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25/3/12

Spielberg y los aliens

Sobre Indy IV...
Quién lo diría: el bueno de Steven ha metido extraterrestres en la mitad de sus películas, pero en esta, casi mejor que no. Lo mejor es la vuelta de tuerca de George Lucas: sabio donde los haya, su razonamiento es aplastante. No me extraña que se haya echo mega-millonario.
Me he encontrado en el DVD de Indiana Jones y la Calavera de Cristal con este video, imperdible sin duda. Me dice el Maestro Tururú que es graciosísimo. I agree.

7/11/11

Las películas de Octubre


Con esto de la Semana del Anillo me he dejado en el tintero un montón de películas este mes pasado. Vamos a hacer un repaso rapidito de esos que a mí me gustan, como de refilón.

Rango
Un refrito del western más tópico, Toy Story y la estética de Tim Burton, todo bajo la batuta del –poco capaz- director de Piratas del Caribe Gore Verbinsky. Esperaba yo bastante más de una película que, si bien no aburre, es una del montón.

Lo mejor: algunas escenas de acción y el diseño de personajes.
Lo peor: demasiado tópica.




Los Abrazos Rotos
No es que Almodóvar me haga mucha gracia. Lo encuentro a veces demasiado dramático y otras demasiado “de andar por casa”, y otras veces demasiado presente como director –lo cual parece corresponderse con su nada modesta, que más bien exhibicionista, personalidad -. Esta de los Abrazos Rotos no está mal , y, pese a los comienzos titubeantes, y al decepcionante tono de intriga, la segunda parte está bastante bien. Las escenas finales con la concejala son divertidas (y llegan en un momento sorprendente, pero que encaja), Penélope sigue estando muy guapa y sale La Geria. Razones de sobra para ver la película.

Lo mejor: Penélope Cruz
Lo peor: la primera parte del metraje.





Burlesque

Cristina Aguilera tiene buena voz y físico. Cher, en los tiempos de la Mari Castaña, seguramente también –y menos plástico-. Ambas cantan y se contonean en este Burlesque, de historia manida, que escaquea chicha y picante como si fuera Disney la productora, y que no remonta el vuelo en ningún momento ni siquiera pese a los esfuerzos del siempre brillante Stanley Tucci.

Lo mejor: algunos números de la Aguilera, si te gusta claro.
Lo peor: que es una película muy mala.







Star Wars: Clone Wars

Lucas no se está quieto y llegó a estrenar el episodio piloto de esta serie de televisión en los cines. Sin ningún sentido del ritmo, y perdido todo carisma de los personajes protagonistas, la película es una insoportable colección de explosiones sin ningún aliciente. Algunos fanáticos de la saga lo aguantan todo, pero, si no es el caso, huye de esta película, amigo lector.

Lo mejor: este…
Lo peor: que George Lucas siga explotando la saga galáctica sin ningún pudor, entregando productos infumables como este.





Coco Before Channel
Dicen que está bien esta película, pero a mí me ha aburrido considerablemente. No me interesa el personaje, todo lo más, me parece de lo más borde (aunque fuera aquello necesario para destacar como mujer en una sociedad tan machista y opresora: tal vez es lo que la película falla en explicar). Encima me quedé dormido y me desperté con torticolis. Mecachis.

Lo mejor: como siempre, Marion Cotillard
Lo peor: ZZZZZZZzzzzZZZZ





Independence Day
Sí señor, el presidente de los Estados Unidos pilota un caza para cargarse a los aliens que han invadido el planeta, ayudado por Will Smith, que es guay del Paraguay, a tope. Efectos especiales a tutiplén y reparto solvente para una historia mil veces vista que se ha convertido, seguramente, en la mejor superproducción de Emmerich, de puro disparate.

