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20/6/11

El Ilusionista

Mago y superviviente
El Ilusionista (no confundir con la película protagonizada por Edward Norton en 2006) se estrenaba el año pasado, llevando consigo todas las papeletas para no tener éxito, para no estar de moda. Justo ahora que tenemos encima el auge del 3D, Sylvain Chomet propone animación tradicional, en 2D, de fondos estáticos, sin persecuciones espaciales ni tiroteos. Ahora que las bandas sonorsa son una colección de clásicos de los setenta y noventa –a veces versionados, otras ni eso- se nos propone una música a piano, sencilla, intimista, casi inexistente, pero que pasea durante todo el metraje como un personaje más. Ahora, casi treinta años después de la muerte de Jacques Tati, se nos trae al cine una de sus historias nunca filmadas, una película sencilla y emotiva, cuando en los dibujos animados se nos acostumbra a los dragones, a los pandoras azulados y cursis, a las lluvias de albóndigas. Y, por si fuera poco, es una película sin diálogos.

Qué gran descubrimiento es El Ilusionista, una película deliciosa, fantástica. Su calidad técnica está muy por encima del Disney de los noventa, y eso ya es decir mucho. La animación de los personajes es perfecta, su expresividad ilimitada. Los fondos, en una paleta de sepias y grises muy acertada, son un canto de amor a Escocia y se alejan de los coloridos y chillones diseños de los Toy Story y compañía. La música es realmente soberbia. La historia rezuma cine clásico –buen cine- y, si bien necesita de la paciencia de un buen espectador –aquel que no necesita necesariamente que la función se anime a base de terremotos y crescendos de música baratos-, resulta conmovedora, arrebatadora en su amargura y en su esperanza.

Chomet nos lleva por la senda de los sueños de la infancia, perdidos al fin, representados no sólo en la niña protagonista, sino también en esos personajes de circo, todos ellos perdedores, todos ellos desencantados al comprobar que la realidad les ha vencido, que no hay lugar ya para la magia en el mundo del consumismo que es la sociedad de hoy. Sin caer en la sensiblería, pero con una sensibilidad envidiable, El Ilusionista es una película ciertamente imprescindible, inolvidable, una de las mejores películas de animación de la historia. Bravo.

Lo mejor: la calidad técnica, la música, sus personajes. Su gusto exquisito, en definitiva.
Lo peor: pierde un poco de fuerza hacia la mitad, aunque después remonta el vuelo con un final maravilloso.







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