Schwarzenegger come back
En los ochenta James Cameron entregaba sus mejores películas, Aliens y Terminator. En esta última, el gobernador de California tenía seguramente su mejor papel, hecho directamente a su medida: una máquina inexpresiva y prácticamente indestructible (y muy cabezota). Hay que tener en cuenta que estamos en la época del spectrum, y que los efectos especiales son sobresalientes y la historia una sorpresa mayúscula bien resuelta. Después de Terminator, que es una gran película, vino su segunda parte, un castañazo muy taquillero que, aparte del robot que se hace líquido y del ambiente cenizo-pesimista (casi plomizo, la verdad) no aportaba ya demasiado. De la tercera parte mejor no hablamos.
Este Terminator: Salvation se reinventa con el mejor actor de la actualidad, Christian Bale, y la novedad de ambientar la historia en el futuro apocalíptico de John Connor como héroe de la resistencia contra los robots. Las buenas noticias terminan aquí. Junto a Bale, cara de palo Worthington, antes de ser el pitufo gigante de Avatar, haciendo de una especie de terminator despistado y blandito. A la batuta, McG, quien, pese a su sonoro nombrecito, no es un rapero de gorro y cadenas sino el aclamado (en su casa al menos, imagino) director de Los Ángeles de Charlie, en su versión de cine claro. Así las cosas, el cocktail no podía fallar: una castaña en toda regla. Los Terminator parecen de juguete y animados de pena, aparte del diseño pobretón de los nuevos robots malosos. El final es ridículo y además cuenta con Michael Ironside, un secundario que aparece en toda película de ciencia ficción de serie B de los últimos treinta años. Buena pista. Lástima, porque el intento de reinventar la saga prometía. Bueno, por lo menos no dura mucho.
Lo mejor: Christian Bale. Que es cortita y pasas el rato.

