18/4/12

Sleeping Beauty



A dormir
Lo obvio sería decir que esta Bella Durmiente es muy distinta de la versión clásica de Disney. Y, sin embargo, las conexiones con el cuento original son más que evidentes. Todos esos cuentos infantiles tienen un lado tenebroso, tremendo (ya hablamos sobre ello, no hace mucho, en la crítica de Enredados). Y La Bella Durmiente no se queda atrás, con esa adolescencia dormida que reprime el sexo (con represión familiar incluida). El despertar de La Bella Durmiente ante el príncipe no es más que la pérdida de la virginidad que la jovencita ha ido guardando con celo a lo largo de ese sueño infinito (la adolescencia, como ya decimos). Mucho más fácil nos será manejar a las criaturas si les metemos esos ejemplos en la cabeza. No sé a este respecto si es peor la Iglesia o Freud. Pero vamos a lo que vamos.

Esta Bella Durmiente tiene también un largo sueño y un despertar, aunque en este caso sea un despertar no demasiado placentero. La película se plantea como una colección de planos secuencia, sin cortes, lo que la acerca al teatro y a otros experimentos cinematográficos. La temática pretende ser una reflexión sobre el sexo, las perversiones e incluso las distintas edades al respecto, desde una perspectiva que ya exploró Kubrick en Eyes Wide Shut (con resultados, huelga decirlo, mucho mejores). Si a esto le añadimos unas cuantas escenas subiditas de tono, el éxito está más que asegurado, tanto para la crítica sesuda como para el público más verdosillo.

Así las cosas, debido sobre todo a la ineficacia de la dirección, y a un tempo absolutamente desastroso, la película naufraga estrepitosamente, casi hasta la fosa de las Marianas, allá donde James Cameron bajó hace poco tiempo. Y es una lástima, porque Emily Browning se esfuerza en un papel que en teoría es un caramelo pero para el que no termina de desnudarse ni física ni anímicamente, sobre todo porque el guión se empeña en sesgar la historia traspasando el límite entre la interpretación inteligente y el cabreo. Las buenas intenciones siempre son bienvenidas en Tururú, pero uno se pregunta si, en realidad, no estará la directora travistiendo con existencialismo una historieta que no es ni más ni menos que ser la orgía de la mencionada Eyes Wide Shut, en versión estirada. Y con menos chicha, de la de verdad y de la metafórica.

Lo mejor: El inteligente final y su planteamiento.
Lo peor: todo lo demás. Fallida, pretenciosa y tremendamente aburrida.



Pues sí, una película perfecta para echar una cabezadita... sin antifaz ni nada.

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