Olvídate de mí
"Sé que he perdido tantas cosas que no podría contarlas y que esas perdiciones, ahora, son lo que es mío. Sé que he perdido el amarillo y el negro y pienso en esos imposibles colores como no piensan los que ven. Mi padre ha muerto y está siempre a mi lado. Cuando quiero escandir versos de Swinburne, lo hago, me dicen, con su voz. Sólo el que ha muerto es nuestro, sólo es nuestro lo que perdimos. Illón fue, pero Illón perdura en el hexámetro que la plañe. Israel fue cuando era una antigua nostalgia. Todo poema, con el tiempo, es una elegía. Nuestras son las mujeres que nos dejaron, ya no sujetos a la víspera, que es zozobra, y a las alarmas y terrores de la esperanza. No hay otros paraísos que los paraísos perdidos."
Jorge Luis Borges. Los conjurados
Jorge Luis Borges. Los conjurados
Eternal Sunshine of the Spotless Mind (título que ya trasluce la originalidad del argumento, masacrado en España como si se tratara de la comedia de Jim Carrey que, tal vez, la distribuidora esperaba) es una película poco convencional, de difícil clasificación. Bajo la apariencia de una película de ciencia ficción barata, con guiños a Abre los Ojos y a Desafío Total, y con un cast mejor de lo esperado, nos movemos entre el drama romántico y la pesadilla, saltando sin apenas darnos cuenta. Es una película tramposa, efectista, que nos mueve como le parece en el tiempo y dentro de la mente del protagonista, y que sin embargo termina construyendo un hilo principal bastante sólido (con la excepción de los enfermeros amateur y de la historia de amor secundaria, muy floja). Michel Gondry nos regalaba más tarde una película más pequeña, que a mí me ha gustado más, también bastante extraña: La Ciencia del Sueño.
Argumento aparte, lo que se nos propone es una disección de las relaciones de pareja, particularmente la importancia de la memoria y también del destino, que en el film se nos ofrece ineludible (y seguramente lo es). Como bien dice Borges, no hay otros paraísos que los paraísos perdidos. Quedémonos al menos con los buenos recuerdos, ya que están condenados a desaparecer como nosotros mismos. Atrapemos ese primer beso con esa chica que no volvimos a ver, esos viajes que hicimos antes de que nos precipitáramos al divorcio. El amor no se muere, sino que vive ahí, en los objetos, las cartas, la memoria. Para lo bueno y para lo malo. Incontrolados, a veces reconfortantes, otras veces malditos, esta película nos recuerda el tejido de lo que estamos hechos, que no es otro que las memorias, el pasado, lo viajado y lo aprendido. Esa materia, como decían en El Halcón Maltés, de la que están hechos los sueños.
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Winslet y Carrey: una pareja inolvidable que pretende olvidarse.


