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10/11/13

El Libro de la Selva



Los hippies de la jungla
El libro de la selva es el primer largometraje de la casa Disney estrenado tras el fallecimiento del tío Walt. Se trata, claro está, de una película famosísima e imperecedera. Inspirada vagamente en la novela de Ruyard Kipling, la cinta es un musical disparatado por la que no pasan los años. En la selva de Mowgli y Baloo todos están un poco locos, pero es que además están invadidos por un espíritu hippy y por un buen rollo que en estos tiempos de tecnología supina y crisis interminable estamos perdiendo. Es más, es imposible concebir una película así hoy en día, protagonizada por un crío semidesnudo que se pasea por la selva acompañado de adultos propensos a la fiesta y al roce. Ya no son tiempos tan inocentes, pero en un mundo perfecto poblado de buenas personas no habría problemas para disfrutar de esta obra maestra, de su maravillosas canciones, su animación genial y sus divertidos personajes. Recomendada para todo el mundo, sin excepción.
Lo mejor: la música, y Baloo
Lo peor: que Disney haya dejado de producir animación en 2D



Y he aquí un video de muy buen rollo oiga...



28/11/11

Tron: el Legado




Sin comentarios
Esta película es mala, muy mala, como se prometía. Hasta el título es horrendo. Como venganza, mi reseña consiste en una pequeña galería - homenaje al primer Tron, una película que tampoco es nada del otro mundo, pero que visualmente sigue siendo interesante (mucho más que esta continuación, casi remake, llena de infografías aburridisimas que copian sin gracia el original). En fin, que yo me quedo con los efectos rústicos pero muy creativos del primer Tron.
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Lo mejor: después de pensar un buen rato, no he encontrado nada.
Lo peor: sin duda, encontrarnos a un actor del talento de Jeff Bridges en este engendro.
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9/9/11

Enredados



Cuentos de hadas
Qué tremendos los cuentos infantiles, los clásicos, aquéllos que nos leían nuestras abuelas o nuestros padres antes de dormirnos, llenos de cabritillas sanguinarias, niños abandonados en el bosque, o secuestrados y cebados durante semanas para ser la cena de una bruja malvada. La madrastra de Blancanieves estaba ya tan harta que mandó que la mataran en el bosque, y mejor no hablar de la Cenicienta o de la Bella Durmiente –interpretaciones freudianas con el despertar a la madurez sexual incluidas-.

No señor, no son fáciles los cuentos para niños, porque más que ejemplificar suponen un instrumento de control, cruel y macabro las más de las veces. Son una metáfora, nada descarada, de las barbaridades de los adultos, de sus abusos y mentiras, de las atrocidades que aún hoy siguen existiendo frente a los más débiles. Cuántos niños habrá allí fuera, que, como en este Enredados, y por culpa de su candor y su inocencia, estén secuestrados en su propia casa, o sean víctimas de abusos deleznables. En este caso los cuentos, como la política o las religiones –que son acaso un cuento más elaborado, pero cuento al fin- se utilizan como un instrumento que se queda ahí, en el subconsciente, como una semilla que nos predispone a ser víctimas (cuidado que viene el lobo, o el demonio, o los socialistas).

Si se olvida uno del trasfondo de Tangled –que lo llevan las películas de Disney desde Blancanieves y Pinocho, pasando por El Rey León o incluso Toy Story-, resulta que es una película muy entretenida, de factura técnica excelente. Los personajes son simpáticos y escenas como los miles de linternas flotando en la noche o la rotura de la presa son dignas de recordar, con mención aparte para la animación de la kilométrica cabellera de Rapunzel, simplemente soberbia. Del cuento original queda muy poco en la cinta, pero el resultado está por encima de la media –mejor que algunas películas de la sobrevalorada Pixar sin duda- y se eleva aupado por la música de Alan Menken en algunas secuencias. Desgraciadamente las canciones no están a la altura de otras de sus bandas sonoras, pero la calidad técnica y un ritmo muy estudiado lo suplen con creces. Muy recomendable.

