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8/8/13

Frankenweenie



Monstruoso remake
Antes de que Tim Burton y su particular universo fueran venerados (y un pelín sobrevalorados, como lo son en la actualidad), este imitador del Robert Smith de The Cure, introvertido y a veces genial, nos sorprendía con adaptaciones como el corto Frankenweenie. El film, de unos treinta minutos, se trata de un homenaje–parodia al mito de Frankestein, tal vez algo insípido, pero sin duda inteligente y con buenos detalles.
Casi treinta años después, la casa Disney realiza un remake de Frankenweenie, esta vez una película de animación con la técnica del stop-motion (que tan buenos resultados le dio a Burton en Pesadilla Antes de Navidad). Manteniendo el blanco y negro y un cierto aroma a serie B, lo cierto es que la realización no impresiona como en otras películas del género, lo cual resulta inesperado porque Tim Burton suele ser siempre fiel a su estética recargada y sorprendente. Lo que sí resulta esperado es que sea un calco del cortometraje anterior. Tan sólo un par de aportes, sin demasiada chicha, nos alejan de la trama original.
La película resulta ser tan buena, o tan mala, como era su predecesora, o si acaso algo peor, puesto que las nuevas escenas chirrían con el tratamiento más intimista del corto. La verdadera razón, pues, de este remake, está clarísima: hacer caja. Como muestra, Disney incluye el original Frankenweenie en el Blu Ray, lo que demuestra que lo importante es pagar pero que, una vez que hemos aflojado unos buenos 15 o 20 euros, ya podemos elegir la versión que más nos guste. Yo no sé qué pensará el bueno de Walt de todo esto, pero a mí me suena como a aquella película en la cual la gente primero era obligada (por ley) a poner paneles solares en sus casas (con la promesa de que les ahorraría dinero), y, una vez instalados, eran obligados (por ley) a pagar por ellos. Doble timo, como el de Fankenweenie. ¿…O acaso esto segundo no era una película?
Lo mejor: los homenajes a Godzilla o Boris Karloff.
Lo peor: que no resultan suficientes para levantar una función anodina y que ya nos sabíamos.


14/12/11

Sweeney Todd: el barbero diabólico de Fleet Street



Garganta rasgada

El bueno de Sweeney lleva ya muchos años cortando gargantas, pero hay que reconocer que el empujoncito de Tim Burton y Johnny Depp le vino de perlas para darse a conocer un poco más, pese a llevar ya dando vueltas por estos mundos desde mediados del siglo XIX. En efecto, el cuento original en el que se narran sus andanzas data de esa época –después vendrían la película de 1936 y el musical de Broadway que tuvo gran éxito en los años ochenta-. Sin duda que la historia está basada en hechos reales: tal vez, hoy en día, los rollitos de primavera de los restaurantes chinos no estén ya rellenos de sus difuntos compatriotas, pero me creo perfectamente que, en épocas de miseria extrema, más de una panadería vendía pastel de carne de una receta muy especial.

A muchos espectadores les horripilan los musicales, y otros no pueden soportar el cine de terror. Pues si no quieres caldo, toma dos tazas: Sweeney Todd lo tiene todo, canciones cursis y sangre, mucha sangre, por litros vaya. La película tuvo un éxito moderado, y, para mi sorpresa, se llevó el Globo de Oro a la Mejor Película de Comedia o Musical –lo que indica, simplemente, que no había nada mejor-. Creo que también Johnny Depp se llevó un premio, pese a que su Sweeney, en mi opinión, es lo peor de la película, enfocando el personaje como un psicópata muy serio en lugar del psicópata, algo más despistado y menos siniestro, del musical original. Hace un par de años asistí por cierto a una representación en el Teatro Nacional de Madrid, dirigida por Mario Gas, soberbia, muy divertida, mucho mejor que esta versión de Burton.

Este Sweeney Todd se me parece bastante a Sleepy Hollow, aunque ésta última me gustó más. Hay que reconocerle el reparto de campanillas, la ambientación soberbia del Londres del siglo XIX y el sentido del humor negro, negrísimo. La imagen que cierra la película, con esa escena de la Piedad cubierta en sangre, es seguramente la más brillante y poderosa estampa que ha dado Burton, cumbre de ese romanticismo oscuro de nuestros días que llaman “gótico”. Sólo por eso merece la pena ver esta película (si soportas el visionado de esa cortina de glóbulos rojos claro)

Lo mejor: la buenísima historia en que se inspira y algunos despuntes del talento de Tim Burton
Lo peor: difícil de digerir



Sweeney siempre apura a fondo...

