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10/2/12

Tres, Dos, Uno, Cero (tururús)



La Cueva de los Sueños Olvidados
Werner Herzog firma este documental, bastante correcto, que resulta ser uno de los primeros, que yo sepa, que aprovecha las supuestas virtudes de las 3D. En teoría, dichas 3D mostrarían los relieves de la cueva y las pinturas rupestres en todo su esplendor. Como yo no he visto la película con las dichosas gafas, no sé si será verdad o no, pero me permito añadir (como yo ya estoy muy mayor y muy cascarrabias) que dudo mucho que esta tecnología pueda reproducir la sensación de adentrarse en tamaña maravilla. Aunque se aprecia el intento, lo cierto es que el film se hace un poco largo, las explicaciones de los paleontólogos son bastante rústicas (muy apropiadamente, claro) y las pinturas un pelín decepcionantes. Aunque, si tienen 20.000 años como dicen, bien valen una hora y media de tu tiempo, amado lector.

Lo mejor: el (albino) epílogo.
Lo peor: demasiado sosa y aséptica. Un poco de alma no le hubiera venido nada mal.






El Origen del Planeta de los Simios
Los productores de esta mediocridad deben de haber visto la serie de El Equipo A y habrán pensado "seguro que si en nuestra película no muere nadie, nos bajan la calificación a NR-12 o menos". En realidad, nadie con más de doce años (de edad mental, corrijo) debería arrimarse demasiado a estos monos de ordenador, en la precuela de una película digna aunque un tanto sobrevalorada como es El Planeta de los Simios (de las secuelas mejor no hablemos). El principio parece que no está mal, pero el film enseguida pierde fuelle y se pierde en una imposible relación paterno-filial entre mono y hombre, para continuar con algunas incongruencias de guión y rematar atropellándose con un desenlace chusco, como si ya tuviéramos ganas de irnos para casa. Y muy ciertas que son, por cierto.

Lo mejor: la idea. Y la dirección, bastante firme.
Lo peor: personajes mal construídos y la sensación de tomadura de pelo que provocan algunas escenas y giros de la trama.





Lluvia de Albóndigas 
Hoy en día le llaman película a cualquier cosa.  Lo malo no es la calidad, a medio camino entre los dibujos de El Inspector Gadget y Pocoyó –vamos, de puro telefilm-. Lo malo es que, aunque la idea de partida es interesante, el tratamiento casi obsceno y estrecho de miras resulta aberrante -con el hambre que hay en el mundo vaya-. Pese a algunos aciertos, da la impresión de que se han agitado una serie de tópicos dentro de una cocktelera un pelín gamberra, así que el resultado no hay por dónde cogerlo. Así las cosas, estirando, estirando, llegamos a los ochenta minutos en una película que a lo mejor entretiene a los niños de tres años. No sé, digo.

Lo mejor: los detalles absurdos, y los imperdibles títulos de crédito finales.
Lo peor: que se nos queda una cara como al de la foto de abajo.





Cowboys & Aliens
Película de la que se pueden decir muchas cosas, y ninguna buena. El argumento ya asusta, pero el film, en lugar de hacer broma y convertirse en cómplice del disparate, se posiciona en una postura chulesca y se convierte en un caza-monstruos más, ya sean vaqueros, starship troopers o troll hunters. Yo no sé qué hacen Daniel Craig, Harrison Ford, Spielberg o el director de la más que correcta Iron Man en este engendro. Lo peor no es que el resultado sea infame, es que nos gastemos el dinero en hacer películas así. Tremenda.

Lo mejor: los paisajes.
Lo peor: que es muy mala.




Pues nada, una vez perpetrado este engendro, vamos a por la segunda parte... ¿Cowboys and Aliens vs. el espectador de buen gusto? Ahorrando eufemismos vaya.


