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27/8/11

Las polaroids de Blade Runner

Sabor a clásico
Sean Young tiene fama de locuela psicótica, y cuando el río suena, agua lleva. Pero nos da igual. Nos quedamos con su personaje de Rachel en Blade Runner, frágil, elegante, torturado e irresistible. Además, la Young demuestra tener buen ojo con esta serie de polaroids tomadas durante el rodaje del clásico. Hay una treintena de fotografías en su web oficial, de diseño feísta y horripilante foto de portada (adjunto link, para los amantes de las emociones fuertes). He aquí una pequeña muestra; impagable la foto de Harrison Ford, un poco payasete. Qué tiempos. Siguen hablando de esa precuela de Blade Runner que Ridley Scott dirigirá después de la precuela de Alien. Pa´echarse a temblar, afirmo.







1/7/11

Ciudades del futuro

Pantallas integradas en muros cortina, de Citiled

Entre esta imagen…



…y esta otra…
.

…hay treinta años de diferencia, pero parece ser que para cuando nos llegue el año en el que se ambienta Blade Runner (2019: no está lejos) nuestras ciudades tendrán el mismo aspecto que en la película -aunque, desgraciadamente, sin coches voladores, me aventuro a decir-. Muchos ya habréis visto pantallas de televisión gigantescas por todas partes, incluso en las fachadas de los edificios. Sin embargo lo que presentan los chicos de Citiled es muy interesante, ya que la pantalla se integra en la propia fachada. Esto permite, por un lado, pantallas tan grandes como queramos (la fachada de un rascacielos de 400 metros podría ser una gigantesca televisión); y, por otra parte, los cristales llevarían unos pequeños LED incorporados –que serían los píxeles- de forma que el resto de las ventanas sería transparente. Dicho de otra manera, una pantalla LED es opaca pero con esta tecnología dejamos pasar la luz.

Aunque es un invento no del todo nuevo, a mí me parece muy interesante, y de mucho futuro, pese a ser, todavía, carísimo. Otra derivada del asunto es que nuestras ciudades corren el riesgo de convertirse en una colección de gigantescos anuncios comerciales, y que la arquitectura, que como ya sabéis es un arte en tres dimensiones, se reduciría a una colección de imágenes en 2D. Ya se verá. No deja de ser curioso tanta tecnología que nos permite contar lo que queramos, y que en respuesta cada vez tengamos menos cosas que contar. Yo, por mi parte, ardo en deseos de ver En Busca del Arca Perdida en una pantalla de 200 metros de largo. Al tiempo. Ah, y no os perdáis el video.

23/10/09

Otra perogrullada

Blade Runner ( y VII ) - La segunda parte
No quisiera finalizar la semana de Blade Runner sin proponer una de mis maldades favoritas: una secuela. Imaginemos que Harrison Ford se despierta un día por la mañana tempranito en su cama redonda del rancho Henry Jones Junior. Calista sigue durmiendo, y nuestro querido actor se mira en el espejo del techo y se dice que falta mucho para la quinta parte de Indiana y que sería buena idea hacer una secuela de aquella película que hizo con ese tal Ridley (en la vida real no pueden ni verse), ésa con tantas luces, con un robot con cara de loco. El guión podría ser éste: Deckard huye con Rachel a una comuna cyberpunk autosuficiente de ganaderos y agricultores (las ovejas son eléctricas, pero qué importa). Pronto descubre que la vida con Sean Young es una lata, que la palabra histérica se le queda corta y que ha desarrollado, como buen replicante sin fecha de caducidad, una extraña adicción al calimocho-nexus (que es una mezcla de tintorro y aceite para coche). Desencantado, Harrison Ford, que ha necesitado siete años de trabajos con el Photoshop para volver a parecer un treintañero, viaja a Los Ángeles para pedirle a Tyrell que le ponga fecha de caducidad a su androide, por el amor de Dios. Desgraciadamente, Tyrell lleva meses de baja con una extraña afección que le coloca los ojos en el ombligo cada vez que juega al ajedrez, así que Deckard decide visitar a J. F. Sebastian. Éste, que parecía tonto, se ha dejado de juguetes estúpidos y se ha fabricado un harem con cientos de copias de Daryl Hannah. Deckard decide que se queda a vivir allí. Como ya tenemos unos añitos, y todo exceso es malo, al cuarto día de "trabajar" en el harem, no precisamente de eunuco, le da un infarto y se muere. Edward James Olmos encuentra el cadáver putrefacto de Deckard en un contenedor de basura y le entierran en una caja de cartón con una figurita de origami con forma de Alien. Mientras tanto, Rachel se enamora de una cabra eléctrica, se casan por la Iglesia de los Replicantes Apostólicos y tienen como hijos a dos tuerquecitas llamadas Roy y Leon, y son felices. End.


