Mitología galáctica
1. El Reto
Solamente hay un puñado de películas míticas: ésas de las que ya se ha dicho todo, que sobrepasan el umbral del celuloide para convertirse en cultura popular, en historias tan reales y tan conocidas o más como los grandes imperios de la historia, o como la historia (más reducida que la otra, igual de interesante) de nuestras propias familias o amigos. Vuelvo a ver Star Wars, ahora en la BBC, y sin quererlo me vuelve a atrapar y termino viéndola de principio a fin. Enfrentarse a una crítica a tumba abierta sobre una película sobre la que se ha dicho todo y más es misión imposible. Para una generación que ya no cree en Jesucristos ni en el trabajo para escapar del hambre, ni siquiera en las frases del Mayo del 68, Star Wars es simplemente un nuevo credo, una renovación del romanticismo del diecinueve, un ideario infantilón y desparramado para una clase media donde la guerra fría está terminanda, que ya ha hecho sus revoluciones y que se prepara para acomodarse en su sillón y ver caer al imperio mientras China, India, los pueblos árabes, Sudáfrica o Brasil se levantan, para ver caer occidente y a la vez levantarse a otros pueblos con más ambición y/o necesidad. ¿Qué tiene que ver Star Wars con la crisis actual? Seguramente todo (o casi todo, no le neguemos a facebook y la wikipedia su granito de arena), entendida como credo del absurdo, como nueva droga que no deja espacio para nada más en las mentes ociosas.

2. La Película.
Lucas nunca ha sido un director de cine sobresaliente, pero hay que quitarse el sombrero con Star Wars y, sobre todo, con la segunda parte del metraje. Ahora estamos acostumbrados a los efectos especiales y a los montajes tipo CSI o MTV (hasta las siglas son signo de los tiempos), pero a finales de los setenta ni siquiera Spielberg había sembrado todavía las bases de las películas de acción actual. El asalto a la Estrella de la Muerte es cine con mayúsculas, alejado de esas batallas por ordenador que adornan (es un decir) la trilogía que Lucas vomitó en esta década pasada. Luke Skywalker es un granjero vestido de karateka que sabe pilotar naves espaciales, y Han Solo, un vaquero que habla con un perro gigante. Obi Wan es un tipo que se ha pasado en una cueva veinte años y Darth Vader un Robot-samurai con poderes telepáticos que por exigencias del guión debe obedecer a Peter Cushing. Arranca la película, y los moradores de las arenas y los muñecos de trapo de la cantina de Mos-Eisley están más cerca de la vergüenza ajena que del film de culto (de hecho Lucas trató de animar esa parte por ordenador, más tarde, estropeando más que arreglando las cosas, claro). Es el Halcón Milenario el que vendrá a animar la función con su salto al hiperespacio y sus combates contra los tie-fighter. El espacio le va mejor a Star Wars que los combates de tierra (recordemos la luna de Endor, aunque salvando el ataque de los AT-AT de la segunda parte) y sin duda el diseño entre galáctico y anticuado (como si un tanque de la Primera Guerra Mundial hubiera viajado hasta Tatooine y los moradores de las arenas lo hubieran tuneado) le viene mucho mejor que las formas curvilíneas de computadora que vimos en la nueva trilogía. Alec Guinness, Harrison Ford y un guión sencillote, que como buen clásico arranca en una granja perdida y termina en una estación de combate tan grande como un satélite, redondean una historia que treinta y tantos años después es ya imposible de separar de…

3. El Mito
Las películas de aventuras clásicas se inspiran en ambientes y personajes tan viejos como las historias de Homero o de las Mil y Una Noches. Espadachines del medievo, piratas o westerns son las tramas que hicieron famosos a Burt Lancaster o Errol Flynn. La llegada del hombre a la Luna y la carrera espacial desembocan en la ciencia ficción con 2001, pero las auténticas aventuras espaciales, que ya estaban en tebeos con Buck Rogers o el mismo Supermán, desembocan en cine de la mano de Star Wars (y, en otra escala, Star Trek). La creación de un universo diferente, estrambótico, poblado de razas y seres mitológicos, es un patrimonio de Ovidio y las historias griegas que ya había recogido Tolkien en los años treinta y cuarenta. Lucas no inventó casi nada en Star Wars, sino que dotó a su universo de un eclecticismo y una fuerza visual sin precedentes, y lo sirvió acompañado de (y he aquí su invención) el merchandising. No sólo los muñecos o los tebeos, sino los yogures, los cereales, las camisetas, todo lo imaginable lleva, hoy en día, y en su momento, el sello de Star Wars. El imperio Lucas sigue creciendo y ha batido records este 2010, pese a la crisis. ¿Es acaso casualidad que, en tiempos difíciles, Lord Vader y los suyos vendan más que nunca?
Nada es casual y mucho menos ésto. Star Wars llegó (y llega) en el momento justo. Terminada la guerra de Vietnam, muertos los sesenta y a las puertas de los hedonistas años ochenta, el público está preparado para el cine de masas (ya lo demostró Tiburón, y luego vendrían ET y otras tantas) y también para el consumismo más estúpido. El fenómeno de los fans ya existe, con las estrellas de cine -desde las películas mudas- y de la música -arrancando con Elvis y los Beatles-, pero este nuevo culto se basa en personajes de ficción y en vehículos y construcciones totalmente originales. Seguramente ya estamos hartos de cadillacs y Clark Gables y R2-D2 apetece como algo original y sorprendente. El noventa por ciento del éxito de Star Wars es diseño, no cabe duda, y la imaginación que ninguna otra saga, ni El Señor de los Anillos, ni Harry Potter, ni siquiera Star Trek, ha sabido igualar.
4. La Conclusión
Vaqueros perseguidos por lagartijas gigantes y robots dorados traductores que se arman y desarman cual figurita de lego, princesas de peculiar peinado, combates aéreos de la Primera Guerra Mundial trasladados al espacio y estaciones orbitales que pueden ser destruídas con dos pequeños misiles en el punto exacto. Fuerzas místicas y, sobre todo, sables láser. La conclusión es que, de esta mezcla de delirios, uno diría que no puede salir nada bueno. La Guerra de las Galaxias no es una obra maestra, ni siquiera, tal vez, según los cánones, es una gran película. No, Star Wars es mucho más que éso: juega en otra liga. Y mola.
Te queremos, Lord Vader, aunque seas un poco cardo.