Lo mejor: la destrucción de la Casa Blanca, un auténtico clásico
Lo peor: cuando se terminan las palomitas




Game Over

29/6/11

Taxi Driver

Mi problema con Scorsese
Nadie discute que Scorsese es uno de los directores americanos, ya clásicos todos ellos, que renovaron el cine allá por los años setenta (recordemos el famoso cuarteto completado con Spielberg, Coppola y Lucas, aunque un servidor excluiría a este último, añadiendo a Brian de Palma). Estos cuatro directores se aproximan a la violencia en el estilo de Sam Peckinpah, aunque lógicamente de maneras distintas: Coppola y Scorsese de forma más ambigua, De Palma y Spielberg de forma más heroica (o menos ambiciosa en general, con excepciones), pero todos ellos se sitúan a medio camino entre la glorificación y la crítica, entre el heroísmo y el terror puro. Tema interesantísimo, afirmo, para desarrollar en mi tesis (quizá algún día, cuando me decida a estudiar cine, hacerme vegetariano y vivir en Australia).

Taxi driver se edita ahora en Blu Ray en versión restaurada y limpita, pero sin añadidos ni montajes del director ni demás gaitas. Considerada una obra maestra, la película retrata el Nueva York de los setenta y en particular la noche y sus fantasmas. Manhattan hoy en día es otra cosa, pero por entonces, esa ciudad llena de basura –como dice el personaje de De Niro- tenía tanta fuerza que se convierte en un personaje más. Por la película circulan también Cybill Sheperd y una inolvidable Jodie Foster, aparte de un pequeño papel para el siempre reconocible Harvey Keitel. Buenos mimbres.

Pero, aún así, no me gusta Taxi Driver. No le negaré que sea una película formalmente correcta, pero el guión de Schrader me parece muy sobrevalorado. No comprendo a este Taxi Driver, no entiendo su giro hacia el suicidio: me parece precipitado y un tanto absurdo. No es verdad que la película no se posicione respecto a la violencia y a los hechos: se demuestra una simpatía constante por De Niro -sobre todo al final, por si no quedaba claro-, se glorifican las paredes cubiertas de sangre. No es verdad que Taxi Driver sea una película sobre el terror y la locura de su personaje psicótico: es una película sobre un héroe en un mundo de locos.

Es ese bamboleo entre el horror y el heroísmo el que, en mi opinión, Scorsese no controla (o no controla a mi gusto, será mejor decir). No me gustan Infiltrados, Uno de los Nuestros, Casino. Solamente en Gangs of New York, entendida como momento histórico, las batallas sangrientas y su glorificación tienen algo de sentido. Es el acercamiento de Coppola en El Padrino el que, a todas luces, resulta vencedor, y me quedo con ganas de comentar los Cohen y su Fargo o Muerte entre las Flores, o la postura tan exitosa de Eastwood en Sin Perdón y su personaje 50% corazón, 50% asesino, con su final brillante -con muchas similitudes con Taxi Driver, por cierto-. Scorsese no se ha acercado nunca a las cotas de todos ellos, o de Apocalypse Now o Salvar al Soldado Ryan, por citar algunos ejemplos más. Y la lista seguiría. Por eso siempre se quedará, en mi opinión, a las puertas del grupo de los más grandes.

Remato diciendo que la ambigüedad es imposible en la mirada del artista, por eso tal vez, el gusto por la tortura y el disparo a bocajarro de Mr. Scorsese nos revelaría a un artesano de la dirección traumatizado por un hecho violento, pero cuyas paranoias mentales resultan ser mucho menos estimulantes que las de, por ejemplo, David Lynch o, en otro orden de cosas, los cuadros de Francis Bacon o Salvador Dalí. No recomiendo a nadie que pierda el tiempo viendo Taxi Driver, aunque suene a blasfemia, aunque sea una película famosísima.

Lo mejor: esa primera cita que comienza y termina en un cine X. A eso le llamo yo ir al grano. En todo caso, gran escena.
Lo peor: el salto, para mí no bien expresado, de reprimido-mojigato a asesino-héroe, que parte la película en dos mitades bien distintas. Y la violencia del final, claro.



Anda que...