La figurita Lego de Deckard. Bonito abrigo.

22/10/09

Un poco de humor

Blade Runner (Parte VI) - La parodia
Un pequeño homenaje a Manel Fontdevila y Monteys, los creadores de "Para tí, que eres joven" cuyas tiras tanto me han hecho reír. Corred a comprar los libros, que no se diga... Ya sé que esperábais otra sesuda reseña, pero no vamos a estar todo el rato acartonaos, ¿no? Y además el fin de semana está ahí mismo, como quien dice...
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Más que mil palabras

Blade Runner ( Parte V) - Las imágenes











Un experimento sobre un clásico (y 2)

Blade Runner ( Parte IV) - En contra
Es curioso lo que sucede con Blade Runner y otras películas de culto. Su fama, merecida o no, ha ido creciendo, y hoy en día nadie se atreve a criticarla. Los defectos de la cinta, (por supuesto que los hay) van teniendo con el paso del tiempo menos y menos importancia. Lógico. El cine de hoy en día va recurriendo cada vez más a los recursos fáciles y los efectismos. No hace tanto tiempo Ridley Scott era un director bastante mediocre, y aficionado en demasía a la cámara lenta. En la película 1492 algunas escenas parecen un anuncio de colonia, y lo mismo en Gladiator (de ahí tal vez que no se llevara el óscar al mejor director). La formación de Mr. Scott en la publicidad, desde luego, no le ayuda. El otro recurso, además de la cámara lenta, que se usa en Blade Runner, es la voz en off. Aunque se ha utilizado mucho en el cine negro, el narrador de fondo es un recurso barato en general, y, si la narración es buena, no debería ser necesario. Algo pasa en Blade Runner para que esa voz en off fuera imprescindible en la versión comercial. De hecho, el montaje del director no es comprensible sin las explicaciones de la versión comercial. Por lo demás, los recortes de presupuesto hicieron que en lugar de los siete replicantes que escaparon de la mina espacial, como se dice al comienzo de la película, Deckard sólo tenga que eliminar a cuatro; y no sólo éso, sino que, desgraciadamente, la película avanza a trompicones, deprisa, sin transiciones, para ahorrarse un puñado de dólares -como diría el bueno de Sergio Leone-. Blade Runner es la música de Vangelis, el diseño, la ambientación, las luces. Nada más y nada menos. La supuesta historia del replicante que ama la vida (como tan erróneamente dice la voz en off de Deckard al final de la película) está a punto de perderse por un tempo que no está siempre conseguido, y algunas escenas de violencia prescindible. La química entre Harrison Ford y Sean Young es inexistente por no decir de risa (parece ser que en el rodaje casi se matan, y éso al final se nota); y el guión, incluído cambios de guionistas y ligera inspiración en el libro de Philip K. Dick -que es completamente distinto- se nota imperfecto, incompleto (incluído que la famosa frase que cierra el discurso final de Roy, los recuerdos perdidos como lágrimas en la lluvia, fue idea de Rutger Hauer). Una película mediocre, ni buena ni mala, pero aupada en un podium gracias a los sonrojantes esperpentos como Transformers, Ataques de los Clones y Matrix Revolutions que han llegado después.


"Ay Sean, Sean, no sé si besarte o estrangularte"


21/10/09

Un experimento sobre un clásico (1)

Blade Runner ( Parte III ) - A favor
Harrison Ford es un policía cínico y desencantado. Como buen Marlowe de un siglo XXI que nunca será como lo imaginamos, se rodea de mujeres fatales, superiores hipócritas, callejones oscuros en los que siempre llueve. Blade Runner es una historia de cine negro sobre dos personajes: un robot amoral obsesionado con la vida y un asesino con escrúpulos. Alrededor, las persianas del edificio de la Tyrell bajan despacio sumiendo a Sean Young y a su traje ajustado estilo años cuarenta en una penumbra rojiza. Deckard buscar escapar de todo, terminar con su último encargo y desaparecer de la ciudad de locos en la que Los Ángeles se ha convertido. Y si es con Rachel mejor. Rutger Hauer quiere más tiempo; es en realidad un enfermo terminal, pero tiene contra quién rebelarse y a quién echar la culpa. Lo mejor de esta película es lo que no se muestra, lo que no sucede: las dudas (más bien certezas) de Harrison Ford sobre su origen replicante; el miedo que atenaza a esos robots perfectos siempre en huída; el creador orgulloso y ciego (doblemente ciego, como en aquella terrible pero maravillosa escena en la que el hijo mata al dios); la escena de sexo, que no de amor, en la que el robot debe ser sometido; la falta de ética de Roy, un niño asustado de cuatro años encerrado en el cuerpo de un superhéroe. Nada es casual en Blade Runner: el detective obsesionado con la papiroflexia, el ingeniero disminuído, la obsesión por los ojos que recorre toda la película (desde el test Voight-Kampf hasta el búho de Rachel, como si fueran los ojos la puerta hacia el alma en una película que se pregunta qué es éso, dónde está). El marco perfecto de la música electrónica de Vangelis, junto con la iluminación, la dirección artística, el cast impresionante o un guión que se fue completando durante el rodaje (al estilo de Casablanca) son sólo detalles técnicos y por lo tanto fríos. Como le ocurre a los personajes de la cinta, es difícil distinguir al robot del humano, distinguir qué es el alma, dónde reside. El alma de Blade Runner es inaccesible, pero sus fotogramas destilan magia y están tan vivos, o tan muertos, como Roy, como Deckard, como nosotros, porque, quién vive.



