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8/10/09

Estertores de un genio

Si la cosa funciona
Qué gran desilusión esta película, ese retorno a Nueva York de Woody Allen con su eterno personaje paranoico e hipocondríaco y su obsesión por el sexo y las relaciones. Esperar a estas alturas otro Manhattan es por desgracia imposible (todos nos hacemos mayores, y, en el caso de algunos, muy, muy mayores); pero, al menos, nos podría haber caído un Scoop o un Match Point. Lástima. Conste que el discurso que abre la cinta es brillante, un monólogo dirigido al público brutal, toda una declaración de intenciones (o, más bien, testamento vital, yo diría que muy acertado). Aunque ya desde el comienzo algo chirría, porque tenemos a este vejete, diciendo las cosas que diría Allen, moviéndose como él, imitándole con acierto... pero que no es Allen, y hay radica la mitad del naufragio. La otra mitad reside en el cambio incomprensible a mitad de la película: comienzan a aparecer personajes nuevos, y el personaje principal, alma de la función, pasa a un segundo plano, y pierde su mensaje gruñón y escéptico para creer en el amor, en la vida, en la suerte. Y los nuevos personajes no tienen fuerza, son sosos, y los diálogos largos y faltos de interés. Esa segunda parte en la que termina uno pidiendo la hora no le hace justicia a la primera, que viene a ser un remake de Poderosa Afrodita, la oscarizada película de los noventa con Mira Sorvino (dónde estará esa mujer ahora), en la que ella es una actriz porno tan paleta como la protagonista de Si la Cosa Funciona (horrible el título en español, por cierto). Sin embargo toda la fuerza y el humor de Poderosa Afrodita están aquí diluídas, como el que disuelve una pastilla en un vaso de agua, y quiere hacer un film de hora y media con un guión para treinta minutos. Y también recorre la película la sensación de que este protagonista no es tan inteligente como se dice, y que tiene una exagerada afición por las jovencitas (¿alguien más ha visto una especie de justificación de su historia con su ex-hija y ahora mujer Son-Yi?) Los aciertos de la cinta, que los hay, y algunos golpes de humor bien logrados, sobre todo al principio, no logran eliminar la sensación amarga para los fans de Allen como yo y para el público en general. La sala estaba llena ayer miércoles, pero las caras de la audiencia bien dejaban claro que asistimos a las últimas (y fallidas) películas de un genio inimitable.



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