22/2/11

La Guerra de las Galaxias

Mitología galáctica
 1. El Reto
Solamente hay un puñado de películas míticas: ésas de las que ya se ha dicho todo, que sobrepasan el umbral del celuloide para convertirse en cultura popular, en historias tan reales y tan conocidas o más como los grandes imperios de la historia, o como la historia (más reducida que la otra, igual de interesante) de nuestras propias familias o amigos. Vuelvo a ver Star Wars, ahora en la BBC, y sin quererlo me vuelve a atrapar y termino viéndola de principio a fin. Enfrentarse a una crítica a tumba abierta sobre una película sobre la que se ha dicho todo y más es misión imposible. Para una generación que ya no cree en Jesucristos ni en el trabajo para escapar del hambre, ni siquiera en las frases del Mayo del 68, Star Wars es simplemente un nuevo credo, una renovación del romanticismo del diecinueve, un ideario infantilón y desparramado para una clase media donde la guerra fría está terminanda, que ya ha hecho sus revoluciones y que se prepara para acomodarse en su sillón y ver caer al imperio mientras China, India, los pueblos árabes, Sudáfrica o Brasil se levantan, para ver caer occidente y a la vez levantarse a otros pueblos con más ambición y/o necesidad. ¿Qué tiene que ver Star Wars con la crisis actual? Seguramente todo (o casi todo, no le neguemos a facebook y la wikipedia su granito de arena), entendida como credo del absurdo, como nueva droga que no deja espacio para nada más en las mentes ociosas.


2. La Película.
Lucas nunca ha sido un director de cine sobresaliente, pero hay que quitarse el sombrero con Star Wars y, sobre todo, con la segunda parte del metraje. Ahora estamos acostumbrados a los efectos especiales y a los montajes tipo CSI o MTV (hasta las siglas son signo de los tiempos), pero a finales de los setenta ni siquiera Spielberg había sembrado todavía las bases de las películas de acción actual. El asalto a la Estrella de la Muerte es cine con mayúsculas, alejado de esas batallas por ordenador que adornan (es un decir) la trilogía que Lucas vomitó en esta década pasada. Luke Skywalker es un granjero vestido de karateka que sabe pilotar naves espaciales, y Han Solo, un vaquero que habla con un perro gigante. Obi Wan es un tipo que se ha pasado en una cueva veinte años y Darth Vader un Robot-samurai con poderes telepáticos que por exigencias del guión debe obedecer a Peter Cushing. Arranca la película, y los moradores de las arenas y los muñecos de trapo de la cantina de Mos-Eisley están más cerca de la vergüenza ajena que del film de culto (de hecho Lucas trató de animar esa parte por ordenador, más tarde, estropeando más que arreglando las cosas, claro). Es el Halcón Milenario el que vendrá a animar la función con su salto al hiperespacio y sus combates contra los tie-fighter. El espacio le va mejor a Star Wars que los combates de tierra (recordemos la luna de Endor, aunque salvando el ataque de los AT-AT de la segunda parte) y sin duda el diseño entre galáctico y anticuado (como si un tanque de la Primera Guerra Mundial hubiera viajado hasta Tatooine y los moradores de las arenas lo hubieran tuneado) le viene mucho mejor que las formas curvilíneas de computadora que vimos en la nueva trilogía. Alec Guinness, Harrison Ford y un guión sencillote, que como buen clásico arranca en una granja perdida y termina en una estación de combate tan grande como un satélite, redondean una historia que treinta y tantos años después es ya imposible de separar de…



3. El Mito
Las películas de aventuras clásicas se inspiran en ambientes y personajes tan viejos como las historias de Homero o de las Mil y Una Noches. Espadachines del medievo, piratas o westerns son las tramas que hicieron famosos a Burt Lancaster o Errol Flynn. La llegada del hombre a la Luna y la carrera espacial desembocan en la ciencia ficción con 2001, pero las auténticas aventuras espaciales, que ya estaban en tebeos con Buck Rogers o el mismo Supermán, desembocan en cine de la mano de Star Wars (y, en otra escala, Star Trek). La creación de un universo diferente, estrambótico, poblado de razas y seres mitológicos, es un patrimonio de Ovidio y las historias griegas que ya había recogido Tolkien en los años treinta y cuarenta. Lucas no inventó casi nada en Star Wars, sino que dotó a su universo de un eclecticismo y una fuerza visual sin precedentes, y lo sirvió acompañado de (y he aquí su invención) el merchandising. No sólo los muñecos o los tebeos, sino los yogures, los cereales, las camisetas, todo lo imaginable lleva, hoy en día, y en su momento, el sello de Star Wars. El imperio Lucas sigue creciendo y ha batido records este 2010, pese a la crisis. ¿Es acaso casualidad que, en tiempos difíciles, Lord Vader y los suyos vendan más que nunca?