20/10/09

De cómo la realidad supera a la ficción

Blade Runner ( Parte II ) - Cómo se hizo
A la sexta va la vencida, o éso debe pensar Ridley Scott, porque la última (hasta el momento) versión de la película se subtitula "El Montaje Definitivo", como si en esta vida pudiera haber algo definitivo aparte de la muerte y las trompetas del Apocalipsis (y si eres católico, ni éso). Vuelvo a ver este enésimo montaje y no encuentro grandes diferencias. El DVD, delator inmisericorde, incluye además el "final comercial", demostrando que, después de más de 25 años, todavía no tenemos muy claro con que final quedarnos. A mí, que soy lector macho como diría Cortázar, me da absolutamente igual que termine así o de la otra manera (o en una lancha motora con Jack Lemmon confesando que es un hombre), porque una película dura dos horas y si la faena se remata correctamente nos vale (desconfíe, joven lector, de esas cintas con finales de giro inesperado, en los que sólo la sorpresa final les da sentido: son por lo general huecas y no soportarán una segunda visita). Además de esta ambivalencia en la conclusión, el DVD incluye un Cómo se Hizo de unas 6 horas que es casi más interesante que la película. Me debato entre desvelar algunos datos o no: a fin de cuentas, sería como destripar el argumento, y este documental merece la pena verse. Un rodaje lleno de actores "llenos de personalidad" (Sean Young y Rutger Hauer como aperitivo), con cambios de guionista, de productora, recortes de metraje y presupuesto, muertes inesperadas y en general mal rollo después de rodar semanas y semanas de noche y con lluvia artificial. Por encima de los rodajes fríos y perfectos en fechas, presupuesto y respetando 100% el guión, de los que presumen ciertos directores, algunas obras maestras tienen por contra rodajes costosos, improvisaciones, añadidos y sustituciones de última hora. Tal vez sea éso lo que las hace estar vivas.
 

19/10/09

Ritos iniciáticos

Blade Runner ( Parte I ) - Lágrimas en la lluvia
Decir que Blade Runner fue mi bautizo en el cine adulto sea tal vez decir demasiado. Lo cierto es que tuvo bastante de iniciación. Quedan algunas veces (pocas) en la vida momentos especiales, que vuelven de cuando en cuando; de los que no se recuerdan, quizá, salvo uno o dos detalles absurdos, y una sensación. Yo recuerdo la sensación fantástica al final de la película: las puertas del ascensor se cierran sobre Deckard y nos asaltan las letras sobre negro con la música de Vangelis. Queda el regusto amargo de la historia, también las preguntas sobre el film, que han de reposar. La primera vez que vi Blade Runner fue en una proyección gratuíta en el centro cultural de la Caja Rural, en la Plaza de Fuente Dorada de Valladolid, que está muy cerquita de la Plaza Mayor. Tendría yo dieciocho años, y hambre de cultura y de experiencias y de cosas distintas de las que se pueden encontrar en una ciudad pequeña y conservadora (de provincias, para entendernos). Yo había crecido con los Goonies, los Gremlins, la Jungla de Cristal, y había visto Sin Perdón como si una bofetada me despertara por dentro cosas, cuando yo esperaba haber visto otro Silverado (tiros, buenos y malos). Después leí sobre aquella película de culto del 82, y un día se me apareció la oportunidad de verla en aquella salita de sillones incómodos. No había por entonces redes P2P ni DVD a 6 euros, así que no era una oportunidad de dejar pasar. Fue la primera vez que iba al cine yo solo. También la primera película que vi en versión original subtitulada. Y tuve la suerte de que era el montaje del director, que mejora bastante la cinta original. Se apagan las luces de la sala, y se encienden otras: las del edificio de la corporación Tyrell, los coches voladores, las llamas en los tejados, la luz en la pupila durante el test Voight-Kampff.


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