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16/10/12

Wall-E - BSO




Cualquier excusa es válida para traer al bueno de Wall-e por estas tierras, pero es que, además, la banda sonora de Thomas Newman es magnífica. Os dejo esta escena maravillosa como muestra de la magia del cine y del buen hacer de Pixar: dos latas de chatarra, un extintor y la falta de gravedad, junto a cuatro notas musicales, elevan a la categoría de arte lo que en principio es sólo otra película para niños. Que viva Wall-E.

3/1/11

Chaplin de metal

Wall-E
El personaje más carismático y encantador de Pixar no es Buzz Lightyear, ni Woody, ni Nemo ni Mr. Increíble. Lasseter y sus chicos saben que es difícil que un robot exprese sentimientos, pero que el secreto está en la mirada: como en E.T., como en King Kong, el rostro de Wall-E es todo ojos, grandotes y tiernos, inclinándose para expresar estados de ánimo como si de un dibujo animado se tratara. Ah, pero que Wall-E es un dibujo, dicen. Cuesta creerlo.

Los treinta mejores minutos del cine de animación de todos los tiempos están en el arranque de Wall-E y sus hazañas quijotescas, al más puro estilo del cine mudo, de Keaton a Lloyd pasando por Charlot y sus desaguisados. Qué lástima que el resto del film vaya perdiendo fuelle, que no esté a la altura del Wall-E personaje, capaz de meterse en el bolsillo a todo incauto que se asoma a sus manitas de metal. En la medida en que el capitán y el resto de los humanos regordetes roban metraje, la película se lanza cuesta abajo y solamente algunos detalles mantienen el tipo. Los robots, claro.

La cinta encierra algunos mensajes que ya son tópicos en la ciencia ficción: el holocausto que deja la Tierra inhabitable, las megacorporaciones que asumen el control (gobierno y libre competencia, a paseo), la necesidad de mantener el equilibrio ecológico, o esos seres que sólo viven a través de la pantalla del ordenador, sin moverse, sin hablarse. No estamos muy lejos de éso, en realidad. Pero las pretensiones no tienen demasiada fuerza, demasiada importancia. Sería un error que la película se tomara en serio, más allá del robot que prensa la basura mientras tararea la música de Hello, Dolly. Bravo Wall-E.

Lo mejor: los primeros treinta minutos.
Lo peor: que no parece probable una segunda parte.





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