11/11/10

¿El mismo perro con distinto collar?

Alicia en el País de las Maravillas
No es nuevo eso de colocar personajes archiconocidos en otro contexto, en el estilo de los "What If" de los comic o, como en el ejemplo más claro que se me ocurre, en La Liga de los Hombres Extraordinarios, en la que los héroes de la Inglaterra victoriana se enfrentan, en un combinado imposible, a malvados extraídos también de otras novelas. Algo así sucede en esta Alicia de Tim Burton. Los personajes (o, más bien, su carcasa, porque el espíritu aparece dislocado y traicionado por el universo del director) viven una aventura distinta de las imaginadas por Lewis Carrol.

Contra lo que pudiera parecer, y pese a las críticas negativas, la película no sólo aprueba, sino que se coloca por encima de la media de los otros filmes de Tim Burton, un tipo irregular y chiflado que se mueve muy bien en el fantástico pero que no acaba de encontrar su sitio en la ciencia ficción. Entendida como lo que es, un cuento sin demasiadas pretensiones, esta continuación de las aventuras de Alicia deja escenas para el recuerdo y un buen sabor de boca, aupada en el universo recargado y genial que resulta de la mezcla del original y de uno de los directores más creativos, sino el que más, de nuestro tiempo. Visualmente abrumadora, aunque decepcionantemente infantil y precipitada a veces, la película se refuerza en la música y en unos caracteres llenos de detalle  pero de apariciones breves, lo que aconseja incluso un segundo visionado. Sigamos en esta línea Tim.

Lo mejor: la imaginería visual y, concretamente, los naipes de metal y las desapariciones del gato sonriente. Bravo.

Lo peor: Johnny Depp, perdido dentro del envoltorio, que no del carácter, del Sombrerero Loco.



(Y los gemelos, que son un puntazo, oiga)

17/2/10

El Sombrerero Loco y el DVD

Alice in Wonderland
Es evidente que no hacía falta un remake de la maravillosa película de animación de la Disney (y menos aún con un histriónico Johnny Depp disfrazado de payasete); pero, sin embargo, ésta es una de las películas de la temporada que espero con más impaciencia. Tim Burton se mueve muy bien en ese terreno de la fantasía pura (no así en otros, como hemos podido comprobar -y sufrir- en estos años pasados, desde El Planeta de los Simios a Sweeney Todd). Por lo que se puede ver en la página oficial, la dirección artística va a ser deslumbrante, y seguramente el uso de las 3D pueda aprovecharse para conseguir algún efecto, esta vez justificado, en esas escenas de aparición-desaparición de gato rayado o en las de crece-decrece de Alicia vía dopping galletil. Para calentar motores, se han sacado de la manga ese boicot de los cines belgas y británicos, porque Disney quiere sacar el DVD a la venta a los tres meses del estreno, y no a los cuatro como se viene haciendo habitualmente. En fin, los dineros, los dineros, que nos pierden...



Sobredosis de maquillaje para celebrar el No-cumpleaños

4/1/10

Sackboys apocalípticos

Número Nueve
Parece ser que el director de este Número Nueve (cuyo nombre no recuerdo, e, intuyo, no me va a ser necesario aprender) dirigió un corto de once minutos como fin de carrera, y que a partir de éste se ha desarrollado un largometraje, producido por Tim Burton, y con la voz del actor maldito (algo así como el Rey Midas, pero a la inversa: destruye todo lo que toca) Elijah Wood. No es fácil distinguir qué le falta a esta película, pero sí qué le sobra: lugares comunes, escenas y personajes que ya hemos visto mil veces. Sobre el papel, la idea de los sackboys (o muñecos de trapo) en un planeta Tierra deshabitado y destruído suena bien. Después, lo adornamos con una animación por ordenador de las buenas, con ambientes oscuros y unas cuantas escenas de acción, y lo extendemos para que dure 70 minutos. Como idea vale; pero claro, las escenas hay que conectarlas entre sí, y los personajes deben de tener algo de carisma, y seguramente perseguir un objetivo. Bueno, yo tengo mis esperanzas puestas en la Alicia de Tim Burton, así que corramos un tupido velo sobre estos muñequitos que llevan dorsales con números escritos cuan equipo de fútbol. Ya es raro que me decepcione una película de animación: debe ser que me estoy haciendo viejo.