Nada es casual y mucho menos ésto. Star Wars llegó (y llega) en el momento justo. Terminada la guerra de Vietnam, muertos los sesenta y a las puertas de los hedonistas años ochenta, el público está preparado para el cine de masas (ya lo demostró Tiburón, y luego vendrían ET y otras tantas) y también para el consumismo más estúpido. El fenómeno de los fans ya existe, con las estrellas de cine -desde las películas mudas- y de la música -arrancando con Elvis y los Beatles-, pero este nuevo culto se basa en personajes de ficción y en vehículos y construcciones totalmente originales. Seguramente ya estamos hartos de cadillacs y Clark Gables y R2-D2 apetece como algo original y sorprendente. El noventa por ciento del éxito de Star Wars es diseño, no cabe duda, y la imaginación que ninguna otra saga, ni El Señor de los Anillos, ni Harry Potter, ni siquiera Star Trek, ha sabido igualar.



4. La Conclusión
Vaqueros perseguidos por lagartijas gigantes y robots dorados traductores que se arman y desarman cual figurita de lego, princesas de peculiar peinado, combates aéreos de la Primera Guerra Mundial trasladados al espacio y estaciones orbitales que pueden ser destruídas con dos pequeños misiles en el punto exacto. Fuerzas místicas y, sobre todo, sables láser. La conclusión es que, de esta mezcla de delirios, uno diría que no puede salir nada bueno. La Guerra de las Galaxias no es una obra maestra, ni siquiera, tal vez, según los cánones, es una gran película. No, Star Wars es mucho más que éso: juega en otra liga. Y mola.


Te queremos, Lord Vader, aunque seas un poco cardo.

24/5/10

La semana y media de Indiana Jones (IV)

Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal

Savia nueva
Indiana Jones ha cumplido los cincuenta y es un veterano de la Segunda Guerra Mundial. Su hijo es un motero rebelde que da clases de esgrima, y su madre es una mujer peleona que, entrada en años, sigue conservando en la mirada esa chispa de la Marion de En Busca del Arca Perdida. En la época de la guerra fría, los enemigos han de ser los rusos y el McGuffin algo más relacionado con la bomba atómica, con el Área 66 tal vez. Con estos mimbres sencillos se recuperaba hace un par de años al personaje, con un Harrison Ford mayor, pero aún en forma, y un casting un poco dispar (incluyendo a un gran malvado, interpretado por la gran Cate Blanchett). Hubo muchas críticas para esta película, a la que se considera indigna sucesora de la trilogía original. Lo cierto es que, sin llegar a la brillantez de esas películas (no es tan fácil redondear una obra maestra como En Busca del Arca Perdida), la cuarta parte contiene suficientes escenas memorables, guiños a la saga y a sus personajes y, en general, buen hacer, para ser considerada un film más que decente. A todos nos hubiera gustado que fuera mejor, las expectativas eran grandes, pero lo cierto es que el nivel se mantiene excepto en algunos momentos, más cercanos al universo Lucas tal vez que al Spielberg oscuro que arranca en los 90 y culmina en Munich (una película tremenda y valiente sobre el odio, de indigesto visionado). Quizás para limpiarse de tanto mal rollo como desprende Munich necesitaba Spielberg esta continuación, lo mismo que Harrison Ford para relanzar su agonizante carrera o Lucas para seguir haciendo caja con las figuritas de Lego. Lo cierto es que los extraterrestres pegan bastante con el universo de búsquedas mitológicas de Indy (porque para un ateo lo mismo da el Santo Grial que la Caja de Pandora), y no me molesta demasiado el personaje de Shia Lebouf ni el viaje atómico en el interior de una nevera (es más, creo que es tan divertido como la caída en balsa desde el avión de El Templo Maldito). El espíritu se mantiene, la calidad técnica sigue estando (con algo menos de garra, pero sigue ahí). Somos nosotros los que, en estos veinte años desde La Última Cruzada, hemos ido cambiando, viendo cine, volviéndonos más exigentes. Habrá tal vez que esperar otros veinte años para, vista con el tiempo, colocar esta Calavera de Cristal en el lugar que le corresponde.



