The Little Shop of Horrors
El original de los sesenta, con un Jack Nicholson muy jovencito, ya era una película demencial: humor negro e historia disparatada con una planta carnívora alienígena. El musical de Broadway y la posterior película ahondan en el exceso de manera genial. Sólo la brillante partitura de Menken podría levantar el vuelo de la película, pese a unos Rick Moranis y Steve Martin cantarines. En la línea de Sweeny Todd o The Rocky Horror Picture Show, este musical gamberro puede gustar o directamente repeler, pero muchas de las canciones, sino todas, son geniales. Como ejemplo, Skid Row, un número de inspiración clásica pero muy cachondo. Si sería bueno, que hasta Disney se encaprichó de Menken y le ofreció componer para La Sirenita.