Sí, ya lo sé, a mí también se me ha quedado cara de póker...

2/12/09

Jack Skellington visita Nueva York

Tim Burton en el MOMA
Por fuera, Tim Burton es un hombre de unos cincuenta años, eterna y malamente disfrazado de Robert Smith, el estiloso lider de The Cure. Es además un director de cine lleno de altibajos, que nos castiga con pseudo películas del tipo El Planeta de los Simios o Charlie y la Fábrica de Chocolate, pero que nos regala Big Fish, Ed Wood o Pesadilla Antes de Navidad. Por dentro, Tim Burton debe de estar completamente loco, y, para sobrevivir a una infancia aburrida (y seguro que llena de traumas), debió de inventarse un universo paralelo, imaginativo y delirante. Esta exposición en el MOMA de Nueva York (nada más y nada menos) nos descubre -si es que alguno no se había dado cuenta- que, frente al personaje disfrazado y al directorcillo que acierta a veces, el bueno de Tim es un pedazo de artista. Dibujante excepcional, sus storyboards y diseños son una mezcla desasosegante entre el sadismo y la guardería, entre lo infantil y lo gótico. Sus personajes deformes (unas veces alargados, otras cabezones) disfrutan de craneos claveteados de alfileres o corazones de felpa a flor de piel (ya nos lo había adelantado Burton en el librito "La Melancólica Muerte de Chico Ostra", que os recomiendo comprar en Amazon, porque en España es unas cinco veces más caro). Mejor que describiros este mundo de fantasía, os adjunto un link y unas imágenes. Qué gran página web, con robots de lata machacada, escaleras imposibles y espirales, muchas espirales; y qué ganas de coger un avión a Nueva York (antes del 10 de abril) y visitar el MOMA con la excusa de viajar a los USA a comprarme unos Levi´s.














14/10/09

Pesadilla Genial

Los Mundos de Coraline
Henry Selick es el director de Pesadilla Antes de Navidad, y de la fallida James y el Melocotón Gigante. Tan fallida fue, que ha tardado trece años en volver a dirigir un largo, su obra maestra, esta vez sin la sombra de Tim Burton; pero ayudado, éso sí, por Neil Gaiman, el genial creador del cómic Sandman, auténticas historias de culto del terror para adultos, y de la que yo recuerdo especialmente la de ese hombre que recibe el castigo de soñar, una y otra vez, con su muerte, enlazando -y sintiendo como reales- en su sueño infinito una manera de morir tras otra. Supongo que ese sería el peor infierno posible, antes de que el Papa dijera que no existe, que era broma. A lo que vamos. Coraline es una película formidable, de factura perfecta. Por fin los efectos especiales y la creatividad se acompañan de una buena historia. Atrás quedan las complicaciones de Pixar en sus últimas películas para sacar a flote la buena idea inicial: Coraline es un cuento de hadas como los que nos leían de pequeños nuestros padres en la cama. Ni más ni menos. Y éso le vale para asustar. En ese mundo alternativo, incluso las imágenes que deberían ser placenteras son desasosegantes, perturbadoras en su sencillez. Nada más simple que sustituir los ojos por botones, como en una muñeca de trapo. Gaiman sabe bien que la única manera de disfrutar de una realidad perfectamente feliz es prescindir de los sentidos, de ahí esa ceguera, esa expresión en la cara que es a la vez infantil y horrible. Coraline escarba en nuestros miedos más profundos, en los de cuando teníamos cuatro años, pero lo hace sin que nos demos cuenta: el miedo a la pérdida de los padres sobre todo, pero también a esa puerta que se abre para nosotros al final del pasillo, y a esos lobos con piel de cordero, ratones de circo que son ratas, amables ancianitas que son monstruos, perros que son vampiros. Hay muchas semejanzas con la Alicia de Carroll, demasiadas tal vez, y también a los cuentos clásicos; pero éso no importa: importan, como siempre, el ritmo, las imágenes, el arte de la cinta en fin. Coraline deja un poso de miedo allí donde duermen nuestras pesadillas, y a la vez se disfruta, con unos personajes memorables, y esos dobles de botones en vez de ojos, una imagen difícil de olvidar. Ojalá hubiera más películas como ésta. Imprescindible.



3/9/09

I am the "who" when you call "Who´s there?"