Una familia tradicional americana de los años cincuenta (bazooka incluído)

21/5/10

La semana y media de Indiana Jones (III)

Indiana Jones y La Última Cruzada

Ocaso
La tercera entrega de la saga es una gran película de aventuras que deja un regusto extraño a lugares ya visitados y a una cierta infantilización del personaje. Se buscaba volver a la temática de la primera parte, y repetimos tanto enemigo como un McGuffin de tradición cristiana, que a fin de cuentas es más familiar para el gran público de occidente, pero que no es tan original como la Secta Togi y las piedras mágicas de El Templo Maldito. Tenemos además la aparición de uno de los personajes más emblemáticos del universo Indy, que es en mi opinión un error mayúsculo: un actor del carisma y las tablas de Sean Connery le roba a Harrison Ford todo el protagonismo, con lo que el personaje principal de la película pierde fuerza, y con él, el resto del film. Algunos no estarán de acuerdo en que la aparición de Sean Connery sea un punto negativo, pero para mí lo es, y en especial las escenas de humor que protagonizan él y Delhom Elliot (Marcus Brody), que rebajan la categoría unas décimas. Tampoco la fotografía de Slocombe me parece demasiado acertada, y es extraño, porque en las dos entregas previas la ambientación y la luz son prodigiosas. La chica es bastante sosa, un error de casting, y la muerte del malo final se produce por su codicia y de manos del objeto mágico a buscar (como siempre en la saga) pero es más flojita que en el resto de las películas (y aquí incluyo a la cuarta parte, ya que Irina Spalko sí está a la altura de los malos de la saga, no como Donovan en esta La Última Cruzada).

Aparte de todo esto, que no es poco, la tercera parte es un digno colofón a la trilogía. El comienzo con River Phoenix es brillante, así como la tensión de las pruebas finales. Es cierto que el listón estaba muy alto, pero, ya sea por el agotamiento de la fórmula, o porque Lawrence Kasdan es un guionista muy caro y Lucas andaba flojo de dinero (¡!), el caso es que, vista con un poco de distancia, es la película de las cuatro que menos me interesa. El conflicto psicológico de Spielberg con sus padres divorciados y su obsesión por las relaciones padre-hijo, que hemos visto en tantas de sus películas, deja muy tocadas ésta y su continuación. También Lucas empezaba a perder fuerza, no en vano ya en el 86 había dado el gran patinazo como productor con las aventuras de Howard el pato... Afortunadamente el carisma del personaje (difuminado en las dos últimas, inmenso héroe en las dos primeras) y el firme pulso de Spielberg en la dirección (que aunque no trabaja tan en serio como en otros proyectos más personales, siempre tiene algún detalle de la casa) consiguen que todas sean buenas películas. La escena final de La Última Cruzada, con sus cuatro jinetes cabalgando hacia un inmenso sol poniente, simboliza el ocaso de un cine de aventuras que ha desaparecido, en función de los efectos especiales por ordenador, de los cambios de planos continuos y mareantes, de los ruidos y de las explosiones sin ton ni son. Es un punto final estupendo a una trilogía soberbia, sólo superado por la escena final (entrañable, magnífica) de La Calavera de Cristal.

