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3/5/13

Skyfall




Leo en La Guarida del Eremita, el espacio de mi compañero bloggero Pepe Cahiers, la reseña de la última de James Bond, con la coincidencia de que acabo de ver la película hace un par de días. Cahiers se concentra en su crítica en un guión que hace aguas por todas partes, lo cual evidentemente suscribo. Os dejo el link para que lo reviséis, y así me evito comentar exactamente lo mismo


A la saga de James Bond le está sucediendo algo a lo que ya nos estamos acostumbrando: cada vez menos seso y cada vez más tortas. Esto tal vez no tendría nada de malo si no fuera por tratarse de un personaje ya con unos añitos, cuyos orígenes están bastante lejos (en intenciones y en resultado) del Bond actual. El principal problema de la saga hoy en día ya lo hemos dicho en Tururú un par de veces: el inexpresivo, feo y plano musculitos que nos han plantado, diciendo incluso que es el actor que mejor ha representado el personaje. Ver para creer amigos. Daniel Craig se pasea por tercera vez en los zapatos de Bond, sin mover un músculo, aniquilando docenas de enemigos con la misma cara con la que pela las patatas para la tortilla de la cena. Sus admiradores, especialmente las féminas, están de suerte: Craig se pasa la mayor parte de la cinta sin camiseta, haciendo gala de su principal habilidad: exhibir musculito.

Tal vez haya un puñado de buenas ideas en esta película, y no dudo de que los productores han echado toda la carne en el asador, con actores de relumbrón, helicópteros, trenes descarrilando y demás pirotecnia. No así Sam Mendes, un director que ha ido de más a menos, lástima. De Javier Bardem no podemos decir más que se embarca en el típico papel de psicópata, como se esperaba: confiemos en que se haya divertido, porque el espectador se lo habrá pasado nada más que regular. Tal vez la presencia de una chica Bond con cierto peso en la trama ayude en próximas entregas, so pena de empacho tremendo de orejas de soplillo “a la Craig”. Así las cosas, una película fallida, con un guión más que endeble, que no convence ni a los amantes del cine de acción ni a los seguidores del personaje.

Lo mejor: los reconocibles escenarios de Londres.
Lo peor: larga y aburrida. Añoramos al James Bond socarrón que tan bien interpretó Sean Connery (o incluso Pierce Brosnan)




Lo dicho...


30/3/11

Quantum of Solace

Hostias como panes
Si esta fuera la única película de James Bond, descubriríamos que el agente secreto más famoso de la historia del cine es un tipo hiper musculado e inexpresivo, con orejas de soplillo y bastante feo y arrugado. Además de licencia para matar, tiene licencia para ser cruel. No es irónico ni simpático, sino más bien un tipo muy serio, bastante amargado y sin sentido del humor. Debe de ser cosa de la venganza. La buena noticia es que en la película el plano cambia a cada segundo, con lo cual es imposible ver nada y las escenas de acción, que son muchas, se reducen a un bombardeo de imágenes y mamporros que deja sin aliento. Solamente las chicas mantienen el nivel en esta entrega, aunque yo sigo sin creerme a un M en la tercera edad por mucha entereza que le ponga Judi Dench. Imposibles dictadores bolivianos y un maloso que no duda en liarse a hachazos si hace falta pululan por esta entrega que se supone conectada a Casino Royale, aunque hubiera necesitado de un par de flashbacks con Eva Green para asegurar esa conexión. Quantum of Solace es bastante aburrida y bastante peor que Casino Royale, porque, si bien en ésta las maneras toscas y el estilo playero de Daniel Craig cuadraban con el argumento (un James Bond primerizo que todavía no ha descubierto los smokings), no hay perdón para mantener el estilo chulesco ni por supuesto la confusión atropellada del comienzo de la cinta. En fin, para fanáticos de la franquicia.

Lo mejor: las chicas Bond.
Lo peor: la permanentemente aburrida mirada de Craig, entre enfadada y chulesca. Y que, en el colmo del despropósito, ni siquiera se lleva a la cama a Olga Kurilenko.

 
¿Te sobra alguna galleta, James?

8/9/10

Remington Steele se pasa al cine

El Mañana Nunca Muere
Hay que reconocer que el personaje de Bond, como buen Sherlock Holmes moderno, desprende un carisma innegable. Los gadgets, las chicas, el smoking, los malos de tebeo y el ambiente socarrón construyen una mitología a prueba de bombas. O casi. Después de dar algunos tumbos en la etapa de Roger Moore (recordemos esa versión de Star Wars que fue Moonraker), el espía inglés cae en las manos de Timothy Dalton y después de Pierce Brosnan, actores que no dan la talla ni de lejos. La saga se abarata casi a niveles de telefilm y lo único que mantiene el tipo son los créditos de arranque de las películas.
Me tropiezo con esta El Mañana Nunca Muere y me dispongo a revisarla voluntariosamente. En las primeras escenas, el bueno de Brosnan dispara misiles y está a punto de estrellarse con un caza, con la misma cara con la que uno se toma el yogurt del postre. Jonathan Pryce es una especie de Steve Jobs, igual de loco, que pretende dominar el mundo a base de periódicos (el pobre, desconociendo las maravillas del ADSL y las tabletas digitales). Como China está de moda y mola mucho, Bond pelea codo con codo con Michelle Yeoh, unos años antes de ser la enamorada silenciosa de Chow Yun Fat en la fenomenal Tigre y Dragón. Nos falta un coche que se maneja como un i-pod y la chica, Tery Hatcher, que para Mujeres Desesperadas puede valer, pero como heredera de Ursula Andress, Kim Bassinger o la posterior Halle Berry no nos sirve. Tiros y explosiones a cargo de un tal Roger Spottiswoode, director que, después de esta tontería, imagino que no volvió a rodar (aunque consulto en la red de redes que sí, que ha perpetrado una extensa filmografía canallesca). Y, pese a todo lo anterior, el personaje ha sobrevivido a éstos y otros intentos de terminar con él. No me extraña que la Metro haga aguas.


Bond en caída libre...
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