26/4/10

Experimento a la italiana

Videocracy
Yo os recomiendo desde esta humilde página que veáis Videocracy (una película documental bastante floja, de sonoro título, pero que trata un tema muy interesante, de mucho fondo), para remover un poquito esos cerebros abotargados nuestros (no sólo de Furias de Titanes vive el hombre, aunque desconectar de cuando en cuando es necesario). Lo que me resulta cautivador de esta película es, por un lado, sus notables contradicciones, y por otro, el absoluto fracaso de su intento de denuncia. Es curioso que, al pretender criticar la televisión como elemento propagandístico, se convierta en un elemento fuertemente partidista tan nocivo como aquello que critica. Y, por otro lado, con su denuncia de una sociedad machista y vacía de ideales, termina compartiendo las intenciones, simpatizando con sus personajes alienados, y especialmente disfrutando de la exhibición de carne y cuerpos desnudos que, en teoría, el documental debería aborrecer (¿Qué hay de ese desnudo integral de Corona? ¿O es que quizás se permite porque se trata de un hombre, mientras que con las mujeres se nos ofrecen planos más recatados? ¿No está el documental con este punto degradándose, cayendo en el exhibicionismo puro?)




La película

Un director sueco nacido en Italia nos plantea asistir a los resultados de un experimento de proporciones cósmicas: los italianos han sido sometidos durante treinta años a una televisión de funesto contenido, orquestada desde la presidencia. Televisión y política son la misma cosa, y al pueblo se le sirve propaganda y contenidos basura a partes iguales. Según esta hipótesis apocalíptica, después de treinta años de misería catódica la juventud solamente quiere salir en la tele, ser famosos, mientras la cabeza del Estado juega a destruír una nación y a sus habitantes, sumergidos en un mundo de mujeres florero sumisas y machitos musculados cantantes o futbolistas. Durante 80 minutos asistimos a la entrevista de un par de frikis totalmente tarados, a algunos fragmentos de televisión supuestamente vergonzantes y aborrecibles (pero que no son nada del otro jueves en otros países) y también a un ataque contra Berlusconi, que pasaba por allí. El documental provoca las risas del público a veces, y otras, la sonrisa se congela en una mueca horrorizada al vernos en el espejo de lo que somos. Tras la película, se ofrece un debate en el que, por si no quedaba claro, se revela que el director es un chaval sin ideas ni experiencia. Lástima. Cuanto más alto apuntas, más dura es la caída.


La reflexión

¿Qué fue primero, el huevo o la gallina? ¿La gente prefiere los tangas a las películas de Bergman solamente porque Berlusconi ha rellenado la televisión con culos y duchas de camiseta mojada? Primeramente, concentrar el asunto solamente en Italia y en su presidente megalómano es equivocado, ya que la televisión basura, con los mismos programas, ha invadido todos los países supuestamente civilizados en Europa (incluída Europa del Este, doy fe), USA o Japón. Y hace años de éso, y también sucedía durante el período en el que Berlusconi no era presidente. La televisión es instrumento de propaganda política desde hace mucho tiempo. Los paparazzi ya salen en La Dolce Vita de Fellini (de hecho, se llaman así por el personaje de Paparazzo, como todos sabemos) y los personajes obsesionados con la fortuna y la fama también existen desde tiempos del Imperio Romano. El mero hecho de que el fenómeno sea global invalida el 90% de este documental, pero no deja de ofrecernos un sinfín de interrogantes. Ahora bien, aceptando ese propagandismo de la televisión y la consciente selección de contenidos aborrecibles, machistas y de cerebro plano por parte de los gobiernos, ¿dónde queda la elección del espectador? Las alternativas de ocio son cada vez más numerosas: infinitos canales con películas, DVD, libros, Internet, etc etc. Yo concluyo que el que prefiere los strip-teases y la prensa del corazón a otros contenidos es porque quiere. La educación cada vez más floja no es excusa, tampoco el ver ciertos programas “porque lo hacen los demás” o para hablar de algo en la oficina. Así pues deduzco que somos nosotros los culpables de la televisión vergonzosa y de los berlusconis de turno. Simplemente tenemos el diablo que nos merecemos. Berlusconi y sus partenaires, Chaves, Bush, Sarkozy, Brown y demás políticos espesos, no son más que la punta del iceberg de nuestro propio conformismo, de nuestra propia pereza e incapacidad de construír un mundo (sólo) un poquito mejor.


"Porque yo lo valgo, oiga."

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