Lo mejor: el calidad general de la película. Simpática, entretenida y con final feliz como mandan los cánones.
Lo peor: la bruja.



El sufrido camaleón: todo un personaje...


17/11/10

Animación desanimada

Tiana y el Sapo
El retorno de Disney a las maneras clásicas -es decir, a la animación tradicional, a base de dibujos hechos a mano y en 2D- no puede ser más que buenas noticias. Los ordenadores nos han traído una gama de personajes y diseños relucientes pero acartonados, de movimientos limitados y muy fríos. El dibujo fotograma a fotograma imprime un innegable carácter y transmite la cercanía de los artistas que trabajan en el proyecto durante años, y yo no puedo dejar de aplaudir la idea. Que siga.
En lo que parece una apuesta segura, Disney encarga a los ilustres Musker y Clements la dirección del largo, esperando, imagino, repetir los éxitos de Aladino y (una de mis favoritas) Hércules. Pero el título en español (parece ser que La Princesa y la Rana no era suficientemente atractivo) ya nos avisa de que lo que sigue es, como suele decirse, un quiero y no puedo. La película no levanta el vuelo en ningún momento, y, aunque no llega a ser aburrida, decepciona y deja totalmente indiferente. El film es un pupurrí de personajes sin carisma, secundarios sin demasiada gracia (a excepción, tal vez, del cocodrilo jazzero) y una ambientación que podía haber dado mucho más juego (y en particular la brujería y el vudú, y el jazz para la banda sonora). Por desgracia no está Alan Menken para animar la fiesta, y eso se nota en las canciones, soporíferas una vez más, del aburridísimo Randy Newman (váyase Sr. Newman). En fin, un poco rollo. Otra vez será.

Lo mejor: El cocodrilo y la escena de los cazadores furtivos.
Lo peor: El final.


13/1/10

Animación old-fashioned

El Jorobado de Notre Dame
Si hay un heredero natural de los musicales clásicos de Hollywood, ése no es este par de películas de Rob Marshall tan oscarizadas u oscarizables, Nine y Chicago (que lo serían más bien de Bob Fosse, que no en vano había dirigido Chicago en Broadway), sino la época dorada de la Disney en los años noventa, que arranca con La Sirenita y La Bella y la Bestia y termina, diría yo, con este Jorobado de Notre Dame (aunque todavía tendríamos a un nivel musical soberbio Pocahontas y Hércules). Yo soy fanático de los My Fair Lady e incluso de Mary Poppins, y no me molesta que de pronto las gárgolas cobren vida y empiecen a cantar mientras la pantalla se llena de colores y anacronismos varios. Es más, me gusta, por lo que tiene de surrealista, de diferente. También me gusta mucho la animación tradicional, mucho más cálida, artística y meritoria (y costosa claro) que esos renderizados por ordenador tan sosos y planos a los que nos están acostumbrando. En este caso, los de Disney tratan de suavizar la adaptación del tremebundo clásico de Víctor Hugo, sin conseguirlo, claro. Como en esas películas en las que el final feliz es impuesto por la productora (Blade Runner, Ejecución Inminente), el trasfondo cruel de la novela -lleno de racismo, bajas pasiones, crimen, crueldad, feísmo en definitiva- no consigue quedar oculto entre los dibujos coloristas y las canciones bienintencionadas. La Corte de los Milagros está llena de pordioseros y tullidos, y Quasimodo es humillado por el populacho sin piedad. Ya sabemos que el malvado será el ganador y que Esmeralda morirá en esa hoguera de la que, milagrosamente, es rescatada (por cierto, en una escena tontorrona pero envuelta en un climax musical apabullante). Ya lo decía Victor Hugo, a los feos les va mal en la vida, y a los guapos, para qué contar.


