22/10/09

Un experimento sobre un clásico (y 2)

Blade Runner ( Parte IV) - En contra
Es curioso lo que sucede con Blade Runner y otras películas de culto. Su fama, merecida o no, ha ido creciendo, y hoy en día nadie se atreve a criticarla. Los defectos de la cinta, (por supuesto que los hay) van teniendo con el paso del tiempo menos y menos importancia. Lógico. El cine de hoy en día va recurriendo cada vez más a los recursos fáciles y los efectismos. No hace tanto tiempo Ridley Scott era un director bastante mediocre, y aficionado en demasía a la cámara lenta. En la película 1492 algunas escenas parecen un anuncio de colonia, y lo mismo en Gladiator (de ahí tal vez que no se llevara el óscar al mejor director). La formación de Mr. Scott en la publicidad, desde luego, no le ayuda. El otro recurso, además de la cámara lenta, que se usa en Blade Runner, es la voz en off. Aunque se ha utilizado mucho en el cine negro, el narrador de fondo es un recurso barato en general, y, si la narración es buena, no debería ser necesario. Algo pasa en Blade Runner para que esa voz en off fuera imprescindible en la versión comercial. De hecho, el montaje del director no es comprensible sin las explicaciones de la versión comercial. Por lo demás, los recortes de presupuesto hicieron que en lugar de los siete replicantes que escaparon de la mina espacial, como se dice al comienzo de la película, Deckard sólo tenga que eliminar a cuatro; y no sólo éso, sino que, desgraciadamente, la película avanza a trompicones, deprisa, sin transiciones, para ahorrarse un puñado de dólares -como diría el bueno de Sergio Leone-. Blade Runner es la música de Vangelis, el diseño, la ambientación, las luces. Nada más y nada menos. La supuesta historia del replicante que ama la vida (como tan erróneamente dice la voz en off de Deckard al final de la película) está a punto de perderse por un tempo que no está siempre conseguido, y algunas escenas de violencia prescindible. La química entre Harrison Ford y Sean Young es inexistente por no decir de risa (parece ser que en el rodaje casi se matan, y éso al final se nota); y el guión, incluído cambios de guionistas y ligera inspiración en el libro de Philip K. Dick -que es completamente distinto- se nota imperfecto, incompleto (incluído que la famosa frase que cierra el discurso final de Roy, los recuerdos perdidos como lágrimas en la lluvia, fue idea de Rutger Hauer). Una película mediocre, ni buena ni mala, pero aupada en un podium gracias a los sonrojantes esperpentos como Transformers, Ataques de los Clones y Matrix Revolutions que han llegado después.


"Ay Sean, Sean, no sé si besarte o estrangularte"


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