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29/8/12

Poco ruido y pocas nueces




El Artista
La película de moda hace unos meses era ésta de El Artista. Es de suponer que a los espectadores les hizo gracia aquello de acudir al cine para ver una película pseudo-muda, en pseudo blanco y negro, falsa como un billete de diez duros. El cine de los años veinte se ha convertido en algo tan lejano que no está de más este recuerdo, aunque sea decepcionante. La historia se ha visto ya mil veces (no me molestaré ni en mencionar ejemplos), y el tono de comedia enseguida se volatiliza para dejar paso a un drama barato de personajes planos, cuya máxima habilidad consiste en saber venderse. Al igual que ocurriría con cualquier pieza clásica (una escultura, un coche, un edificio) de cerca de cien años, la imitación es fallida, puesto que esos cien años que le dan nobleza no han transcurrido. Así pues, El Artista sólo puede aspirar a un remake tipo comida rápida, como si los McDonalds decidieran reinterpretar la fabada que cocinan las abuelas.

Bodrio chungo donde los haya, El Artista vuelve a demostrar que las películas naufragan cuando no tienen historia, y que los aspectos técnicos (ya sean imágenes computerizadas o un forzado blanco y negro) tampoco son suficientes. Ni tan siquiera la sonrisa de sus actores protagonistas logra levantar el interés ante una función que nos hace añorar el auténtico cine mudo, el de Harold Lloyd, Buster Keaton o Charles Chaplin. Un cine de lleno de imaginación y recursos visuales al que desde Tururú rendimos homenaje, y al que la Academia de Cine de Hollywood le debe casi todo: mejores formas hay de demostrarlo que premiando a dos películas mediocres y aburridas como Hugo y El Artista, aunque ya reconocerlo ha sido un paso. Ya se encargará el próximo óscar para la tercera parte de Avatar (profetizo) de recordarnos que esto se ha convertido en un negocio muy ruidoso. Al tiempo.

Lo mejor: el perro
Lo peor: lo pretencioso y artificial de su propuesta. Decepcionante.



Esa misma cara se me ha quedado a mí...

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