20/5/10

La semana y media de Indiana Jones (II)

Indiana Jones y El Templo Maldito

Trepidante
Tres años después de la primera parte, Spielberg y Lucas entregan un salto mortal con tirabuzón: una película excesiva, gamberra, en dura pugna con En Busca del Arca Perdida por el podio de mejor película de aventuras de la historia. Harrison Ford es más Indiana Jones que nunca: camisa rota, bíceps de gimnasio, barba de cuatro días y viaje al lado oscuro incluído. Su aparición en las minas, con esa fotografía en rojo, látigo en mano y postura chulesca es sin duda la mejor presentación de un héroe desde la vuelta de Winchester de John Wayne en La Diligencia. Para muchos, es la peor entrega de la trilogía original, lugar que yo reservo para la (más flojita) tercera parte. Escenas como el número musical de apertura, el descenso desde el avión en balsa hinchable, el pasillo inundado de insectos (reales, por cierto), la operación a corazón abierto sin anestesia de Mola-Ran, la persecución de vagonetas, o la escena final en el puente, están grabadas en la retina de muchos que, como yo, asistimos hace veinticinco años a un espectáculo cinéfilo que nunca habría ya de repetirse. Hay quien tacha la película de oscura o de desagradable, quien se queja de que el personaje de Kate Capshaw está mal construído (el mismo Spielberg, sin ir más lejos) o a quien le parece todo un disparate increíble, un juego de niños, una aburrida sucesión de trompadas sin sentido. Porque no se dejan soñar, tal vez. Pero no es así, hay algo indescriptible en ese celuloide de rojo y humo. Algo que es mejor disfrutar como niños -otra vez- en la butaca. Indy busca fortuna y gloria por medio de las Piedras Sankhara, y nosotros, por el camino, nos lo pasamos pipa. Una montaña rusa poderosa e inmortal, mil veces imitada sin acercarse de lejos a su estilo, encumbrada a cine clásico por méritos propios.

27/1/10

Libros de Cine (y 4)

Indiana Jones - Historia de una saga
Lo mejor para el final. Una auténtica biblia friki para amantes del personaje de látigo y sombrero, entre los que me cuento, claro. El libro recorre las cuatro películas de la saga, aunque se detiene especialmente en En Busca del Arca Perdida, la creación del personaje y las primeras reuniones Spielberg- Lucas- Kasdan para definir la historia y pulir el guión. Storyboards, diálogos originales, escenas desechadas, dibujos, fotos de las películas, todo tipo de datos sobre la saga, en fin, está todo, todo, con una calidad de reproducción sobresaliente. Un libro ya no sólo sobre Indiana Jones, sino sobre cómo se piensa y se hace una película, desde la idea original a su estreno en los cines. Un auténtico desparrame de información vaya. El acabose. E incluye prólogos de Lucas y Spielberg, para rematar la jugada.



24/9/09

Paraíso freak

Tienda online de Star Wars
George Lucas es un tipo que vive en un rancho y que siempre lleva vaqueros con camisa de cuadros, y que, cuando se divorció, se inventó una película con una mujer que chilla todo el rato dentro de un templo indio, en el que un señor calvo vestido de rojo le arranca el corazón del pecho a un delgaducho con un taparrabos que da vueltas dentro de los muelles de un colchón. Ignoro si ese robo de corazón funciona como metáfora de la historia real, lo que sí sé es que Lucas se arrepintió mucho de esas escenas sórdidas y aterradoras (que vistas ahora se quedan en infantiles como poco), imagino que porque la película tuvo una calificación PG-13, que viene a significar que los niños más pequeños no podrán comprar muñecos de Tapón, porque ni siquiera sabrán quién es. Gran desastre. Sí, amigos, Lucas es un director mediocre, al que debemos, no ya grandes películas, qué quizás también, sino el invento que más ha contribuído al desarrollo del cine de espectáculo, el merchandising. George Lucas renunció al sueldo que le correspondía después de rodar La Guerra de las Galaxias a cambio de quedarse con todos los beneficios que generaría la venta de juguetes y material inspirado en la película. Y se hizo rico. Sólo el merchandising explica que se rodara la segunda e infame trilogía, que sólo ha contentado al propietario del Rancho Skywalker. Me tropiezo zanganeando por la red de redes con una pieza soberbia de ingeniería en la que se funden lo friki y lo inútil, la tecnología del siglo XXI y el sinsentido más absoluto (porque, ¿a qué gastarse 300 dólares en éso?). Se trata de un casco de Bobba Fett que dice cosas y es verde. Bravo. Os recomiendo una visita por la tienda; algunas cosas sí que valen la pena. Encontraréis disfraces de vuestros personajes favoritos (no, de Obama aún no tenemos, de George Michael tampoco), látigos de Indy a 6 euros, R2-D2 radiocontrolados, figuritas de lego, tostadoras con el rostro de Darth Vader, y, cómo no, sables láser de todo tipo, para trinchar ese pavo de Acción de Gracias que se os resiste. Mi favorito, el flotador con la forma del Halcón Milenario. Necesito uno ya. El reverso tenebroso es tentador y tiene forma de tarjeta de crédito, mi joven padawan. Que la fuerza te acompañe.