27/8/11

Las polaroids de Blade Runner

Sabor a clásico
Sean Young tiene fama de locuela psicótica, y cuando el río suena, agua lleva. Pero nos da igual. Nos quedamos con su personaje de Rachel en Blade Runner, frágil, elegante, torturado e irresistible. Además, la Young demuestra tener buen ojo con esta serie de polaroids tomadas durante el rodaje del clásico. Hay una treintena de fotografías en su web oficial, de diseño feísta y horripilante foto de portada (adjunto link, para los amantes de las emociones fuertes). He aquí una pequeña muestra; impagable la foto de Harrison Ford, un poco payasete. Qué tiempos. Siguen hablando de esa precuela de Blade Runner que Ridley Scott dirigirá después de la precuela de Alien. Pa´echarse a temblar, afirmo.







22/2/11

La Guerra de las Galaxias

Mitología galáctica
 1. El Reto
Solamente hay un puñado de películas míticas: ésas de las que ya se ha dicho todo, que sobrepasan el umbral del celuloide para convertirse en cultura popular, en historias tan reales y tan conocidas o más como los grandes imperios de la historia, o como la historia (más reducida que la otra, igual de interesante) de nuestras propias familias o amigos. Vuelvo a ver Star Wars, ahora en la BBC, y sin quererlo me vuelve a atrapar y termino viéndola de principio a fin. Enfrentarse a una crítica a tumba abierta sobre una película sobre la que se ha dicho todo y más es misión imposible. Para una generación que ya no cree en Jesucristos ni en el trabajo para escapar del hambre, ni siquiera en las frases del Mayo del 68, Star Wars es simplemente un nuevo credo, una renovación del romanticismo del diecinueve, un ideario infantilón y desparramado para una clase media donde la guerra fría está terminanda, que ya ha hecho sus revoluciones y que se prepara para acomodarse en su sillón y ver caer al imperio mientras China, India, los pueblos árabes, Sudáfrica o Brasil se levantan, para ver caer occidente y a la vez levantarse a otros pueblos con más ambición y/o necesidad. ¿Qué tiene que ver Star Wars con la crisis actual? Seguramente todo (o casi todo, no le neguemos a facebook y la wikipedia su granito de arena), entendida como credo del absurdo, como nueva droga que no deja espacio para nada más en las mentes ociosas.


2. La Película.
Lucas nunca ha sido un director de cine sobresaliente, pero hay que quitarse el sombrero con Star Wars y, sobre todo, con la segunda parte del metraje. Ahora estamos acostumbrados a los efectos especiales y a los montajes tipo CSI o MTV (hasta las siglas son signo de los tiempos), pero a finales de los setenta ni siquiera Spielberg había sembrado todavía las bases de las películas de acción actual. El asalto a la Estrella de la Muerte es cine con mayúsculas, alejado de esas batallas por ordenador que adornan (es un decir) la trilogía que Lucas vomitó en esta década pasada. Luke Skywalker es un granjero vestido de karateka que sabe pilotar naves espaciales, y Han Solo, un vaquero que habla con un perro gigante. Obi Wan es un tipo que se ha pasado en una cueva veinte años y Darth Vader un Robot-samurai con poderes telepáticos que por exigencias del guión debe obedecer a Peter Cushing. Arranca la película, y los moradores de las arenas y los muñecos de trapo de la cantina de Mos-Eisley están más cerca de la vergüenza ajena que del film de culto (de hecho Lucas trató de animar esa parte por ordenador, más tarde, estropeando más que arreglando las cosas, claro). Es el Halcón Milenario el que vendrá a animar la función con su salto al hiperespacio y sus combates contra los tie-fighter. El espacio le va mejor a Star Wars que los combates de tierra (recordemos la luna de Endor, aunque salvando el ataque de los AT-AT de la segunda parte) y sin duda el diseño entre galáctico y anticuado (como si un tanque de la Primera Guerra Mundial hubiera viajado hasta Tatooine y los moradores de las arenas lo hubieran tuneado) le viene mucho mejor que las formas curvilíneas de computadora que vimos en la nueva trilogía. Alec Guinness, Harrison Ford y un guión sencillote, que como buen clásico arranca en una granja perdida y termina en una estación de combate tan grande como un satélite, redondean una historia que treinta y tantos años después es ya imposible de separar de…