Pesadilla antes de Navidad
¿En qué otra película podemos encontrar una bañera que anda, una muñeca de trapo que se cose un brazo a sí misma, un alcalde con dos caras que se alternan según su estado de ánimo, un malvado saco de gusanos aficionado a los dados y a la ruleta, un esqueleto cantarín, larguirucho y egoísta vestido de mafioso, un perro-sábana con una bombilla roja por nariz, un inventor gruñón que se levanta la tapa de los sesos (literalmente) para rascarse el cerebro, una corona de muérdago que cobra vida y ataca a las abuelitas, una tríada de niños malvados ocultos bajo máscaras venecianas, un carro conducido por esqueletos de renos reanimados cuan monstruo de Frankenstein, una banda sonora perfecta de Danny Elfman o el secuestro del mismísimo Santa Claus? Es una película para ver varias veces, disfrutar de los pequeños detalles y dejarse llevar por la música (y lamentar que Oogie Boogie no sea el protagonista en lugar del soso Jack Skeleton) y por supuesto ver en V.O.S. Sacudida por un merchandising incesante post-mortem, me es difícil recordar cómo fue aquella vez en el cine hace ya quince años (seguramente se me hizo un poco pesada, porque, después de la sorpresa de la imaginería y el bombardeo de creatividad de la escena de apertura, es imposible que no decaiga, con una historia además tan tontorrona), pero es desde luego el diseño de los personajes y ese contraste de luz gris y negra y roja lo que la hace única. Sin embargo, copia a una película del 67 que es muy poco conocida, que se llama Mad Monster Party, que también es musical, y que tiene una animación más rústica y por lo tanto con un encanto especial. Ya le dedicaremos algunas líneas un día de éstos. Con respecto a las aventuras del chico de Halloween que quiso ser Santa Claus, no sé si debemos dar las gracias a Henry Selick o a Tim Burton; claro que desde que el marido de Miss Bonham-Carter hizo ese remake "maravilla" de El Planeta de los Simios, me inclino más por el primero, que, además, ha hecho Coraline él solito. El bueno de Tim anda dando bandazos como siempre, yo creo un día le pusieron el secador demasiado fuerte en la peluquería, y es que pretender ser un clon de Robert Smith es peligroso, que se lo digan a Bitelchús.

31/8/09

Precuelas a Sam Raimi

Taron y el Caldero Mágico
A Tim Burton le echaron de la Disney (en la misma hornada que a John Lasseter, nada menos, menudos visionarios) después de participar en esta película maldita. Fue censurada por la propia Disney, y se rumorea que muchas escenas de batalla que costaron un dineral se eliminaron, y que están congeladas junto al tío Walt y al verdadero creador de Mickey Mouse, un tal Ub Iwerks. En fin. La película tuvo una clasificación PG y eso debió de ser un drama para la productora; además fue un fracaso en taquilla. Dicen que la Disney se arruinó, ahí debió de ser cuando entró Katzenberg (antes de irse con Spielberg a fundar el barco a la deriva Dreamworks) y dieron en el clavo con la Sirenita gracias al cangrejo con acento cubano, o, mejor dicho, gracias a Alan Menken y (descanse en paz) Howard Ashman. En fin, que en esta peli, el malo es clavadito a Skeletor, el de los muñecajos de Mattel, y es verdad que asusta un poco con esos ojos rojos y esa mala leche; aunque luego es un poco tontorrón y se deja engullir por el caldero mágico, en una escena de desintegración al estilo "final de película de Indy" que es de lo mejorcito. Y es que donde esté la animación tradicional que se quite el ordenador, aunque no parece que lo de Pixar vaya a ser una moda pasajera. En todo caso, coge uno un poco de Conan el Bárbaro (que tan de moda estaba en los 80), copia el argumento de El Señor de los Anillos (con un gollum que cae a las llamas, un tipo débil e inocente que debe proteger el objeto mágico, un viejo hechicero que le manda directamente a la boca del lobo, un par de dragones), con un poquito de Merlín el Encantador por aquí y otro poco de Willow por allá (¿o fue el bueno de Madmartigan el que copió primero?), las tres brujas de Macbeth, y el ejército de esqueletos de Ray Harrihausen, y te sale un refrito entretenido, al que se agradece que no dure diez horas ni tenga a Schwarzenegger de por medio. Por cierto que se puede ver en Youtube (The Black Cauldron) así que ya estáis tardando.

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