Alpargatas de Yoda: hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes

21/9/09

Rendidos al Maestro

John Williams
Rebotando por el Spotify, cual pelota de pinball digna de mejor causa, me encuentro con una pieza de John Williams, creo que de la banda sonora de Hook. Y me engancho otra vez a las composiciones del maestro, y arranco en JFK, paso de puntillas por Harry Potter, me imagino al Halcón Milenario esquivando los asteroides en El Imperio Contraataca, y termino desembocando en mis favoritas, en el tema de ET a piano (Over the moon, sí), en el final apoteósico, casi sinfónico, de Encuentros en la Tercera Fase, en la persecución épica de esos barriles hundidos en Tiburón, o en el que fuera su último óscar por La lista de Schindler. Es verdad que estas últimas son películas de Spielberg, pero también ha sido compositor fetiche de Lucas o de Oliver Stone. No creo que puedan entenderse los unos sin el otro, de hecho, el artífice silencioso del éxito de las primeras películas del bueno de Steven es este viejecillo de aspecto bonachón, este gordinflón redondito de gafas metálicas y batuta en ristre, que sabe, como lo sabe Spielberg, que para que una película funcione la música es uno de los ingredientes más importantes, y que no basta con reunir un puñado de canciones de U2 o Elvis y pincharlas en la escena que a uno le parezca bien. Es cierto que se venden muchos discos (que se lo digan a Tarantino, un tipo sin oído ninguno y ecléctico gusto musical, cuya selección para Kill Bill u otras, de puro chirriante, hasta tiene su punto); pero, de cara a enfatizar los momentos adecuados de la cinta, una banda sonora compuesta a posteriori, como lo hace John Williams, siempre será el mejor resultado. Hay otros grandes compositores de BSO en la historia, especialmente en los últimos 30 años. Jerry Goldsmith, que es bastante parecido, pero para mi gusto peor, que en paz descanse; James Horner, Ennio Morricone (un auténtico artista, aunque sus composiciones funcionan independientemente de la película para lo bueno y para lo malo), Hans Zimmer, Danny Elfman; y antiguamente mi adorado Mizlos Rozsa, el gran Bernard Herrmann que ponía música a Hitchcock, o Leonard Bernstein. Todos ellos son muy buenos, pero John Williams tiene algo especial: su sentido sinfónico que consigue acompañar a la película y coser a la vez los temas principales, y también sus fanfarrias, empezando por los temas de Superman, de Star Wars, y claro, de Indiana Jones. John Williams es un hombre ya muy mayor y el día que se muera me vestiré de negro. Nos deja una colección de bandas sonoras fantásticas, un saco lleno de música para recordar, y eso hace del mundo un lugar mejor, y no hay tanta gente de la que se pueda decir éso.
.