3. El Mito
Las películas de aventuras clásicas se inspiran en ambientes y personajes tan viejos como las historias de Homero o de las Mil y Una Noches. Espadachines del medievo, piratas o westerns son las tramas que hicieron famosos a Burt Lancaster o Errol Flynn. La llegada del hombre a la Luna y la carrera espacial desembocan en la ciencia ficción con 2001, pero las auténticas aventuras espaciales, que ya estaban en tebeos con Buck Rogers o el mismo Supermán, desembocan en cine de la mano de Star Wars (y, en otra escala, Star Trek). La creación de un universo diferente, estrambótico, poblado de razas y seres mitológicos, es un patrimonio de Ovidio y las historias griegas que ya había recogido Tolkien en los años treinta y cuarenta. Lucas no inventó casi nada en Star Wars, sino que dotó a su universo de un eclecticismo y una fuerza visual sin precedentes, y lo sirvió acompañado de (y he aquí su invención) el merchandising. No sólo los muñecos o los tebeos, sino los yogures, los cereales, las camisetas, todo lo imaginable lleva, hoy en día, y en su momento, el sello de Star Wars. El imperio Lucas sigue creciendo y ha batido records este 2010, pese a la crisis. ¿Es acaso casualidad que, en tiempos difíciles, Lord Vader y los suyos vendan más que nunca?

Nada es casual y mucho menos ésto. Star Wars llegó (y llega) en el momento justo. Terminada la guerra de Vietnam, muertos los sesenta y a las puertas de los hedonistas años ochenta, el público está preparado para el cine de masas (ya lo demostró Tiburón, y luego vendrían ET y otras tantas) y también para el consumismo más estúpido. El fenómeno de los fans ya existe, con las estrellas de cine -desde las películas mudas- y de la música -arrancando con Elvis y los Beatles-, pero este nuevo culto se basa en personajes de ficción y en vehículos y construcciones totalmente originales. Seguramente ya estamos hartos de cadillacs y Clark Gables y R2-D2 apetece como algo original y sorprendente. El noventa por ciento del éxito de Star Wars es diseño, no cabe duda, y la imaginación que ninguna otra saga, ni El Señor de los Anillos, ni Harry Potter, ni siquiera Star Trek, ha sabido igualar.



4. La Conclusión
Vaqueros perseguidos por lagartijas gigantes y robots dorados traductores que se arman y desarman cual figurita de lego, princesas de peculiar peinado, combates aéreos de la Primera Guerra Mundial trasladados al espacio y estaciones orbitales que pueden ser destruídas con dos pequeños misiles en el punto exacto. Fuerzas místicas y, sobre todo, sables láser. La conclusión es que, de esta mezcla de delirios, uno diría que no puede salir nada bueno. La Guerra de las Galaxias no es una obra maestra, ni siquiera, tal vez, según los cánones, es una gran película. No, Star Wars es mucho más que éso: juega en otra liga. Y mola.


Te queremos, Lord Vader, aunque seas un poco cardo.

24/5/10

La semana y media de Indiana Jones (IV)

Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal

Savia nueva
Indiana Jones ha cumplido los cincuenta y es un veterano de la Segunda Guerra Mundial. Su hijo es un motero rebelde que da clases de esgrima, y su madre es una mujer peleona que, entrada en años, sigue conservando en la mirada esa chispa de la Marion de En Busca del Arca Perdida. En la época de la guerra fría, los enemigos han de ser los rusos y el McGuffin algo más relacionado con la bomba atómica, con el Área 66 tal vez. Con estos mimbres sencillos se recuperaba hace un par de años al personaje, con un Harrison Ford mayor, pero aún en forma, y un casting un poco dispar (incluyendo a un gran malvado, interpretado por la gran Cate Blanchett). Hubo muchas críticas para esta película, a la que se considera indigna sucesora de la trilogía original. Lo cierto es que, sin llegar a la brillantez de esas películas (no es tan fácil redondear una obra maestra como En Busca del Arca Perdida), la cuarta parte contiene suficientes escenas memorables, guiños a la saga y a sus personajes y, en general, buen hacer, para ser considerada un film más que decente. A todos nos hubiera gustado que fuera mejor, las expectativas eran grandes, pero lo cierto es que el nivel se mantiene excepto en algunos momentos, más cercanos al universo Lucas tal vez que al Spielberg oscuro que arranca en los 90 y culmina en Munich (una película tremenda y valiente sobre el odio, de indigesto visionado). Quizás para limpiarse de tanto mal rollo como desprende Munich necesitaba Spielberg esta continuación, lo mismo que Harrison Ford para relanzar su agonizante carrera o Lucas para seguir haciendo caja con las figuritas de Lego. Lo cierto es que los extraterrestres pegan bastante con el universo de búsquedas mitológicas de Indy (porque para un ateo lo mismo da el Santo Grial que la Caja de Pandora), y no me molesta demasiado el personaje de Shia Lebouf ni el viaje atómico en el interior de una nevera (es más, creo que es tan divertido como la caída en balsa desde el avión de El Templo Maldito). El espíritu se mantiene, la calidad técnica sigue estando (con algo menos de garra, pero sigue ahí). Somos nosotros los que, en estos veinte años desde La Última Cruzada, hemos ido cambiando, viendo cine, volviéndonos más exigentes. Habrá tal vez que esperar otros veinte años para, vista con el tiempo, colocar esta Calavera de Cristal en el lugar que le corresponde.



Una familia tradicional americana de los años cincuenta (bazooka incluído)

21/5/10

La semana y media de Indiana Jones (III)

Indiana Jones y La Última Cruzada

Ocaso
La tercera entrega de la saga es una gran película de aventuras que deja un regusto extraño a lugares ya visitados y a una cierta infantilización del personaje. Se buscaba volver a la temática de la primera parte, y repetimos tanto enemigo como un McGuffin de tradición cristiana, que a fin de cuentas es más familiar para el gran público de occidente, pero que no es tan original como la Secta Togi y las piedras mágicas de El Templo Maldito. Tenemos además la aparición de uno de los personajes más emblemáticos del universo Indy, que es en mi opinión un error mayúsculo: un actor del carisma y las tablas de Sean Connery le roba a Harrison Ford todo el protagonismo, con lo que el personaje principal de la película pierde fuerza, y con él, el resto del film. Algunos no estarán de acuerdo en que la aparición de Sean Connery sea un punto negativo, pero para mí lo es, y en especial las escenas de humor que protagonizan él y Delhom Elliot (Marcus Brody), que rebajan la categoría unas décimas. Tampoco la fotografía de Slocombe me parece demasiado acertada, y es extraño, porque en las dos entregas previas la ambientación y la luz son prodigiosas. La chica es bastante sosa, un error de casting, y la muerte del malo final se produce por su codicia y de manos del objeto mágico a buscar (como siempre en la saga) pero es más flojita que en el resto de las películas (y aquí incluyo a la cuarta parte, ya que Irina Spalko sí está a la altura de los malos de la saga, no como Donovan en esta La Última Cruzada).

Aparte de todo esto, que no es poco, la tercera parte es un digno colofón a la trilogía. El comienzo con River Phoenix es brillante, así como la tensión de las pruebas finales. Es cierto que el listón estaba muy alto, pero, ya sea por el agotamiento de la fórmula, o porque Lawrence Kasdan es un guionista muy caro y Lucas andaba flojo de dinero (¡!), el caso es que, vista con un poco de distancia, es la película de las cuatro que menos me interesa. El conflicto psicológico de Spielberg con sus padres divorciados y su obsesión por las relaciones padre-hijo, que hemos visto en tantas de sus películas, deja muy tocadas ésta y su continuación. También Lucas empezaba a perder fuerza, no en vano ya en el 86 había dado el gran patinazo como productor con las aventuras de Howard el pato... Afortunadamente el carisma del personaje (difuminado en las dos últimas, inmenso héroe en las dos primeras) y el firme pulso de Spielberg en la dirección (que aunque no trabaja tan en serio como en otros proyectos más personales, siempre tiene algún detalle de la casa) consiguen que todas sean buenas películas. La escena final de La Última Cruzada, con sus cuatro jinetes cabalgando hacia un inmenso sol poniente, simboliza el ocaso de un cine de aventuras que ha desaparecido, en función de los efectos especiales por ordenador, de los cambios de planos continuos y mareantes, de los ruidos y de las explosiones sin ton ni son. Es un punto final estupendo a una trilogía soberbia, sólo superado por la escena final (entrañable, magnífica) de La Calavera de Cristal.

