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1/3/11

El repóquer

Cuatro directores de cine juegan una partida de póquer. La mesa de juego tiene forma de auditorio de escala de gigante (aquél en el que juegan los mitos, las leyendas inmortales del celuloide). Los jugadores no atienden a las reglas de la vida (porque uno de ellos ya falleció hace tiempo) ni tan siquiera a las reglas más elementales del juego, porque las cartas no son naipes de papel sino estatuillas doradas y las fichas amarillas o rojas son más bien actores, diseñadores de vestuario, iluminadores, bandas sonoras.

En una de las esquinas de sienta Frank Capra. En blanco y negro, claro. Frank no necesita echarse faroles ni hacer –como otros- trampas, porque, secundado por Gable y Colbert, y cuando se tiene una buena historia y uno es un director como la copa de un pino, es muy fácil ganar.

En frente se sienta Milos Forman, con la cabeza un poco perdida pensando en quién será el Mozart de su Amadeus, pero también seguro, confiando en la fuerza de Jack Nicholson, en una historia de las de revolverse en la butaca.

Cosa distinta son las cartas de Jonathan Demme. Una de ellas es un guión feísta, duro, de los de revolver el estómago. Sólo un par de jokers (Hopkins, Foster) van a obrar el milagro de que hoy pueda sentarse en la misma mesa –o Kodak Theatre- que sus compañeros de juego.

El último en llegar se llama Tom Hooper. Y es exactamente un recién llegado, con poca experiencia pero buenas maneras. Tom Hooper, aunque ha convencido a casi todos, va a perder la partida en el último descarte, y por partida doble, porque no sólo Helena Bonham Carter es una histriónica y está tan gafada como su pareja, Tim Burton, sino que además no compite por el óscar a la mejor actriz principal, sino secundaria. Y, en todo caso, Natalie Portman le hubiera arrebatado el galardón. Así las cosas, El Discurso del Rey se ha quedado a punto de conseguir el repóquer. Pero no. La próxima vez, Hooper, en lugar de marcar las cartas tan descaradamente, arriesgue usted, juegue al póker sin límite, que no todo son premios en la vida.

Repóquer de óscars: llámase así cuando una película consigue el óscar en las cinco categorías principales: película, director, actriz y actor principales y mejor guión. Solamente lo han conseguido tres películas en la historia: Sucedió una Noche de Frank Capra, Alguién Voló sobre el Nido del Cuco de Milos Forman y El Silencio de los Corderos de Jonathan Demme. El Discurso del Rey se ha quedado a las puertas, consiguiendo cuatro de los cinco. Merecidos o no, quién puede decirlo.

 
Bien jugado, Tom.

25/2/11

Oscars 2011

Como la vida misma
Mis noches sin dormir para ver la entrega de los oscars en la televisión terminaron después de que Shakespeare in Love arrebatara injustamente el premio a la mejor película a Salvar al Soldado Ryan, pero recuerdo la noche gloriosa de Mel Gibson y su Braveheart o de Cameron y su bodrio titánico en el 97. La gala, aburrida y pretenciosa, ofrece sin embargo la fascinación de esas cosas que se repiten año tras año, casi sin cambios, además de la oportunidad de ver la faceta semi-pública de algunos de nuestros admiradores directores o actores. Hay quien hace quinielas, quien selecciona los vestidos más acertados (o más horribles), quien disfruta con las caras de desilusión de los nominados que se fuerzan en sonreír pese a la decepción. Yo, como soy todavía más raro, estaba pensando en esta noche de insomnio en cómo se parecen los oscars a la vida real. Iba a hacer una lista, pero me he arrepentido a tiempo. Uf, casi. Es por estas cosas que los médicos recomiendan dormir bien.

Cuando digo que estos premios son como la vida misma pienso sobre todo en qué importante es la publicidad y la producción para las películas ganadoras. Y lo injusto que es muchas veces la selección. El dinero puede con el talento, y, a fin de cuentas, la industria puede con el arte. Leía en el periódico ayer mismo que dos productores acaparan más de 400 nominaciones a lo largo de su carrera. Que se dice pronto. Así las cosas, la pelea se reduce a lo de siempre, a dos o tres compañías que presentan sus productos año tras año, con diferentes caras pero iguales maneras. La mejor campaña de publicidad gana (ejemplos hay a miles), o aquél que tenga los mejores amigos. Más o menos como en los ascensos en la empresa.

Por otra parte, la alfombra roja me sugiere cuán importante es la presencia, cuán grande debe ser la sonrisa. La sonrisa al rival, las alabanzas exageradas incluso (o sobre todo) cuando se pierde, transforman la hipocresía (necesaria) en el término, aún más hipócrita, de espíritu deportivo. Pero qué importante es ser hipócrita en la vida y reír las gracias del jefe y escuchar a los amigos aunque nos cuenten cualquier tontería. En esa especie de ambiente malsano, de nervios controlados (porque el oscar es una especia de lotería que te asegura mejor caché en el futuro) y sonrisas falsas, y de vestidos y trajes deslumbrantes que ocultan juerguistas, drogadictos, egos incontrolables, borrachos, falsos dadivosos, egoístas sin límite y etc., etc. transcurre una gala que nos viene a atrapar, entre otras cosas, o principalmente, por ser como la vida misma. Que la disfrutéis.

 
Pongamos algo bonito, que el texto me ha quedado algo espeso...
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