Batman cansino
Los seguidores de este oscuro y ya clásico personaje (entre los que me cuento) no podemos por más que felicitarnos por la actualización que Christopher Nolan ha llevado a cabo en los últimos años, sobre todo después del desaguisado que Val Kilmer, George Clooney y directores de los que no quiero acordarme, habían hecho en la franquicia. Asegurada una cierta calidad, la pregunta sería si esta tercera y última película de la trilogía del hombre murciélago se parece más a la (más bien correcta) primera entrega o la (bastante mejor) segunda parte. Una segunda parte, por cierto, hiper violenta y sobrevalorada, pero con buenos mimbres.
La respuesta es sencilla: Batman, La Leyenda Renace, se asemeja mucho más a Batman Begins, y de hecho muchas situaciones nos recuerdan al primer film (empezando por el enemigo, pero también por esa transformación que el personaje enfrenta). Es cierto que Bane o Catwoman son apariciones muy atractivas, pero en general la película, como el resto de la saga, desperdicia a sus secundarios, y se pierde en cansinos diálogos y en escenas de acción algo confusas. Por no mencionar que le sobra, al menos, media hora, lo que hubiera evitado el aburrimiento que, de forma inevitable, invade al espectador.
Tristemente, durante el estreno de la película se produjo una matanza en Estados Unidos, que enlaza con la tragedia en un colegio que ha sacudido a los medios de comunicación estos días (como si fuera la primera, o la última vez que pasa). Muchos expertos (y no tan expertos: nadie es inmune a un lavado de cerebro, sobre todo si recibes dinero a cambio) aseguran que la violencia que vemos en el cine o los videojuegos no tiene nada que ver con este tipo de terribles sucesos. En Tururú sin embargo estamos cansados de decir que la banalización de la violencia (o su uso heroico, como sucedía en la segunda parte de Batman) produce una insensibilización en el público, y que es la chispa que falta para que, el que está mal de la cabeza, termine dando el paso hacia la locura. En Tururú también pensamos que todos los creativos (directores de cine, cantantes o diseñadores) con una repercusión social tan importante, tienen una responsabilidad moral con su producto. Leía una entrevista con Quentin Tarantino en la que aseguraba, acerca de las escenas violentas de sus películas, que no le preocupaban en absoluto, y venía a concluír: el que no quiera mirar, que no mire. Algo terriblemente egoísta y estúpido, teniendo en cuenta que la esencia del cine es ese no saber lo que va a pasar en el siguiente fotograma, y muchas veces nos llevamos una desagradable sorpresa. Es cierto que la responsabilidad de todo este desastre de las armas no es de las productoras de cine, faltaría más, pero, como un problema social que es, no es excusable mirar hacia otro lado.
Lo mejor: Catwoman
Lo peor: pelín soporífera
En la línea de Michelle Pfeiffer y Halle Berry: Anne Hathaway es, también, una Catwoman de aúpa.