20/5/10

La semana y media de Indiana Jones (II)

Indiana Jones y El Templo Maldito

Trepidante
Tres años después de la primera parte, Spielberg y Lucas entregan un salto mortal con tirabuzón: una película excesiva, gamberra, en dura pugna con En Busca del Arca Perdida por el podio de mejor película de aventuras de la historia. Harrison Ford es más Indiana Jones que nunca: camisa rota, bíceps de gimnasio, barba de cuatro días y viaje al lado oscuro incluído. Su aparición en las minas, con esa fotografía en rojo, látigo en mano y postura chulesca es sin duda la mejor presentación de un héroe desde la vuelta de Winchester de John Wayne en La Diligencia. Para muchos, es la peor entrega de la trilogía original, lugar que yo reservo para la (más flojita) tercera parte. Escenas como el número musical de apertura, el descenso desde el avión en balsa hinchable, el pasillo inundado de insectos (reales, por cierto), la operación a corazón abierto sin anestesia de Mola-Ran, la persecución de vagonetas, o la escena final en el puente, están grabadas en la retina de muchos que, como yo, asistimos hace veinticinco años a un espectáculo cinéfilo que nunca habría ya de repetirse. Hay quien tacha la película de oscura o de desagradable, quien se queja de que el personaje de Kate Capshaw está mal construído (el mismo Spielberg, sin ir más lejos) o a quien le parece todo un disparate increíble, un juego de niños, una aburrida sucesión de trompadas sin sentido. Porque no se dejan soñar, tal vez. Pero no es así, hay algo indescriptible en ese celuloide de rojo y humo. Algo que es mejor disfrutar como niños -otra vez- en la butaca. Indy busca fortuna y gloria por medio de las Piedras Sankhara, y nosotros, por el camino, nos lo pasamos pipa. Una montaña rusa poderosa e inmortal, mil veces imitada sin acercarse de lejos a su estilo, encumbrada a cine clásico por méritos propios.

22/10/09

Un experimento sobre un clásico (y 2)

Blade Runner ( Parte IV) - En contra
Es curioso lo que sucede con Blade Runner y otras películas de culto. Su fama, merecida o no, ha ido creciendo, y hoy en día nadie se atreve a criticarla. Los defectos de la cinta, (por supuesto que los hay) van teniendo con el paso del tiempo menos y menos importancia. Lógico. El cine de hoy en día va recurriendo cada vez más a los recursos fáciles y los efectismos. No hace tanto tiempo Ridley Scott era un director bastante mediocre, y aficionado en demasía a la cámara lenta. En la película 1492 algunas escenas parecen un anuncio de colonia, y lo mismo en Gladiator (de ahí tal vez que no se llevara el óscar al mejor director). La formación de Mr. Scott en la publicidad, desde luego, no le ayuda. El otro recurso, además de la cámara lenta, que se usa en Blade Runner, es la voz en off. Aunque se ha utilizado mucho en el cine negro, el narrador de fondo es un recurso barato en general, y, si la narración es buena, no debería ser necesario. Algo pasa en Blade Runner para que esa voz en off fuera imprescindible en la versión comercial. De hecho, el montaje del director no es comprensible sin las explicaciones de la versión comercial. Por lo demás, los recortes de presupuesto hicieron que en lugar de los siete replicantes que escaparon de la mina espacial, como se dice al comienzo de la película, Deckard sólo tenga que eliminar a cuatro; y no sólo éso, sino que, desgraciadamente, la película avanza a trompicones, deprisa, sin transiciones, para ahorrarse un puñado de dólares -como diría el bueno de Sergio Leone-. Blade Runner es la música de Vangelis, el diseño, la ambientación, las luces. Nada más y nada menos. La supuesta historia del replicante que ama la vida (como tan erróneamente dice la voz en off de Deckard al final de la película) está a punto de perderse por un tempo que no está siempre conseguido, y algunas escenas de violencia prescindible. La química entre Harrison Ford y Sean Young es inexistente por no decir de risa (parece ser que en el rodaje casi se matan, y éso al final se nota); y el guión, incluído cambios de guionistas y ligera inspiración en el libro de Philip K. Dick -que es completamente distinto- se nota imperfecto, incompleto (incluído que la famosa frase que cierra el discurso final de Roy, los recuerdos perdidos como lágrimas en la lluvia, fue idea de Rutger Hauer). Una película mediocre, ni buena ni mala, pero aupada en un podium gracias a los sonrojantes esperpentos como Transformers, Ataques de los Clones y Matrix Revolutions que han llegado después.


