y ácido en vez de sangre, sin que para tanta mala leche haya explicación ninguna (porque ni se come a la gente, como en Tiburón, ni hay de por medio una venganza como en El Cabo del Miedo o similar). Suponemos pues que se trata de un alienígena cabezón y psicópata, al que Sigourney Weaver y demás pandilla le han caído gordos. En las secuelas (que son apreciables, sobre todo la de James Cameron) se nos explica algo más de tan peculiar raza, como si del águila culebrera de Despeñaperros se tratara. En todo caso, el monstruo es lo de menos: lo que importa es la tensión y eltravelling a través de los pasillos.

La película es vibrante y, aunque avanza un poco a saltos como Blade Runner, está a años luz de otras castañas del género que han venido perpetrándose en los últimos años. Mención especial para la criatura de H.R.Giger, ese gigantón de lengua de titanio con ojitos, de inspiración recargada y gótica, que se queda corto si lo comparamos con las pesadillas que este hombre debe llevar en la cabeza. Éso sí, a mí la que me gusta es la escena final; intuyo que ocurre algo alrededor de la ropa interior minúscula de la Weaver, pero, ¿el qué? No sabía yo que no se puede hibernar en pijama. Cuánto desconocemos del espacio.

Lo mejor: John Hurt teniendo una indigestión de huevos alienígenas. Qué susto
Lo peor: un clásico. Poco que decir.



Pues sí, parece que ya me encuentro mejor...


23/9/09

Mala baba espacial

Alien
Hace poco veía el montaje del director de este auténtico clásico de Don Ridley, aunque no he notado grandes diferencias con el original. Si acaso, que la caja del DVD era más bonita, mínima metáfora de estos tiempos que corren, con fachadas cada vez más lujosas y menos contenido. El octavo pasajero de la Nostromo es un tipo de lo más peculiar. Nace de un huevo gigante maloliente con la forma de un cangrejo blancucho, y, después de anidar en la cara del pobre John Hurt (que ha de ser siempre recordado por esa película después de haber rodado otras 60), se muda al esternón y, en el tiempo récord de dos días, se tranforma en un bichejo de aspecto metálico y dientes de sierra (buenísima la parodia en La Loca Historia de las Galaxias de Mel Brooks). No contento con eso, el pequeño esperpento, una especie de David el gnomo cabreado y espídico, se oculta entre los recovecos del transporte estelar, y en un rato se convierte en un monstruo baboso de tres metros, lengua asesina, cola punzante y ácido en vez de sangre, sin que para tanta mala leche haya explicación ninguna (porque ni se come a la gente, como en Tiburón, ni hay de por medio una venganza como en El Cabo del Miedo o similar). Suponemos pues que se trata de un alienígena cabezón y psicópata, al que Sigourney Weaver y demás pandilla le han caído gordos. En las secuelas (que son apreciables, sobre todo la de James Cameron) se nos explica algo más de tan peculiar raza, como si del águila culebrera de Despeñaperros se tratara. En todo caso, el monstruo es lo de menos, lo que importa es la tensión y el travelling a través de los pasillos. La película es vibrante y, aunque avanza un poco a saltos como Blade Runner, está a años luz de otras castañas del género que han venido perpetrándose en los últimos años. Mención especial para la criatura de H.R.Giger, ese gigantón de lengua de titanio con ojitos, de inspiración recargada y gótica, que se queda corto si lo comparamos con las pesadillas que este hombre debe llevar en la cabeza. Éso sí, a mí la que me gusta es la escena final; intuyo que ocurre algo alrededor de la ropa interior minúscula de la Weaver, pero, ¿el qué? No sabía yo que no se puede hibernar en pijama. Cuánto desconocemos del espacio.
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