16/9/09

Suma y sigue

Indiana Jones V
Parece ser que los miércoles es el día de las secuelas; y no me refiero solamente a las psicológicas (que las habrá, sin duda) sino a las continuaciones de películas de éxito. Excepto El Padrino II, y la cuarta parte de La Bola de Cristal (¿o ésa no era una película?), la mayoría son inferiores a las originales por alguna extraña ley metafísica, y siempre de acuerdo a la sucesión de Fibonacci (es decir, una progresión geométrica en caída libre y sin frenos). Habrá quien se extrañe de que pueda haber otra película de Indy, con Harrison Ford rozando las setenta castañas y, lo que es peor, conviviendo con Calista desde hace años. Bueno, pues se rodará en cuanto el guión esté listo, aunque para saber éso no necesitábamos de un anuncio oficial. La cuarta entrega recaudó casi 800 millones de dólares, que como podéis suponer es mucho dinero (vamos, que no lo gano yo todos los días). Y aquí los tres mosqueteros Lucas, Spielberg y Ford, que se pasaron con el presupuesto unos milloncejos de nada (que se fueron al doble, vaya, y es que los extraterrestres infográficos tienen unos salarios de aúpa), renunciaron a su sueldo a condición de cobrar un porcentaje de los ingresos si la peli sobrepasaba los 400 millones. Como resultado, dicen las malas lenguas que se embolsaron unos 90 millones de dólares cada uno, lo que haría que Ford sea el actor mejor pagado de la historia. Como lo oís. Así que tendremos Indiana Jones para rato, sea en el geriátrico o con Harrison Ford embalsamado cuan momia de Tutankamon, sombrero en ristre y animado por el espíritu del gran marionetista Jim Henson, que quizá vuelva de la tumba porque, bueno, por 90 millones de dólares, lo que haga falta, ¿no? Si es que me hierve la sangre con estas cosas; yo hoy había pensado hablar de John Williams, como me había recomendado mi psicólogo el Dr. Alce, pero es que el lado oscuro es tan tentador... En fin, tiemblo sólo de pensar en el título de esta nueva película: ¿Indiana Jones y el Tacatá de Oro de Moctezuma? ¿Indiana Jones y La Leyenda Perdida de la Gripe A?, ¿Indiana Jones y el Fantasma de la Gallina Dorada? Se abren las especulaciones de aquí al 2012. Y Cristiano Ronaldo con ansiedad. Malos tiempos, afirmo.

Harrison Ford, echando cuentas

21/8/09

Magia

En busca del Arca Perdida
La primera entrada ha de ser para esta película. Las hay mejores, con mejores actores (mejor dirección lo dudo) y que seguramente tengan mejores diálogos y finales memorables. Pero si el cine, además de ser una sucesión de imágenes proyectadas sobre una lona blanca, tiene algo de mágico, es en esta película donde hay que detenerse. Y sí, en otras también, pero no en todas tenemos a Harrison Ford llevando fedora y látigo. Ahora son iconos, pero no estaba tan claro hace ya casi treinta años, cuando a estos tipos, a Lucas (que desde su divorcio en el 84 no ha vuelto a ser el mismo), a Spielberg (que sigue siendo el mejor narrador de la historia, el mejor director vivo), y a Lawrence Kasdan (que borda un guión magnífico), trazaron esta mezcla perfecta de humor, de aventura, de personajes con carisma, de escenas inolvidables. Dice mi novia (cariño, un beso) que se asustó el otro día un poco comprobando que me sé los diálogos de memoria. Es cierto (no todos, ya me gustaría), pero la verdad es que cada vez que la veo, descubro algo nuevo, algún detalle, o quizá soy yo el que la miro con una perspectiva distinta. Hace poco me di cuenta del mensaje pro-semita que contiene, y que yo, acostumbrado a verla desde niño, no había visto antes. Las tablas de Moisés dando buena cuenta del ejército nazi, en una suerte de venganza anticipada (así que al final le debemos a Indy el que Netanyahu no la monte más gorda todavía, porque claro, el Arca está en manos de "nuestros expertos"). En todo caso, McGuffin propagandístico o no, da igual. Da igual que haya escenas violentas, que los submarinos no vayan por encima del agua, yo qué sé, que sea una película de tiros o que no salga Bogart. Indiana aparece de entre las sombras enrollando su látigo en la selva, y, a partir de ahí, ya sea persiguiendo camiones a caballo, huyendo de las serpientes en el Pozo de Almas o cerrando los ojos en el momento justo, todo es una oleada de magia, una corriente de energía que anticipa el final apoteósico. Habrá a quien no le guste; ya lo siento por ellos.

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