"Ay Sean, Sean, no sé si besarte o estrangularte"


21/10/09

Un experimento sobre un clásico (1)

Blade Runner ( Parte III ) - A favor
Harrison Ford es un policía cínico y desencantado. Como buen Marlowe de un siglo XXI que nunca será como lo imaginamos, se rodea de mujeres fatales, superiores hipócritas, callejones oscuros en los que siempre llueve. Blade Runner es una historia de cine negro sobre dos personajes: un robot amoral obsesionado con la vida y un asesino con escrúpulos. Alrededor, las persianas del edificio de la Tyrell bajan despacio sumiendo a Sean Young y a su traje ajustado estilo años cuarenta en una penumbra rojiza. Deckard buscar escapar de todo, terminar con su último encargo y desaparecer de la ciudad de locos en la que Los Ángeles se ha convertido. Y si es con Rachel mejor. Rutger Hauer quiere más tiempo; es en realidad un enfermo terminal, pero tiene contra quién rebelarse y a quién echar la culpa. Lo mejor de esta película es lo que no se muestra, lo que no sucede: las dudas (más bien certezas) de Harrison Ford sobre su origen replicante; el miedo que atenaza a esos robots perfectos siempre en huída; el creador orgulloso y ciego (doblemente ciego, como en aquella terrible pero maravillosa escena en la que el hijo mata al dios); la escena de sexo, que no de amor, en la que el robot debe ser sometido; la falta de ética de Roy, un niño asustado de cuatro años encerrado en el cuerpo de un superhéroe. Nada es casual en Blade Runner: el detective obsesionado con la papiroflexia, el ingeniero disminuído, la obsesión por los ojos que recorre toda la película (desde el test Voight-Kampf hasta el búho de Rachel, como si fueran los ojos la puerta hacia el alma en una película que se pregunta qué es éso, dónde está). El marco perfecto de la música electrónica de Vangelis, junto con la iluminación, la dirección artística, el cast impresionante o un guión que se fue completando durante el rodaje (al estilo de Casablanca) son sólo detalles técnicos y por lo tanto fríos. Como le ocurre a los personajes de la cinta, es difícil distinguir al robot del humano, distinguir qué es el alma, dónde reside. El alma de Blade Runner es inaccesible, pero sus fotogramas destilan magia y están tan vivos, o tan muertos, como Roy, como Deckard, como nosotros, porque, quién vive.