Foto de la Familia Quasi

31/8/09

Precuelas a Sam Raimi

Taron y el Caldero Mágico
A Tim Burton le echaron de la Disney (en la misma hornada que a John Lasseter, nada menos, menudos visionarios) después de participar en esta película maldita. Fue censurada por la propia Disney, y se rumorea que muchas escenas de batalla que costaron un dineral se eliminaron, y que están congeladas junto al tío Walt y al verdadero creador de Mickey Mouse, un tal Ub Iwerks. En fin. La película tuvo una clasificación PG y eso debió de ser un drama para la productora; además fue un fracaso en taquilla. Dicen que la Disney se arruinó, ahí debió de ser cuando entró Katzenberg (antes de irse con Spielberg a fundar el barco a la deriva Dreamworks) y dieron en el clavo con la Sirenita gracias al cangrejo con acento cubano, o, mejor dicho, gracias a Alan Menken y (descanse en paz) Howard Ashman. En fin, que en esta peli, el malo es clavadito a Skeletor, el de los muñecajos de Mattel, y es verdad que asusta un poco con esos ojos rojos y esa mala leche; aunque luego es un poco tontorrón y se deja engullir por el caldero mágico, en una escena de desintegración al estilo "final de película de Indy" que es de lo mejorcito. Y es que donde esté la animación tradicional que se quite el ordenador, aunque no parece que lo de Pixar vaya a ser una moda pasajera. En todo caso, coge uno un poco de Conan el Bárbaro (que tan de moda estaba en los 80), copia el argumento de El Señor de los Anillos (con un gollum que cae a las llamas, un tipo débil e inocente que debe proteger el objeto mágico, un viejo hechicero que le manda directamente a la boca del lobo, un par de dragones), con un poquito de Merlín el Encantador por aquí y otro poco de Willow por allá (¿o fue el bueno de Madmartigan el que copió primero?), las tres brujas de Macbeth, y el ejército de esqueletos de Ray Harrihausen, y te sale un refrito entretenido, al que se agradece que no dure diez horas ni tenga a Schwarzenegger de por medio. Por cierto que se puede ver en Youtube (The Black Cauldron) así que ya estáis tardando.

24/8/09

Todo lo que sube baja

Up
Resulta que este viejecito malhumorado y rechoncho se construye una nave espacial con una casa de madera y unos globos, y hasta ahí, todo bien. Luego resulta que en el fondo tiene un corazón de oro y, además de quedar como un señor con su amada (es un capricho tonto vivir sin agua corriente y con un calor tremebundo, pero bueno), también se porta bien con el boy-scout gordo y huérfano (que con lo desastre que es, ya me diréis de dónde sacó tantas medallas), con el perro bueno y tonto, con el pájaro de colores (que es más bien pájara, y encima viuda, y que no sabemos por qué se va tan lejos a buscar comida), y si se descuida se hace amigo del viejo loco con la voz de Christopher Plummer, que, lejos de cantar la de Edelweiss (small and white, clean and bright) en la imposible misión de quedar a la altura de Julie Andrews, se ha dedicado a poner collares mágicos a los perros, aunque los pobres no dejan de ser tontos, es lo que tiene. En realidad, como se descubre más tarde, el vejete era un Indiana Jones disfrazado, y reparte mamporros, corre, trepa y salta que ya querría Harrison Ford en esa cuarta entrega tan buena o tan mala como las otras. Lo importante es que al final todos son felices, o eso parece, aunque el chaval sigue siendo huérfano, y el vejete y el pollo chocolatero siguen siendo viudos. Pero bueno, ellos cuentan coches de colores en la acera, lo que viene a ser el colmo de la felicidad, supongo (es que yo no lo he hecho nunca). Mucho mejor este final que los primeros diez minutos, que hacen llorar a la gente a moco tendido. Quitarles el hambre no, por desgracia: las palomitas en el cine son un castigo bíblico que data de los tiempos de la Torre de Babel. Sí, hay que ir siempre a la V.O.S. chicos.

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