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28/1/11

La Intérprete

Intrigas y traductores
Nicole Kidman es una improbable ex guerrillera rubia en un hipotético país africano, que habla más idiomas que Indiana Jones, toca el clarinete y tiene tiempo de estar siempre muy mona. Casualmente, pero que muy casualmente, está en el momento menos oportuno en un mal sitio, porque claro, aunque desalojen la ONU, uno puede entrar y salir de las salas como Pedro por su casa por ser traductor. Claro que las casualidades le persiguen a la rubia: fotografías comprometedoras, encuentros en un autobús con quien no debiera y cosas así. Por el camino se encuentra con Sean Penn, que pone cara de triste pero tampoco mucho y que la vigila, pero poco, porque siempre se les termina escapando esta chica. Las australianas antes del botox, que son muy traviesas, ya se sabe.

Pese a esta introducción de viernes un poquito gamberro, La Intérprete es un thriller que se deja ver, que no resulta aburrido, con buenos actores y un gran director, cuyo principal problema es la historia cogida por los pelos y mil veces vista, que cae en los tópicos con demasiada frecuencia (dictadores africanos y pareja protagonista de pasado triste entre otros). Yo no os voy a recomendar que la veáis, pero tampoco os va a hacer mucho daño. Si total, ya me tenéis el cerebro frito con tanto Tarantino y tanta película basura que circula por ahí. A pasar buen fin de semana.

Lo mejor: el carisma de la pareja protagonista, pese a los personajes descafeinados.
Lo peor: que te quedes dormido al verla.


 
Grande, Sidney Pollack

3/8/10

Juegos increíbles

The Game
David Fincher entregaba hace un par de años la estupenda Zodiac, que es sin duda la cumbre de su carrera hasta el momento, muy por encima de la sobrevalorada Seven. Como en el caso de M. Night Shyamalan, Fincher es un narrador talentoso, capaz de mantener el pulso de la película durante 120 minutos sin dificultad. Ninguno de los dos ha encontrado todavía una franquicia del estilo del Batman de Nolan o los X-Men de Singer, pero todo se andará. De momento, su problema viene a ser que las historias que escogen (o que ellos mismos guionizan, como en el caso de Shyamalan) no están a la altura de su fuerza narrativa. En The Game, Fincher se aplica a fondo para mantener a flote una historia idiota y delirante. Douglas y Penn, grandes actores, también hacen lo que pueden para salvar esta tontería de guión, tramposa, ridícula. Un desperdicio de energía. En realidad, la película resulta entretenida y te atrapa durante todo su metraje, incluso te sorprende varias veces. Se agradece también la limitada violencia, o la absoluta infantilización de la propuesta, casi de fantasía. Al final, sin embargo, tienen uno la sensación de que le han tomado el pelo. De no ser, claro está, que haya por ahí algún tipo de explicación oculta: reminiscencias del budismo fundacional, paralelismos con la vida de Jesucristo y demás chorradas que a veces tenemos que inventarnos para que la película recupere en taquilla lo que ha costado. Bueno, todo sea porque la Universal no siga también los pasos de la Metro…

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