16/9/09

Suma y sigue

Indiana Jones V
Parece ser que los miércoles es el día de las secuelas; y no me refiero solamente a las psicológicas (que las habrá, sin duda) sino a las continuaciones de películas de éxito. Excepto El Padrino II, y la cuarta parte de La Bola de Cristal (¿o ésa no era una película?), la mayoría son inferiores a las originales por alguna extraña ley metafísica, y siempre de acuerdo a la sucesión de Fibonacci (es decir, una progresión geométrica en caída libre y sin frenos). Habrá quien se extrañe de que pueda haber otra película de Indy, con Harrison Ford rozando las setenta castañas y, lo que es peor, conviviendo con Calista desde hace años. Bueno, pues se rodará en cuanto el guión esté listo, aunque para saber éso no necesitábamos de un anuncio oficial. La cuarta entrega recaudó casi 800 millones de dólares, que como podéis suponer es mucho dinero (vamos, que no lo gano yo todos los días). Y aquí los tres mosqueteros Lucas, Spielberg y Ford, que se pasaron con el presupuesto unos milloncejos de nada (que se fueron al doble, vaya, y es que los extraterrestres infográficos tienen unos salarios de aúpa), renunciaron a su sueldo a condición de cobrar un porcentaje de los ingresos si la peli sobrepasaba los 400 millones. Como resultado, dicen las malas lenguas que se embolsaron unos 90 millones de dólares cada uno, lo que haría que Ford sea el actor mejor pagado de la historia. Como lo oís. Así que tendremos Indiana Jones para rato, sea en el geriátrico o con Harrison Ford embalsamado cuan momia de Tutankamon, sombrero en ristre y animado por el espíritu del gran marionetista Jim Henson, que quizá vuelva de la tumba porque, bueno, por 90 millones de dólares, lo que haga falta, ¿no? Si es que me hierve la sangre con estas cosas; yo hoy había pensado hablar de John Williams, como me había recomendado mi psicólogo el Dr. Alce, pero es que el lado oscuro es tan tentador... En fin, tiemblo sólo de pensar en el título de esta nueva película: ¿Indiana Jones y el Tacatá de Oro de Moctezuma? ¿Indiana Jones y La Leyenda Perdida de la Gripe A?, ¿Indiana Jones y el Fantasma de la Gallina Dorada? Se abren las especulaciones de aquí al 2012. Y Cristiano Ronaldo con ansiedad. Malos tiempos, afirmo.

Harrison Ford, echando cuentas

21/8/09

Magia

En busca del Arca Perdida
La primera entrada ha de ser para esta película. Las hay mejores, con mejores actores (mejor dirección lo dudo) y que seguramente tengan mejores diálogos y finales memorables. Pero si el cine, además de ser una sucesión de imágenes proyectadas sobre una lona blanca, tiene algo de mágico, es en esta película donde hay que detenerse. Y sí, en otras también, pero no en todas tenemos a Harrison Ford llevando fedora y látigo. Ahora son iconos, pero no estaba tan claro hace ya casi treinta años, cuando a estos tipos, a Lucas (que desde su divorcio en el 84 no ha vuelto a ser el mismo), a Spielberg (que sigue siendo el mejor narrador de la historia, el mejor director vivo), y a Lawrence Kasdan (que borda un guión magnífico), trazaron esta mezcla perfecta de humor, de aventura, de personajes con carisma, de escenas inolvidables. Dice mi novia (cariño, un beso) que se asustó el otro día un poco comprobando que me sé los diálogos de memoria. Es cierto (no todos, ya me gustaría), pero la verdad es que cada vez que la veo, descubro algo nuevo, algún detalle, o quizá soy yo el que la miro con una perspectiva distinta. Hace poco me di cuenta del mensaje pro-semita que contiene, y que yo, acostumbrado a verla desde niño, no había visto antes. Las tablas de Moisés dando buena cuenta del ejército nazi, en una suerte de venganza anticipada (así que al final le debemos a Indy el que Netanyahu no la monte más gorda todavía, porque claro, el Arca está en manos de "nuestros expertos"). En todo caso, McGuffin propagandístico o no, da igual. Da igual que haya escenas violentas, que los submarinos no vayan por encima del agua, yo qué sé, que sea una película de tiros o que no salga Bogart. Indiana aparece de entre las sombras enrollando su látigo en la selva, y, a partir de ahí, ya sea persiguiendo camiones a caballo, huyendo de las serpientes en el Pozo de Almas o cerrando los ojos en el momento justo, todo es una oleada de magia, una corriente de energía que anticipa el final apoteósico. Habrá a quien no le guste; ya lo siento por ellos.

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