Por fin es viernes por la tarde, y llega el momento de soltar sandeces y majaderías, como si ya no hubiera soltado bastantes durante la semana. Estos días comienza un período de vacaciones forzosas (me reclama la Europa del Este, en plan James Bond); pero volveré. No os diré "no lloréis", dijo Gandalf, pues no todas las lágrimas son amargas (ésta frase, y el Balrog, lo mejor de las diez horas de película). Por cierto que se cumple un mes desde que inauguré mi blog. He dedicado unos minutos a hacer recuento de lo que ha dado de sí esta andadura canallesca pero voluntariosa: 24 entradas, 7 seguidores y 4 comentarios. Bueno, no hay que desesperar. En otro orden de cosas, me siento mucho más en forma, enfocado, satisfecho, y hasta más guapo y todo. Me pregunto dónde estaré dentro de un año. Si seguirá existiendo Tururucine, o ya estaré aburrido. Quién sabe. Me recuerda mi blog a Hasta que Llegó su Hora, a ese trío de malandrines que espera en el desierto a que llegue el tren. Las gabardinas larguísimas, el calor. Este blog es un personaje más aguardando ese destino en silencio, con paciencia infinita. Una gota perpetua salpica su sombrero calado, y de fondo se escucha un molinete que chirría despacio, y una mosca juguetea insistente alrededor de su cara. Mi pobre blog. Cuando el tren se vaya, cuando Charles Bronson llegue a la estación y deje de escucharse la armónica, un sonido corto y profundo como un disparo será ya lo único que le separe de la nada.
Basta la humanidad
-
Cabría preguntarse por qué pasó desapercibida VISITORS, la obra con la que
Godfrey Reggio regresaba, en 2013, tras un largo periplo sin un título
rel...
Hace 18 horas


No hay comentarios:
Publicar un comentario