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8/9/12

Millennium: Los Hombres que no amaban a las mujeres



Detectives modernetes
La saga Millenium sigue la misma pauta que otros bombazos editoriales como -el más reciente- Cincuenta Sombras de Grey, Juego de Tronos, Harry Potter, Códigos Da Vinci y otros muchos. Los best-sellers triunfan pese a su escasa calidad literaria, pero es que resultan muy entretenidos. La tradición de películas inspiradas en libros afamados es tan alargada que no es necesario poner ejemplos. En esta trilogía Millenium, una pareja lejanamente inspirada en Sherlock Holmes y el Dr. Watson (Sherlock es, en este caso, ella, una hacker de estética gótica cuyo pasado tremebundo la ha convertido en una inadaptada pero brillante friki, y un Watson, en este caso periodista, y bastante listo) que resuelven entuertos al estilo del siglo XXI. Es decir, llenos de historias escabrosas y violentas, que es lo que, al parecer, al espectador le gusta. Qué lejos quedan aquellas bocanadas de humo de mujer fatal que Bacall lanzaba sobre Bogart para encubrir sus maldades simplemente intuídas.

David Fincher no necesita más historias de asesinos en serie en su currículum. Seguramente, nosotros, los espectadores, tampoco. El caso es que la cinta, lejos de la excelencia de Zodiac, resulta muy previsible y un tanto irregular. Adivinar lo que va a pasar, quién es el asesino, es lo peor que le puede pasar a un thriller, y en este caso es bastante evidente. En la parte positiva, tenemos a un Daniel Craig más avejentado que de costumbre, que le otorga presencia al personaje de un detective no demasiado desarrollado. Salander, que al parecer es la nota diferenciadora de la saga, no ha terminado de convencerme, aunque la chavala le pone ganas a un papel muy complicado. En definitiva una función un tanto anodina y, como ya viene siendo habitual, para estómagos curtidos, sólo recomendable para aficionados al género.

Lo mejor: el pulso y el tempo, siempre entonado, de Fincher
Lo peor: ¿dónde quedaron los detectives clásicos, tipo Marlowe…?






Una tía de lo más animao, perfecta para cualquier fiesta.


3/6/12

Semana de Alien (III)




Alien 3
La tercera entrega de la saga viene de la mano de David Fincher, un -por entonces- director primerizo que ha demostrado buen hacer en los años posteriores. Para muchos, entre los que me cuento, la película no está a la altura de sus predecesoras. Otros, sin embargo, la reivindican como una obra maestra que no fue apreciada en su día. Sin ir más lejos, la Total Film de este mes (una revista que, aquí en Londres, ha sustituido a mi bien amado Fotogramas, y de la que ya hablaremos algún día). Entre sus supuestas virtudes estarían el ambiente opresivo y sus múltiples lecturas religioso-metafísicas. O algo así. Yo no estoy de acuerdo.

Alien 3 es sobre el papel una buena idea. El argumento, aunque algo estirado, aún puede funcionar, incluída la sorpresa de la muerte de Ripley, con una Sigourney Weaver de pelo rapado pero de pelo en pecho. La prisión y sus psicóticos habitantes es el complemento perfecto, con sus pasillos abandonados, para que el monstruito de sangre ácida y cabeza de melón se mueva a sus anchas y nos provoque un par de sustos. Sin embargo, Fincher se rodea de un estilo feísta, que, si bien no es nuevo en la saga, sí supone un viraje hacia el gore que culminará en la repulsiva cuarta parte. La historia se estira inexplicablemente, con una sensación de deja-vu. Los reclusos, en un principio veinticinco, parecen multiplicarse para que el festín del bicho sea aún más copioso, y las sucesivas cacerías del Alien no mantienen el interés. El tufillo sectario no termina de tener la suficiente fuerza, y las conexiones con la película anterior, aunque bienvenidas, lastran el conjunto.  Es cierto que hay algunas sorpresas y algunos buenos momentos, pero, en general, la cinta no están bien engranada.

Lo mejor: el –cada vez más andrógino- personaje de Ripley.
Lo peor: falta chispa.






Buena escena, pero tal vez los alrededores podrían mejorarse...

23/8/11

La Red Social



Solo, no puedes. Con amigos sí.
Esperaba yo más de David Fincher y de este tira y afloja por la creación de Facebook. Convertir a cuatrocientos millones de personas en semi-zombis adictos al cotilleo tiene su mérito, y la prueba está en que, donde otras redes sociales han caído –casi todas- el chiringuito del hoy multimillonario Marck Zuckerberg se mantiene con buena salud pese a sus fallos continuos de privacidad . Por desgracia, los amigos del Facebook han resultado ser tan aburridos y predecibles como lo son en la realidad. Es exactamente eso lo que le pasa a esta película: la factura técnica, incluídos actores y dirección, es impecable, pero el resultado es tan aburrido y predecible como la historia en la realidad: un puñado de frikis peleándose por el dinero –mucho dinero- una vez que el juguete se ha hecho enorme, inimaginablemente grande y millonario. Este personaje sublime, casi de antología (seguramente no tan apasionante en la vida real) que encarna magistralmente Jessie Eisenberg,  se merecía un conjunto aún mejor, alguna sorpresa, un ritmo más parecido, qué sé yo, al del JFK de Oliver Stone. Otra vez será. Como en Ciudadano Kane (la película no es, ni más ni menos, que una adaptación del mito al siglo XXI), el Zuckerberg de película también tiene su Rosebud. Ya lo dice Calamaro en su canción: el amor no se puede pagar. Y los amigos, añado, aún menos.

Lo mejor: los actores
Lo peor: que la historia resulta ser tan sosa como se preveía




A mí también me pasa lo mismo Jessie, que me aburrí un pelín...

3/8/10

Juegos increíbles

The Game
David Fincher entregaba hace un par de años la estupenda Zodiac, que es sin duda la cumbre de su carrera hasta el momento, muy por encima de la sobrevalorada Seven. Como en el caso de M. Night Shyamalan, Fincher es un narrador talentoso, capaz de mantener el pulso de la película durante 120 minutos sin dificultad. Ninguno de los dos ha encontrado todavía una franquicia del estilo del Batman de Nolan o los X-Men de Singer, pero todo se andará. De momento, su problema viene a ser que las historias que escogen (o que ellos mismos guionizan, como en el caso de Shyamalan) no están a la altura de su fuerza narrativa. En The Game, Fincher se aplica a fondo para mantener a flote una historia idiota y delirante. Douglas y Penn, grandes actores, también hacen lo que pueden para salvar esta tontería de guión, tramposa, ridícula. Un desperdicio de energía. En realidad, la película resulta entretenida y te atrapa durante todo su metraje, incluso te sorprende varias veces. Se agradece también la limitada violencia, o la absoluta infantilización de la propuesta, casi de fantasía. Al final, sin embargo, tienen uno la sensación de que le han tomado el pelo. De no ser, claro está, que haya por ahí algún tipo de explicación oculta: reminiscencias del budismo fundacional, paralelismos con la vida de Jesucristo y demás chorradas que a veces tenemos que inventarnos para que la película recupere en taquilla lo que ha costado. Bueno, todo sea porque la Universal no siga también los pasos de la Metro…

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