23/10/09

Otra perogrullada

Blade Runner ( y VII ) - La segunda parte
No quisiera finalizar la semana de Blade Runner sin proponer una de mis maldades favoritas: una secuela. Imaginemos que Harrison Ford se despierta un día por la mañana tempranito en su cama redonda del rancho Henry Jones Junior. Calista sigue durmiendo, y nuestro querido actor se mira en el espejo del techo y se dice que falta mucho para la quinta parte de Indiana y que sería buena idea hacer una secuela de aquella película que hizo con ese tal Ridley (en la vida real no pueden ni verse), ésa con tantas luces, con un robot con cara de loco. El guión podría ser éste: Deckard huye con Rachel a una comuna cyberpunk autosuficiente de ganaderos y agricultores (las ovejas son eléctricas, pero qué importa). Pronto descubre que la vida con Sean Young es una lata, que la palabra histérica se le queda corta y que ha desarrollado, como buen replicante sin fecha de caducidad, una extraña adicción al calimocho-nexus (que es una mezcla de tintorro y aceite para coche). Desencantado, Harrison Ford, que ha necesitado siete años de trabajos con el Photoshop para volver a parecer un treintañero, viaja a Los Ángeles para pedirle a Tyrell que le ponga fecha de caducidad a su androide, por el amor de Dios. Desgraciadamente, Tyrell lleva meses de baja con una extraña afección que le coloca los ojos en el ombligo cada vez que juega al ajedrez, así que Deckard decide visitar a J. F. Sebastian. Éste, que parecía tonto, se ha dejado de juguetes estúpidos y se ha fabricado un harem con cientos de copias de Daryl Hannah. Deckard decide que se queda a vivir allí. Como ya tenemos unos añitos, y todo exceso es malo, al cuarto día de "trabajar" en el harem, no precisamente de eunuco, le da un infarto y se muere. Edward James Olmos encuentra el cadáver putrefacto de Deckard en un contenedor de basura y le entierran en una caja de cartón con una figurita de origami con forma de Alien. Mientras tanto, Rachel se enamora de una cabra eléctrica, se casan por la Iglesia de los Replicantes Apostólicos y tienen como hijos a dos tuerquecitas llamadas Roy y Leon, y son felices. End.


La figurita Lego de Deckard. Bonito abrigo.

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