24/5/10

La semana y media de Indiana Jones (IV)

Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal

Savia nueva
Indiana Jones ha cumplido los cincuenta y es un veterano de la Segunda Guerra Mundial. Su hijo es un motero rebelde que da clases de esgrima, y su madre es una mujer peleona que, entrada en años, sigue conservando en la mirada esa chispa de la Marion de En Busca del Arca Perdida. En la época de la guerra fría, los enemigos han de ser los rusos y el McGuffin algo más relacionado con la bomba atómica, con el Área 66 tal vez. Con estos mimbres sencillos se recuperaba hace un par de años al personaje, con un Harrison Ford mayor, pero aún en forma, y un casting un poco dispar (incluyendo a un gran malvado, interpretado por la gran Cate Blanchett). Hubo muchas críticas para esta película, a la que se considera indigna sucesora de la trilogía original. Lo cierto es que, sin llegar a la brillantez de esas películas (no es tan fácil redondear una obra maestra como En Busca del Arca Perdida), la cuarta parte contiene suficientes escenas memorables, guiños a la saga y a sus personajes y, en general, buen hacer, para ser considerada un film más que decente. A todos nos hubiera gustado que fuera mejor, las expectativas eran grandes, pero lo cierto es que el nivel se mantiene excepto en algunos momentos, más cercanos al universo Lucas tal vez que al Spielberg oscuro que arranca en los 90 y culmina en Munich (una película tremenda y valiente sobre el odio, de indigesto visionado). Quizás para limpiarse de tanto mal rollo como desprende Munich necesitaba Spielberg esta continuación, lo mismo que Harrison Ford para relanzar su agonizante carrera o Lucas para seguir haciendo caja con las figuritas de Lego. Lo cierto es que los extraterrestres pegan bastante con el universo de búsquedas mitológicas de Indy (porque para un ateo lo mismo da el Santo Grial que la Caja de Pandora), y no me molesta demasiado el personaje de Shia Lebouf ni el viaje atómico en el interior de una nevera (es más, creo que es tan divertido como la caída en balsa desde el avión de El Templo Maldito). El espíritu se mantiene, la calidad técnica sigue estando (con algo menos de garra, pero sigue ahí). Somos nosotros los que, en estos veinte años desde La Última Cruzada, hemos ido cambiando, viendo cine, volviéndonos más exigentes. Habrá tal vez que esperar otros veinte años para, vista con el tiempo, colocar esta Calavera de Cristal en el lugar que le corresponde.



Una familia tradicional americana de los años cincuenta (bazooka incluído)

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